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¿Será que ahora si?


“Es la voluntad de Dios” decían los familiares de los sobrevivientes del accidente del pasado jueves donde 23 panameños murieron. ¿Quién puede rebatir eso? Nadie. Sin embargo, en ocasiones las cosas suceden con un propósito; para reflexionar y corregir lo que no anda muy derecho. Una situación casi idéntica, ocurrió hace casi tres años cuando un bus se prendió en llamas y 19 hermanos perdieron la vida. Una oportunidad de oro desperdiciada por la voluntaria ineptitud gubernamental que no pudo arrancar de raíz un problema que le arrastraría un alto costo político. Cuando no aprendemos a corregir nuestros errores tendemos a volver a vivirlos, pero con pruebas más difíciles que las primeras.

El transporte requiere una modernización completa, no hay duda. Pero no solo se trata del transporte masivo, la reingeniería debe alcanzar a toda la flota vehicular. Una nueva coyuntura pone “la voluntad de Dios” en los gobernantes para enseriar el tema y dejarse de negociados, miedos, ataduras, e intereses. ¿Cómo es posible que personas con largas listas de boletas conduzcan impunemente ante los ojos de las autoridades? ¿Cuánto tiempo va a durar el impacto a los encargados de poner orden?

Ya está bueno de que los grandes problemas ocupen los primeros renglones de las agendas oficiales solo mientras dura el susto del recuerdo, o la consternación social. El pueblo estará atento a la respuesta del gobierno, no solo en cuanto a la ayuda inmediata que se proporcione a los afectados; gastos de funeral, trabajo para los desamparados, comida para unos días. No, en esta ocasión estaremos vigilantes hasta que se adopten las medidas que reordenen de una vez por todas, la herencia que nadie ha querido visibilizar.

Ojalá que esta vez esa sea “la voluntad de Dios” para que no vivamos otra tragedia peor.

101 años de Panamá América

 
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