Seréis Testigos
Hace un par de semanas ofrecí unas consideraciones en torno al ineludible hecho de la muerte. Y me dijo un amigo: "comencé a leer tu artículo y se me cayó de las manos porque no me gusta ese tema. "Inclúyeme entre los cobardes". Ya lo incluí.
Quiero recordar a un santeño de la Villa de Los Santos que conocí y admiré y que sorpresivamente se nos fue el 2 de febrero pasado, el Dr. Rodrigo García Mora.
En la liturgia del 2 de febrero, celebramos la Presentación del Señor y la Purificación de María y entre nosotros, la Virgen de la Candelaria, devoción popular. Se suelen bendecir las candelas y hay que apreciar la expresión religiosa que la gente sencilla fomenta alrededor de las velas. Siempre teniendo presentes las palabras de que Jesús es Luz del Mundo y que todos tenemos que ser Luces en medio de tantas tinieblas de confusión y alejamiento de Dios en que nos movemos. Luz dando testimonio de nuestra fe en nuestras vidas. Asumo que la conexión con la luz viene del himno de Simeón en Lucas 2,32 "Luz que alumbrará a las naciones y que será la honra de su pueblo Israel".
El himno de Simeón, hombre honrado y justo, es conocido como el "Nunc dimittis", que viene a ser como una oración de despedida alegre, porque el anciano Simeón representando al pueblo de Israel, veía cumplida la promesa de que verían al Salvador. Hecho que ocurrió en ese encuentro entre la Sagrada Familia que ingresaba al templo a cumplir la Ley y el personaje venerado Simeón que adoraba al verdadero Dios y esperaba la liberación de Israel. En un día tan especial terminó sus tareas el amigo Rodrigo. En días pasados en uno de nuestros diarios, una columnista entre otras cosas, se refería en plan crítico al hecho de que cuando ocurre el fallecimiento de alguien, solemos decir "sensible o irreparable pérdida". No quisiera repetir lo mismo, Pues se trata de un caballero santeño, de un profesional, científico veterinario al servicio de un organismo internacional de investigación, casado y con una hija. Aparentemente según mis cálculos, vivió y consiguió lo que pedía Simeón. "Ahora Señor tu promesa está cumplida, puedes dejar que tu siervo muera en paz".
Rodrigo era miembro prominente del Movimiento de Cursillos de Cristiandad. De sus ejecutorias en esa agrupación los mismos compañeros podrán dar testimonio. Y a propósito de ese Movimiento y de su difusión por los medios de comunicación, así es como nace nuestra amistad.
Estando en Radio Hogar se me acercó cortésmente explorando la posibilidad de iniciar la difusión de la labor de los Cursillos en nuestro ambiente. Al principio tropezamos con obvias dificultades, entre ellas, que eso no se había hecho nunca y que aparentemente se pensaba que los cursillistas no deberían manifestarse de esa manera. Con todo, se hizo la prueba y hasta el día de hoy por 10 años, comenzando con Rodrigo García Mora, Tomás Sánchez y otros, han seguido con la seriedad y constancia que este empeño amerita. Por otra parte, el Dr. García Mora ya había experimentado y puesto en práctica los consejos en cuanto al uso de los medios de comunicación que recomendaba la "Inter Mirítica", documento conciliar sobre los medios de comunicación al servicio de la fe. De su bolsillo y de su iniciativa, grababa en cassettes contenidos de instrucción en la fe y los repartía en su barriada con gran acogida.
Finalmente, mi última experiencia en el mismo sentido, ocurrió cuando me informó que tenía una oferta de una página en La Estrella de Panamá para periódicamente ofrecer artículos ilustrativos, informativos y de docencia en la fe y me solicitó que quería la aprobación eclesiástica, la cual logramos, ya que sería supervisado y dirigido por el Párroco de San Gerardo Mayela, en Barriada Chanis.
En otras palabras, aún cuando se aconseja no hacer panegíricos de los difuntos, tengo que aclarar que el haber conocido a Rodrigo fue una constatación de que entre los laicos panameños, hay más de uno que calladamente quieren ser testigos de la fe en Jesucristo en medio de la consabida frivolidad que nos caracteriza. Gente sin respeto humano, que hablan poco y hacen mucho, que contagian a otros para la acción y los dejan andando solos y productivamente, que a pesar de las limitaciones con que en demasía contamos en las filas de la iglesia, siguen adelante sin lamentarse y sin criticar a nadie.
Como Simeón podría irse en paz, porque vio crecer la presencia y manifestación del Salvador en el pujante movimiento de Cursillos en su parroquia, con el dinamismo del crecimiento y la calidad de los creyentes. Como en otro contexto decía un amigo: se nos adelantó. Francamente estamos hablando de un compatriota que siguió su vida ordinaria cumpliendo su deber y sirviéndole con dedicación a su iglesia católica con perseverancia y constancia, sin esperar reconocimientos de méritos, lo cual conceptúo como algo extraordinario. Fue un testigo y dio su testimonio. Que muchos sigan animados con este ejemplo, ya que el país lo requiere.
