Sequía: negligencia y descoordinación
Las informaciones de El Panamá América sobre la gravedad de la sequía y sus consecuencias en la producción agropecuaria y ecológica, así como en el abastecimiento estabilizado del servicio de agua potable, están revelando las dimensiones de una realidad que las autoridades gubernamentales minimizan de cara a la opinión pública.
Se tiene la percepción que el gobierno no asumió a conciencia los informes meteorológicos de los desórdenes climatológicos que iba a provocar “la Niña” y por esa razón reaccionó con tardanza, sin una debida planificación de los entes estatales que tienen que ver con la agricultura y ganadería, medio ambiente y control de recursos hídricos.
El MIDA, el IDAAN, la ANAM, el MEF y la Autoridad del Canal, han actuado por su cuenta y sin coordinación a la vista. Desde el primer momento que las informaciones meteorológicas internacionales dieron cuenta de las probabilidades de una sequía aguda y prolongada, es obvio que debió conformarse un equipo de trabajo multisectorial que elaborara planes de contingencia que previeran las consecuencias en cada una de las instancias derivadas de la cadena del agua. Planes que examinaran las opciones prioritarias para capear la escasez de agua. Había que tomar medidas enérgicas, en primer lugar, eliminar las talas indiscriminadas y las quemas en las 52 cuencas que tiene Panamá, 18 en el sector Atlántico y 34 en el sector del Pacífico, partiendo de la premisa de proteger los árboles que son la fuente generadora del recurso hídrico. Luego debía mantenerse un control estricto y permanente del caudal de los ríos principales del Arco Seco, zona crítica de sequía, y la cuenca del Canal. Asimismo debieron profundizarse estudios sobre los manantiales de agua subterránea y tener esa alternativa entre manos. Cuando el MIDA reaccionó con la perforación de nuevos pozos o de profundización de los existentes, la sequía ya estaba desatada y lo que se ha trabajado y se sigue trabajando, no alcanza el impacto favorable si hubiera prevalecido el sentido de la previsión. Ahora sabemos que el IDAAN tiene convenios con la universidad de Waterloo- Canadá, sobre nuevas metodologías de prospección geofísica para la localización de nuevas fuentes de agua subterránea.
En resumen, se han combinado factores negativos - deforestación, contaminación, retraso en la construcción de potabilizadoras, abulia burocrática - para llevarnos a consecuencias lamentables. Peligra el hato ganadero, mayores importaciones por bajas cosechas, pérdida de ingresos por merma de exportaciones no tradicionales, menos pagos de peajes en el Canal por reducción de la carga de los barcos, colapsos ecológicos, racionamiento de agua potable. Un gobierno que dejara de preocuparse por Miss Universo y el hermetismo absurdo de Punta Mala, entre otras cosas banales o superfluas, habría podido encarar con seriedad el tremendo problema que ya tenemos encima.
Cuanto menos libre sea el comercio, más negativo es el efecto sobre esas variables.
Un arancel a la importación de carne incrementa el precio de la carne y hace que el empleo en esta actividad aumente; sin embargo, el empleo en la venta de hamburguesas y en muchas otras actividades disminuye.
A raíz del arancel, los consumidores de carne tienen que pagar un precio mayor, por lo que les queda menos dinero para todo lo demás. Esto redunda en una reducción de la demanda de todos los otros bienes que, a través de la economía, causará una reducción generalizada del empleo.
Según el Departamento de Trabajo de los Estados Unidos, la restricción del comercio a través de aranceles destruye, en ese país, ocho empleos en la economía por cada uno que genera en una industria protegida.
En el caso reciente del incremento de aranceles al acero hasta en un 30 por ciento se destruyeron 200,000 empleos en la economía estadounidense, mientras que la industria del acero sólo emplea a 187,000 personas, como lo reportó recientemente el economista Bruce Bartlett.
Veamos el efecto sobre el salario. En el caso de las hamburguesas, sólo quedan $0.30 para remunerar el trabajo ($1.75, que es el precio de venta, menos $1.45 de los demás insumos). Si el gobierno sube el arancel a la importación de la carne de hamburguesas de tal suerte que el costo de los insumos llegue a $1.60, lo máximo que se le podría pagar al trabajador son $0.15.
El caso ecuatoriano ilustra cómo las malas políticas comerciales diseñadas para enriquecer a los empresarios con influencia política reducen la productividad y la remuneración de la mano de obra, creando pobreza.
Resulta evidente, entonces, que lo planteado por los negociadores centroamericanos y la desgravación asimétrica que los cinco presidentes centroamericanos acaban de pedirle a George Bush en Washington, significará continuar generando empleo destructivo y pobreza en Centroamérica. ¡La estupidez y la pobreza siempre van de la mano!
