Ser uno, hablar como uno, pensar como uno...
Occidente y en particular Estados Unidos produjo un movimiento de atención sobre la manera de "influir sobre las personas" a partir del interés de la competitividad comercial principalmente, que luego se trasladó a la técnicas comunicacionales políticas, que dieron ocasión al auge de una verdadera industria de asesoría de candidatos a puestos de elección en ese país industrial. Uno de los íconos de esas técnicas comunicacionales fue el famoso Dale Carnegie, cuyo libro "Cómo ganar amigos e influir sobre las personas" se convirtió en un "best seller" de fama mundial. Esta obra y su influencia se dejó sentir décadas atrás, y tuvo un pico en los años 70´.
De una década a la fecha las librerías del mundo nos han traído muchos títulos y obras sobre temáticas nuevas, producto de observaciones, análisis y teorías de psicólogos, sociólogos y otros estudiosos, en temas como "Programación Neuro Lingüística" y también, profusamente, sobre "La Inteligencia Emocional". El famoso sistema de medir la inteligencia humana, el IQ establecido en París a fin de evaluar la inteligencia de los infantes fue volteado como parámetro mundial de establecer la inteligencia humana y el mundo occidental (oriente ha tenido otros patrones) miro con asombro cómo se desdibujaba la pretensión de que el cuociente intelectual inventado en Francia era la única forma de medir cuán inteligente era un ser humano. Todo el criterio de lo que es la inteligencia se viró patas arriba.
Recuerdo como hablábamos del tema en Venezuela cuando comparábamos por ejemplo el desprecio infinito que algunos venezolanos hacían gala hacia inmigrantes como los portugueses, que enredados en su acento ibérico y su portugués, eran objeto de burla, y más todavía por el hecho de que muchos de ellos no eran cultivados en academias universitarias. "Brutos" se les decía, por el simple hecho de su manera de hablar y por no ser de refinamientos académicos. No obstante, comparábamos, en el devenir del tiempo, pronto muchos "primeros puestos" con diplomas universitarios de licenciaturas o maestrías quedaban de empleados de los "portugueses brutos", pero que eran verdaderos "genios" en los negocios, especialmente en el comercio y la construcción, entre otros rubros.
¿Qué es inteligencia?... Esa es la pregunta del millón en la última época. Sobre tal definición de "inteligencia" me decía una muy reputada amiga Psiquiatra venezolana, Alicia San Miguel, con maestría en la Universidad de la Sorbona, que le gustaba un concepto que le había enseñado un profesor en París, y que decía: "Inteligencia es la mayor calidad de respuesta, ante el problema más inesperado, en el menor tiempo posible", aunque me agregaba que había un millón de definiciones sobre el tema. Por tal definición entendía la doctora como ejemplo, que si había en un restaurante ubicado en un rascacielos en el piso 50 un grupo de comensales distinguidos, médicos, literatos, ingenieros, empresarios cultos, etc. y se sentía un terremoto, y todos empezaban a gritar histéricos, pero el mayordomo del bar les llamaba la atención a todos gritándoles: "déjense de gritos y busquen sentarse debajo de las mesas y cállense las bocas que esto pasa", en tal momento el más inteligente del grupo lo fue el mayordomo. En mis años juveniles de academia militar, los instructores nos marcaban un concepto doctrinario que decía: "cuando el de más rango no sabe mandar o deja de mandar o manda mal, es relevado por el que le sigue en jerarquía, pero si los de rango alto fallan, toma el mando el más caracterizado, así sea un soldado raso". Ambos ejemplos se parecen. La esencia es igualmente que no siempre el "más culto o el más elevado en jerarquía es el que asume la tarea con mayor responsabilidad".
Todo lo anterior viene a colación de varios hechos: en lo religioso, por ejemplo, hay una gran cantidad de cristianos, católicos en nuestro caso, que murmuran cada vez más de la escasa probabilidad de que nos encontremos en la Santa Misa con un sacerdote que predique amenamente, que nos explique el Evangelio de manera dinámica, que no nos inyecte con alguna anestesia que nos deje bostezando y aburrido, o haciendo esfuerzos supremos para mantener el hilo de la liturgia. En la cátedra universitaria pasa igual: la mayoría de los profesores utilizan todavía el obsoleto sistema programador heredado de nuestros padres, de infundir miedo en base a su poder de establecer la calificación de "rendimiento" y hacer discursos teóricos aburridos. Casi no hay "maestros" de aquellos que sabían y lograban mantenernos no sólo despiertos sino tan motivados que casi nos dolía que terminara la clase, cuando hoy casi aplaudimos al tocar el timbre.
En las lides políticas están pasando situaciones parecidas: las técnicas comunicacionales se han convertido en verdaderas industrias, algunas multinacionales, y no obstante la sociedad encuentra raros "fenómenos" que logran la atención de las masas, que no responden a los esquemas "científicos" de las llamadas ciencias comunicacionales.
Los ejemplos lo muestran: En Brasil, el triunfo de Lula, figura ya conocida, si bien no representó un caso de alguien "nuevo en el escenario" , en cambio si sorprendió que un obrero, no universitario, de aspecto simple, llano, humilde, descomplicado, no estirado, no sofisticado en hablar, contrario a otros rivales, se impusiera tan categóricamente. Hugo Chávez, Lucio en Ecuador, son otros casos dignos de análisis. En tales casos, los pueblos eligieron por encima de las técnicas de comunicación y los expertos. Lo que se impuso entonces fue la necesidad de esas sociedades de "elegir a alguien que los representara y los defendiera y reivindicara".