Quiero recordar a un santeño de la Villa de Los Santos que conocí y admiré y que sorpresivamente se nos fue el 2 de febrero pasado, el Dr. Rodrigo García Mora.
En la liturgia del 2 de febrero, celebramos la Presentación del Señor y la Purificación de María y entre nosotros, la Virgen de la Candelaria, devoción popular. Se suelen bendecir las candelas y hay que apreciar la expresión religiosa que la gente sencilla fomenta alrededor de las velas. Siempre teniendo presentes las palabras de que Jesús es Luz del Mundo y que todos tenemos que ser Luces en medio de tantas tinieblas de confusión y alejamiento de Dios en que nos movemos. Luz dando testimonio de nuestra fe en nuestras vidas. Asumo que la conexión con la luz viene del himno de Simeón en Lucas 2,32 "Luz que alumbrará a las naciones y que será la honra de su pueblo Israel".
El himno de Simeón, hombre honrado y justo, es conocido como el "Nunc dimittis", que viene a ser como una oración de despedida alegre, porque el anciano Simeón representando al pueblo de Israel, veía cumplida la promesa de que verían al Salvador. Hecho que ocurrió en ese encuentro entre la Sagrada Familia que ingresaba al templo a cumplir la Ley y el personaje venerado Simeón que adoraba al verdadero Dios y esperaba la liberación de Israel. En un día tan especial terminó sus tareas el amigo Rodrigo. En días pasados en uno de nuestros diarios, una columnista entre otras cosas, se refería en plan crítico al hecho de que cuando ocurre el fallecimiento de alguien, solemos decir "sensible o irreparable pérdida". No quisiera repetir lo mismo, Pues se trata de un caballero santeño, de un profesional, científico veterinario al servicio de un organismo internacional de investigación, casado y con una hija. Aparentemente según mis cálculos, vivió y consiguió lo que pedía Simeón. "Ahora Señor tu promesa está cumplida, puedes dejar que tu siervo muera en paz".
Rodrigo era miembro prominente del Movimiento de Cursillos de Cristiandad. De sus ejecutorias en esa agrupación los mismos compañeros podrán dar testimonio. Y a propósito de ese Movimiento y de su difusión por los medios de comunicación, así es como nace nuestra amistad.
Estando en Radio Hogar se me acercó cortésmente explorando la posibilidad de iniciar la difusión de la labor de los Cursillos en nuestro ambiente. Al principio tropezamos con obvias dificultades, entre ellas, que eso no se había hecho nunca y que aparentemente se pensaba que los cursillistas no deberían manifestarse de esa manera. Con todo, se hizo la prueba y hasta el día de hoy por 10 años, comenzando con Rodrigo García Mora, Tomás Sánchez y otros, han seguido con la seriedad y constancia que este empeño amerita. Por otra parte, el Dr. García Mora ya había experimentado y puesto en práctica los consejos en cuanto al uso de los medios de comunicación que recomendaba la "Inter Mirítica", documento conciliar sobre los medios de comunicación al servicio de la fe. De su bolsillo y de su iniciativa, grababa en cassettes contenidos de instrucción en la fe y los repartía en su barriada con gran acogida.
Finalmente, mi última experiencia en el mismo sentido, ocurrió cuando me informó que tenía una oferta de una página en La Estrella de Panamá para periódicamente ofrecer artículos ilustrativos, informativos y de docencia en la fe y me solicitó que quería la aprobación eclesiástica, la cual logramos, ya que sería supervisado y dirigido por el Párroco de San Gerardo Mayela, en Barriada Chanis.
En otras palabras, aún cuando se aconseja no hacer panegíricos de los difuntos, tengo que aclarar que el haber conocido a Rodrigo fue una constatación de que entre los laicos panameños, hay más de uno que calladamente quieren ser testigos de la fe en Jesucristo en medio de la consabida frivolidad que nos caracteriza. Gente sin respeto humano, que hablan poco y hacen mucho, que contagian a otros para la acción y los dejan andando solos y productivamente, que a pesar de las limitaciones con que en demasía contamos en las filas de la iglesia, siguen adelante sin lamentarse y sin criticar a nadie.
Como Simeón podría irse en paz, porque vio crecer la presencia y manifestación del Salvador en el pujante movimiento de Cursillos en su parroquia, con el dinamismo del crecimiento y la calidad de los creyentes. Como en otro contexto decía un amigo: se nos adelantó. Francamente estamos hablando de un compatriota que siguió su vida ordinaria cumpliendo su deber y sirviéndole con dedicación a su iglesia católica con perseverancia y constancia, sin esperar reconocimientos de méritos, lo cual conceptúo como algo extraordinario. Fue un testigo y dio su testimonio. Que muchos sigan animados con este ejemplo, ya que el país lo requiere.