*Director del Instituto para la Libertad y el Análisis de Políticas Públicas.
(c) www.aipenet.com
Se tiene la percepción que el gobierno no asumió a conciencia los informes meteorológicos de los desórdenes climatológicos que iba a provocar “la Niña” y por esa razón reaccionó con tardanza, sin una debida planificación de los entes estatales que tienen que ver con la agricultura y ganadería, medio ambiente y control de recursos hídricos.
El MIDA, el IDAAN, la ANAM, el MEF y la Autoridad del Canal, han actuado por su cuenta y sin coordinación a la vista. Desde el primer momento que las informaciones meteorológicas internacionales dieron cuenta de las probabilidades de una sequía aguda y prolongada, es obvio que debió conformarse un equipo de trabajo multisectorial que elaborara planes de contingencia que previeran las consecuencias en cada una de las instancias derivadas de la cadena del agua. Planes que examinaran las opciones prioritarias para capear la escasez de agua. Había que tomar medidas enérgicas, en primer lugar, eliminar las talas indiscriminadas y las quemas en las 52 cuencas que tiene Panamá, 18 en el sector Atlántico y 34 en el sector del Pacífico, partiendo de la premisa de proteger los árboles que son la fuente generadora del recurso hídrico. Luego debía mantenerse un control estricto y permanente del caudal de los ríos principales del Arco Seco, zona crítica de sequía, y la cuenca del Canal. Asimismo debieron profundizarse estudios sobre los manantiales de agua subterránea y tener esa alternativa entre manos. Cuando el MIDA reaccionó con la perforación de nuevos pozos o de profundización de los existentes, la sequía ya estaba desatada y lo que se ha trabajado y se sigue trabajando, no alcanza el impacto favorable si hubiera prevalecido el sentido de la previsión. Ahora sabemos que el IDAAN tiene convenios con la universidad de Waterloo- Canadá, sobre nuevas metodologías de prospección geofísica para la localización de nuevas fuentes de agua subterránea.
En resumen, se han combinado factores negativos - deforestación, contaminación, retraso en la construcción de potabilizadoras, abulia burocrática - para llevarnos a consecuencias lamentables. Peligra el hato ganadero, mayores importaciones por bajas cosechas, pérdida de ingresos por merma de exportaciones no tradicionales, menos pagos de peajes en el Canal por reducción de la carga de los barcos, colapsos ecológicos, racionamiento de agua potable. Un gobierno que dejara de preocuparse por Miss Universo y el hermetismo absurdo de Punta Mala, entre otras cosas banales o superfluas, habría podido encarar con seriedad el tremendo problema que ya tenemos encima.
Cuanto menos libre sea el comercio, más negativo es el efecto sobre esas variables.
Un arancel a la importación de carne incrementa el precio de la carne y hace que el empleo en esta actividad aumente; sin embargo, el empleo en la venta de hamburguesas y en muchas otras actividades disminuye.
A raíz del arancel, los consumidores de carne tienen que pagar un precio mayor, por lo que les queda menos dinero para todo lo demás. Esto redunda en una reducción de la demanda de todos los otros bienes que, a través de la economía, causará una reducción generalizada del empleo.
Según el Departamento de Trabajo de los Estados Unidos, la restricción del comercio a través de aranceles destruye, en ese país, ocho empleos en la economía por cada uno que genera en una industria protegida.
En el caso reciente del incremento de aranceles al acero hasta en un 30 por ciento se destruyeron 200,000 empleos en la economía estadounidense, mientras que la industria del acero sólo emplea a 187,000 personas, como lo reportó recientemente el economista Bruce Bartlett.
Veamos el efecto sobre el salario. En el caso de las hamburguesas, sólo quedan $0.30 para remunerar el trabajo ($1.75, que es el precio de venta, menos $1.45 de los demás insumos). Si el gobierno sube el arancel a la importación de la carne de hamburguesas de tal suerte que el costo de los insumos llegue a $1.60, lo máximo que se le podría pagar al trabajador son $0.15.
El caso ecuatoriano ilustra cómo las malas políticas comerciales diseñadas para enriquecer a los empresarios con influencia política reducen la productividad y la remuneración de la mano de obra, creando pobreza.
Resulta evidente, entonces, que lo planteado por los negociadores centroamericanos y la desgravación asimétrica que los cinco presidentes centroamericanos acaban de pedirle a George Bush en Washington, significará continuar generando empleo destructivo y pobreza en Centroamérica. ¡La estupidez y la pobreza siempre van de la mano!
*Director del Instituto para la Libertad y el Análisis de Políticas Públicas.
(c) www.aipenet.com