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Ser astutos para hacer el bien


Ser astuto significa ser inteligente y creativo, listo, sagaz, sutil y mañoso. Tener astucia no es sólo ser inteligente, sino ese poquito más que se le pone a la intención para lograr un fin. La astucia, como la inteligencia y la creatividad, son dones de Dios y deben ser utilizados para el bien y la mayor gloria de Su Reino, para lograr que en este mundo reine la bondad y el amor. En nuestro corazón hay mucho más de bondad y de bien que de maldad.
Dentro de los penales están muchos hijos de Dios, templos del Espíritu Santo, hombres y mujeres que sufren por circunstancias diversas y fortuitas. La mayoría de sus vidas ha sido condicionada por traumas y problemas familiares, desempleo, situaciones psicológicas adversas, medio ambiente hostil y difícil, y en la mayoría de los casos, son simples víctimas de su entorno. Pero Dios sabe que en el fondo, por encima del delito, de ese error o mal paso, esa persona es buena, realmente maravillosa y debe ser vista siempre con los ojos de Dios.
Existe mucho sufrimiento en nuestras cárceles, la mayoría está en pésimas condiciones para albergar la cantidad que detenidos que hay. No se debe tener detenidas a tantas personas, hijos de Dios, en lugares tan desastrosos. Por eso, pedimos constantemente a las autoridades que hagan los ajustes necesarios para que cada uno de nuestros hermanos y hermanas detenidos pueda vivir dignamente. Las autoridades hacen lo que pueden dentro de las limitaciones existentes, aunque, sinceramente, muchas veces piensan que hay mejores cosas en que invertir el presupuesto del estado.
La Palabra de Dios es clara. Todos somos hijos del Altísimo, hechos a Su imagen y semejanza, templos del Espíritu de Dios, co-herederos con Cristo del Reino. El Señor nos tiene preparado un lugar muy importante, porque somos Sus ungidos, siempre bien vistos, bien amados, bienaventurados y bendecidos por el Señor. Nuestro Dios y Rey nos invita a volver la mirada hacia adentro de nuestro corazón, para comprender que El está presente en el alma de todos sus hijos. Pero, muchas personas no desean escuchar que los presos, los internos, también son hijos maravillosos y preciosos de Dios y por ende, valiosísimos. Hay mucha gente que no está detenida y es hasta peor que ellos. Aprecio mucho los esfuerzos de tantos grupos maravillosos de laicos de nuestra Iglesia en todo el país que se preocupan por los internos e intentan aliviar, aunque sea un poquito, sus necesidades materiales y espirituales. Creo que hay buenos funcionarios públicos que hacen lo imposible por mejorar la situación de los detenidos y también aprecio sus esfuerzos. Pero es casi como luchar contra una montaña, y no logramos ver resultados. Se necesita construir nuevos centros de rehabilitación, más no de castigo, para que nuestras hermanas y hermanos detenidos puedan cumplir su pena viviendo humana y dignamente y, al mismo tiempo, ser rehabilitados.
No es justo que haya personas internas tantos años sin haber tenido siquiera la oportunidad de defenderse en un juicio. ¡Esto no es justo y no puede permitirse! Si la persona es inocente, es una verdadera infamia que lo mantengan detenido. Y si no es inocente, tampoco es justo que esté tanto tiempo sin conocer el estado de su caso.
Deseo que los internos tengan un verdadero proceso de rehabilitación, aprendan nuevas habilidades y efectúen trabajos que los capaciten para ser útiles y productivos una vez cumplan su condena. Tenerlos detenidos tanto tiempo sin hacer nada es inhumano, provoca problemas en la mente y el alma y sencillamente no es justo. Tenemos que humanizar el sistema penitenciario del país.
En el nombre del Señor, pedimos a la sociedad panameña que no sea tan injusta con las personas detenidas. Muchas veces no han cometido el delito simplemente porque quieren, sino porque existen factores y presiones externas. Por ejemplo, el desempleo es impresionante, la corrupción reinante facilita a las personas cometer delitos, y también la terrible negligencia por la que se ha negado a muchos panameños el derecho de obtener una educación que los forme bien para el futuro. El panorama no es nada halagador -desempleo, familias desintegradas, viviendas en las que se vive de una manera muy apretada o hacinada, la droga que está por todas partes, la promoción del licor y otros vicios. Son mil factores y Satanás detrás de todo, tentando a los seres humanos. Todos tenemos igualdad de derechos. No es cierto que en las cárceles sólo están los malos, hay malos y buenos en todas partes.
La Virgen de la Merced, Madre de Dios y madre nuestra, fundadora de los Padres Mercedarios, se compadece del que está preso y nos envía a decirles que ellos son hijos valiosos de Dios, bañados con la Sangre de Cristo. Visiten a nuestros hermanos en las prisiones para decirles que Cristo los ama y tiene algo maravilloso y bueno preparado para ellos, que vivan y confíen en El, renuncien al pecado y la maldad y no vuelvan la mirada atrás. ¡Siempre adelante! Mírenlos con buenos ojos, porque son nuestros hermanos en Cristo. La Virgen María, Madre de Cristo y madre nuestra, nos pide que anunciemos que Su Hijo, Jesucristo, derramó Su preciosa sangre, muriendo por todos, incluso los internos. ¡Bendito y alabado sea el Señor! Sólo Dios tiene todo el poder y la gloria. Pidamos que aumente nuestra fe y nos ayude a perseverar. Dios es santo, bueno, generoso y todopoderoso. Con Su ayuda podemos ser mejores y sólo con El, seremos... ¡Invencibles!

101 años de Panamá América

 
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