default

Servir y ser amables


En días pasados, muy temprano, estuve desayunando en un hotel de la localidad. El hotel cuenta con una atmósfera lujosa y decoraciones profusas. Sin embargo, no fue de mi asombro encontrarme con un personal presuntuoso, arrogante, y cuidadosamente vanidoso e indiferente. Hay que saber, que para el éxito de cualquier empresa de atención al cliente, el binomio servicio-amabilidad debe ser una distinción de suma importancia.
Al salir de casa voy preparada mentalmente para no dejarme disuadir por las groserías, miradas imperiosas y falta de sonrisa en que se caracteriza el panameño cuando presta un servicio a la comunidad. Me duele decirlo, pero es la verdad. El panameño tiene una actitud nada buena cuando se trata de ser considerado y cortés para con los demás. Se nos tilda de groseros, patanes, gente sin cultura y, que nos cuesta sonreír. Duele, ¿verdad? Más la verdad no es otra.
Igualmente, me he encontrado en ambientes lujosos y otros no tanto, pero con un estilo único que te hace regresar y compartir con gente que imprimen la atmósfera con una "personalidad humana". Cuando es así, suelo preguntar el por qué de esa actitud poco usual y la respuesta es casi siempre: "Para eso estamos aquí; para servir y ser amables". Si analizamos esta frase, es una que encierra muchos significados. ¿Qué encierra nuestro corazón cuando tratamos y servimos a los demás con amabilidad, cortesía y con una sonrisa? ¿Qué encierra nuestro corazón cuando nos tratan y nos sirven con amabilidad, cortesía y con una sonrisa? Mucho, ¿verdad? ¿Qué caracteriza a una persona amable?, ¿qué hace que en nuestros lugares de trabajo el binomio servicio-amabilidad sea tan difícil de expresarse? Y, si eres jefe o dueño de tu empresa, ¿cómo ejercitas las acciones de servicio y amabilidad con tus subalternos? ¿Imprimimos la atmósfera con nuestros valores y damos "personalidad humana" a la empresa, en casa o en el lugar que nos encontremos?
Todas estas preguntas requieren que te animes a tomar un tiempo a solas y analices este aspecto de tu vida, especialmente en el trabajo, pues es ahí donde llegamos a mostrar el tipo de educación que hemos recibido desde la cuna.
En mis reuniones con gerentes de recursos humanos o planificadores de la capacitación siempre salta la expresión: "Queremos que esta gente mejore como personas y las actitudes para con los clientes. No se imagina como cuest...". Por supuesto, ya que el servicio no es algo que pueda ser aprendido de la noche a la mañana.
El servicio es una actitud interna, es una manifestación espontánea del alma que viene a ser ejecutada cuando se está totalmente consciente del respeto que nos debemos los unos a los otros por lo alto de nuestra dignidad. Porque somos personas y como tal somos los únicos que podemos decidir qué tipo de servicio queremos dar.
La grosería, la patanería y la falta de cortesía se aprende en el hogar y en la escuela -hay maestros y profesores que son un ejemplo vivo de esta situación-. En fin, en todo lugar que nos encontremos. Sobre el particular, hago una llamada de atención a los ministros de Educación, Turismo y el de la Juventud, la Niñez, la Mujer y la Familia. Hay que elevar la calidad de vida humanizando más la sociedad.
El servicio como valor no es nada fácil de llevarlo y ejecutarlo en la empresa porque para dar un verdadero servicio, es necesario superar la propia arrogancia y esforzarse constantemente por adquirir actitudes que nos eleven como personas y engrandescan nuestro país. Requiere de una alta dosis de tolerancia ante los defectos de los demás. Esto se hace muy difícil en muchas ocasiones, ya que no todos han sido educados y formados de la misma manera. Hay personas con maestrías y doctorados, pero sus modales, que son el lubricante de cada organización, son pésimos. Esto nos indica que no hay verdadero profesionalismo, pues el que es verdaderamente profesional además de su formación académica se preocupa por su formación humana y espiritual para así convivir mejor con los demás.
El servicio y los buenos modales no pueden expresarse al encontrarse bloqueados por sentimientos tóxicos como son la envidia, la rivalidad y la falta de principios. Todas nuestras actitudes hacia los demás están relacionadas directamente con el nivel de autoestima que tenemos. Si tu autoestima es serena y equilibrada, estás en condiciones de ser más comprensivo. Si por el contrario, tus actitudes denotan poca delicadeza, estás cada vez más distante de construir una relación llena de confianza y respeto.
Si quieres pertenecer e influir en un grupo determinado debes estar atento a tu conducta, mejorar tu trato, suavizar tu mirada y sonreír y tener madurez para aceptar las críticas. Desde el momento que inicies ese cambio desde tu interior, serás mejor aceptado por los demás logrando influir positivamente en sus vidas. El mundo esta lleno de soberbios y arrogantes y es algo que no podemos evitar. Pero podemos ayudar a cada uno de ellos a encontrarse y a descubrir que el verdadero valor como persona, no se logra con altanería.
(gemiliani@cwpanama.net)

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América