Seres humanos o lobos
Lo mínimo que podemos esperar, los miembros de cualquiera congregación humana "civilizada", es la aplicación de normas o reglas preestablecidas que permitan un convivir respetuoso, armónico y pacífico dentro de tal asociación, así organizada. Esto es, si queremos evitar el retorno a la etapa calificada por el gran pensador Thomas Bobees, como de "estado de naturaleza", en la que ubicaba al "hombre, como el lobo del hombre".
Desde el momento en que -conociendo- se desconozcan las reglas, o leyes, dentro de las cuales debemos conducirnos todos, queriendo aplicarlas de una manera muy particular y subjetiva; o sea, que se actúe visceral y no cerebralmente, tendremos que entender que estamos sembrando y regando las semillas que más temprano que tarde, dacha sus frutos de violencia discrecional generalizada y la consecuente desorganización social. Y las leyes (elaboradas y aprobadas) se están desconociendo. Así nos enteramos de que un fallo emanado de un organismo supranacional, como lo es la Corte Interamericana de Derechos Humanos, es desconocido por el Gobierno Nacional, de acuerdo con informaciones publicadas, violando un mandato constitucional.
A través de los medios de comunicación social conocemos, también, que la mayoría de los miembros de la Corte Suprema de Justicia niegan regularmente a los contribuyentes (soberanos) del país, el derecho legal que les asiste de enterarse con transparencia, sobre gastos, enriquecimientos, prebendas, privilegios, salarios, declaraciones de bienes al entrar y salir de tales empleos, de quienes los representan en funciones públicas.
222El mismo presidente del Colegio de Abogados, las Iglesias y el sentido común, reconocen el abuso de las detenciones preventivas por ser limitaciones apresuradas de las libertades físicas personales...
Esto parece ser, además de un desconocimiento de las leyes existentes, un desconocimiento temerario de lo que pueda resultar como consecuencia de tan insistentes prácticas.
En los juzgados civiles y penales, incluso en las corregidurías y en las agencias policiales, se abusa a diario de la comunidad llamada "civil¨, saltando sobre los derechos que con frecuencia ésta ignora, aplicándole penalizaciones, castigos o lo que se les ocurra, independientemente de lo que digan las leyes recogidas en lo que se ha considerado como de derechos humanos.
En las cárceles y centros de privación de libertades, se encuentran sufriendo por caprichos o apreciaciones viscerales de quienes se envanecen y envalentonan con el poder (tras ellos) de la fuerza de las armas (olvidando aquel dicho mexicano: "hasta las piedras rodando se encuentran"), miles de personas a quienes por ley no se les debe mantener encarcelados ( y si alguien nos publicara algunas intimidades ocultas).
Los fiscales y juzgadores manejan tan personalizada la administración de justicia, que conocemos casos en que se castiga igual la presunción, aunque no exista la materia delictiva (cuerpo del delito) y se acepte por ejemplo, fotocopias sin ningún valor legal; y esto, cuando en multiples ocasiones la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia ha emitido fallos estableciendo que "el delito de falsificación de documentos públicos no se puede acreditar con fotocopias." La jurisprudencia exige que el documento dubitado, contenga los signos de autenticidad oficial, particularmente, en un mundo en el que la tecnología permite suplantar todo lo que se quiera suplantar, para bien o para mal.
Se cometen deslices tan imperdonables, como los de aceptar documentos de representaciones diplomáticas extranjeras, especialmente del gobierno norteamericano, como si fueran la voz de Dios; desconociendo así mismo, que esas intervenciones extranjeras llevan un trámite que obliga que se efectúen por medio de un orden regular que va de la delegación extranjera al Ministerio de Relaciones Exteriores, y de éste al Ministerio Público.