Acertados o equivocados, o deslumbrados, tales ejemplos nos obligan a estar constantemente analizando los cambios del pensamiento popular en cada país, y también a recordar que no siempre "los técnicos" tienen la razón, como ya lo ha mostrado el mundo. Por algo el dicho de Chaplin: "se tú y trata de ser feliz, pero sobre todo, se tú....".
La polémica comenzó el domingo último, cuando la diputada chaqueña lanzó públicamente la acusación en el programa televisivo "Día D clásico", que se emite por América TV.
De una década a la fecha las librerías del mundo nos han traído muchos títulos y obras sobre temáticas nuevas, producto de observaciones, análisis y teorías de psicólogos, sociólogos y otros estudiosos, en temas como "Programación Neuro Lingüística" y también, profusamente, sobre "La Inteligencia Emocional". El famoso sistema de medir la inteligencia humana, el IQ establecido en París a fin de evaluar la inteligencia de los infantes fue volteado como parámetro mundial de establecer la inteligencia humana y el mundo occidental (oriente ha tenido otros patrones) miro con asombro cómo se desdibujaba la pretensión de que el cuociente intelectual inventado en Francia era la única forma de medir cuán inteligente era un ser humano. Todo el criterio de lo que es la inteligencia se viró patas arriba.
Recuerdo como hablábamos del tema en Venezuela cuando comparábamos por ejemplo el desprecio infinito que algunos venezolanos hacían gala hacia inmigrantes como los portugueses, que enredados en su acento ibérico y su portugués, eran objeto de burla, y más todavía por el hecho de que muchos de ellos no eran cultivados en academias universitarias. "Brutos" se les decía, por el simple hecho de su manera de hablar y por no ser de refinamientos académicos. No obstante, comparábamos, en el devenir del tiempo, pronto muchos "primeros puestos" con diplomas universitarios de licenciaturas o maestrías quedaban de empleados de los "portugueses brutos", pero que eran verdaderos "genios" en los negocios, especialmente en el comercio y la construcción, entre otros rubros.
¿Qué es inteligencia?... Esa es la pregunta del millón en la última época. Sobre tal definición de "inteligencia" me decía una muy reputada amiga Psiquiatra venezolana, Alicia San Miguel, con maestría en la Universidad de la Sorbona, que le gustaba un concepto que le había enseñado un profesor en París, y que decía: "Inteligencia es la mayor calidad de respuesta, ante el problema más inesperado, en el menor tiempo posible", aunque me agregaba que había un millón de definiciones sobre el tema. Por tal definición entendía la doctora como ejemplo, que si había en un restaurante ubicado en un rascacielos en el piso 50 un grupo de comensales distinguidos, médicos, literatos, ingenieros, empresarios cultos, etc. y se sentía un terremoto, y todos empezaban a gritar histéricos, pero el mayordomo del bar les llamaba la atención a todos gritándoles: "déjense de gritos y busquen sentarse debajo de las mesas y cállense las bocas que esto pasa", en tal momento el más inteligente del grupo lo fue el mayordomo. En mis años juveniles de academia militar, los instructores nos marcaban un concepto doctrinario que decía: "cuando el de más rango no sabe mandar o deja de mandar o manda mal, es relevado por el que le sigue en jerarquía, pero si los de rango alto fallan, toma el mando el más caracterizado, así sea un soldado raso". Ambos ejemplos se parecen. La esencia es igualmente que no siempre el "más culto o el más elevado en jerarquía es el que asume la tarea con mayor responsabilidad".
Todo lo anterior viene a colación de varios hechos: en lo religioso, por ejemplo, hay una gran cantidad de cristianos, católicos en nuestro caso, que murmuran cada vez más de la escasa probabilidad de que nos encontremos en la Santa Misa con un sacerdote que predique amenamente, que nos explique el Evangelio de manera dinámica, que no nos inyecte con alguna anestesia que nos deje bostezando y aburrido, o haciendo esfuerzos supremos para mantener el hilo de la liturgia. En la cátedra universitaria pasa igual: la mayoría de los profesores utilizan todavía el obsoleto sistema programador heredado de nuestros padres, de infundir miedo en base a su poder de establecer la calificación de "rendimiento" y hacer discursos teóricos aburridos. Casi no hay "maestros" de aquellos que sabían y lograban mantenernos no sólo despiertos sino tan motivados que casi nos dolía que terminara la clase, cuando hoy casi aplaudimos al tocar el timbre.
En las lides políticas están pasando situaciones parecidas: las técnicas comunicacionales se han convertido en verdaderas industrias, algunas multinacionales, y no obstante la sociedad encuentra raros "fenómenos" que logran la atención de las masas, que no responden a los esquemas "científicos" de las llamadas ciencias comunicacionales.
Los ejemplos lo muestran: En Brasil, el triunfo de Lula, figura ya conocida, si bien no representó un caso de alguien "nuevo en el escenario" , en cambio si sorprendió que un obrero, no universitario, de aspecto simple, llano, humilde, descomplicado, no estirado, no sofisticado en hablar, contrario a otros rivales, se impusiera tan categóricamente. Hugo Chávez, Lucio en Ecuador, son otros casos dignos de análisis. En tales casos, los pueblos eligieron por encima de las técnicas de comunicación y los expertos. Lo que se impuso entonces fue la necesidad de esas sociedades de "elegir a alguien que los representara y los defendiera y reivindicara".
Acertados o equivocados, o deslumbrados, tales ejemplos nos obligan a estar constantemente analizando los cambios del pensamiento popular en cada país, y también a recordar que no siempre "los técnicos" tienen la razón, como ya lo ha mostrado el mundo. Por algo el dicho de Chaplin: "se tú y trata de ser feliz, pero sobre todo, se tú....".
La polémica comenzó el domingo último, cuando la diputada chaqueña lanzó públicamente la acusación en el programa televisivo "Día D clásico", que se emite por América TV.