Separar el grano de la paja
Como si se tratara de un gran descubrimiento, cuatro “expertos han diagnosticado” que el sistema electoral panameño “produce inequidad”. Sería interesante conocer cuánto costó, por los pagos hechos a los autores y la impresión el flamante “estudio” preparado, según ha sido publicado, por iniciativa y bajo el patrocinio de la oficina del PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo) en Panamá. Una extensa nota de prensa publicada en un diario, que no es el Panamá América, ha dado cuenta de la rimbombante presentación del libro respectivo.
¿Para qué era necesario que tres o cuatro “expertos” vinieran a repetir lo que desde hace muchísimo tiempo venimos denunciando quienes no pertenecemos a ningún partido y que somos el 50% de los electores? ¿En qué contribuirá “su experta aportación” a cambiar la dinámica que de manera contumaz y torcida siguen controlando el TE y los representantes de los partidos para dizque discutir reformas al sistema electoral; pero sin tocar, como está más que demostrado, los temas esenciales?
De salida da mala espina que, según la misma nota de prensa, se recalque que los temas que se abordan en “el estudio”, pomposamente titulado “Las reformas electorales en Panamá: claves de desarrollo humano para la toma de decisiones”, son aquellos incluidos en la agenda presentada por los magistrados del Tribunal Electoral para discusión en la denominada Comisión de Reformas Electorales, que hace poco inició sus deliberaciones.
Para cambiar nuestro secuestrado sistema electoral, secuestrado por el TE y los partidos, y sentar bases para la instauración de una verdadera democracia en nuestro país, hay que comenzar por cambiar el método para discutir y aprobar las reformas. Mientras las decisiones sobre lo que se debe reformar tengan como única vía de canalización a la denominada “comisión de reformas electorales”, el resultado seguirá siendo igual a lo que ya hemos vivido en el pasado: “mucho ruido y pocas nueces. ”Mientras el Tribunal Electoral y los partidos sigan determinando qué se discute y marcando los tiempos para su conveniencia y ventaja, poca esperanza hay de que se produzcan otros cambios que vayan más allá de los cosméticos. El actual método, después de repetir las mismas escaramuzas cada cinco años nunca ha permitido la discusión y mucho menos la aprobación de reformas verdaderamente trascendentes.
En segundo lugar, es impostergable que, de una vez por todas, abordemos los temas que de verdad cuentan. ¡Hay que separar el grano de la paja! Y no perder el tiempo en interminables discusiones que siguen soslayando los aspectos esenciales: crear espacios equitativos para las candidaturas independientes, el establecimiento de la “doble vuelta” y el desmantelamiento del sistema de privilegios que los partidos, con el patrocinio cómplice del Tribunal, se han fabricado a la medida de sus intereses, y que encuentra su más elevada expresión en el turbio financiamiento de las campañas, paradójica e injustamente premiado con decenas de millones en subsidios electorales.
Más que estudios trasnochados que muy poco o nada nuevo aportan, lo que se impone es que los partidos, especialmente los que ahora controlan la Asamblea, de cara al pueblo y sin retóricas dilatorias, definan sus posiciones y digan si tienen la intención de emprender reformas sustanciales o si seguirán soslayándolas con discusiones interminables para que, al final, todo quede igual.