El mismo presidente del Colegio de Abogados, las Iglesias y el sentido común, reconocen el abuso de las detenciones preventivas por ser limitaciones apresuradas de las libertades físicas personales (encarcelamientos); y recomiendan que sean otros modos prescritos por la Ley, frente a la presunción de inocencia, los que deban orientar a los funcionarios de justicia competentes.
(franciscoc@socratico.com)
Desde el momento en que -conociendo- se desconozcan las reglas, o leyes, dentro de las cuales debemos conducirnos todos, queriendo aplicarlas de una manera muy particular y subjetiva; o sea, que se actúe visceral y no cerebralmente, tendremos que entender que estamos sembrando y regando las semillas que más temprano que tarde, dacha sus frutos de violencia discrecional generalizada y la consecuente desorganización social. Y las leyes (elaboradas y aprobadas) se están desconociendo. Así nos enteramos de que un fallo emanado de un organismo supranacional, como lo es la Corte Interamericana de Derechos Humanos, es desconocido por el Gobierno Nacional, de acuerdo con informaciones publicadas, violando un mandato constitucional.
A través de los medios de comunicación social conocemos, también, que la mayoría de los miembros de la Corte Suprema de Justicia niegan regularmente a los contribuyentes (soberanos) del país, el derecho legal que les asiste de enterarse con transparencia, sobre gastos, enriquecimientos, prebendas, privilegios, salarios, declaraciones de bienes al entrar y salir de tales empleos, de quienes los representan en funciones públicas.
222El mismo presidente del Colegio de Abogados, las Iglesias y el sentido común, reconocen el abuso de las detenciones preventivas por ser limitaciones apresuradas de las libertades físicas personales...
Esto parece ser, además de un desconocimiento de las leyes existentes, un desconocimiento temerario de lo que pueda resultar como consecuencia de tan insistentes prácticas.
En los juzgados civiles y penales, incluso en las corregidurías y en las agencias policiales, se abusa a diario de la comunidad llamada "civil¨, saltando sobre los derechos que con frecuencia ésta ignora, aplicándole penalizaciones, castigos o lo que se les ocurra, independientemente de lo que digan las leyes recogidas en lo que se ha considerado como de derechos humanos.
En las cárceles y centros de privación de libertades, se encuentran sufriendo por caprichos o apreciaciones viscerales de quienes se envanecen y envalentonan con el poder (tras ellos) de la fuerza de las armas (olvidando aquel dicho mexicano: "hasta las piedras rodando se encuentran"), miles de personas a quienes por ley no se les debe mantener encarcelados ( y si alguien nos publicara algunas intimidades ocultas).
Los fiscales y juzgadores manejan tan personalizada la administración de justicia, que conocemos casos en que se castiga igual la presunción, aunque no exista la materia delictiva (cuerpo del delito) y se acepte por ejemplo, fotocopias sin ningún valor legal; y esto, cuando en multiples ocasiones la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia ha emitido fallos estableciendo que "el delito de falsificación de documentos públicos no se puede acreditar con fotocopias." La jurisprudencia exige que el documento dubitado, contenga los signos de autenticidad oficial, particularmente, en un mundo en el que la tecnología permite suplantar todo lo que se quiera suplantar, para bien o para mal.
Se cometen deslices tan imperdonables, como los de aceptar documentos de representaciones diplomáticas extranjeras, especialmente del gobierno norteamericano, como si fueran la voz de Dios; desconociendo así mismo, que esas intervenciones extranjeras llevan un trámite que obliga que se efectúen por medio de un orden regular que va de la delegación extranjera al Ministerio de Relaciones Exteriores, y de éste al Ministerio Público.
El mismo presidente del Colegio de Abogados, las Iglesias y el sentido común, reconocen el abuso de las detenciones preventivas por ser limitaciones apresuradas de las libertades físicas personales (encarcelamientos); y recomiendan que sean otros modos prescritos por la Ley, frente a la presunción de inocencia, los que deban orientar a los funcionarios de justicia competentes.
(franciscoc@socratico.com)