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Sesiones extraordinarias: ¿Eran necesarias?


Las razones para convocar a la Asamblea Nacional, por segunda vez, a sesiones extraordinarias eran tres: 1) la discusión del proyecto de la reforma tributaria, 2) la consideración (aprobación) de los nuevos magistrados, y 3) la restitución de la nacionalidad a la exlegisladora Haydé Milanés. La primera convocatoria fue para “derogar” las leyes que nos vincularon al Parlacen. Pero el gobierno, antes de su aprobación, ya había “denunciado” los respectivos tratados, invocando la “Convención de Viena sobre el derecho de los tratados”. Por ser ésta ley de la República, la ley de derogación era innecesaria.

Apoyo que se haga justicia a la exdiputada Milanés. Por tanto, no me pareció inadecuado que se aprovechara la segunda convocatoria a sesiones extraordinarias para incluir ese tema específico. Sin embargo, después de que el gobierno pospuso la discusión de la reforma tributaria para enero del 2010 y retrasó la designación de los nuevos magistrados, dejando casi ningún espacio para el escrutinio público, cabe preguntar si todavía era necesario un segundo período de sesiones extraordinarias.

Por la naturaleza del tema, el 90% de las “deliberaciones” de las sesiones extraordinarias debía consumirlo la reforma tributaria. Por consiguiente, si ella no será discutida este año, también desapareció la razón principal para convocarlas.

La segunda razón en importancia, era la consideración y aprobación de los dos nuevos magistrados o magistradas escogidos por el presidente de la República. En principio, la aprobación por la Asamblea debe ocurrir antes de que termine el año, para que los nombrados puedan comenzar a ejercer sus funciones el primer día del 2010. Pero luego del anuncio presidencial de la posposición de los nombramientos, y del revuelo que ha producido la revelación de “los ungidos”, lo prudente sería abrir un espacio razonable para el escrutinio público de los propuestos y para que la Asamblea pueda considerar las objeciones que pudieran presentarse.

La consideración de los nombramientos debería hacerse cuando se inicien las sesiones ordinarias de la Asamblea. Si los nuevos magistrados o magistradas asumen sus cargos durante la primera semana de enero de 2010, no pasa nada; los salientes pueden, legalmente, prolongar su desempeño por unos días, y no existiría acefalía en los cargos.

Si la reforma tributaria se ha pospuesto para enero y la aprobación de los nuevos magistrados puede hacerse cuando se reanuden las sesiones ordinarias, sin que ello tenga mayores consecuencias legales; el caso de la exlegisladora Milanés de Lay también se pudo considerar y resolver, entonces.

A últimas horas, en la convocatoria de las sesiones extraordinarias, el Órgano Ejecutivo incluyó el tema de los denominados “derechos posesorios” y un tema tributario muy poco explicado y menos sustentado. Ambos, por su enorme trascendencia, requieren de una discusión más sosegada que la que recibirían durante las prisas de fin de año.

Así las cosas, lo prudente sería que se suspendieran las sesiones extraordinarias, por haberse producido una clara “sustracción de materia” y porque las prisas de última hora son contraproducentes y levantan sospechas que deben evitarse. Ojalá el Órgano Ejecutivo así lo entienda y actúe en consecuencia.

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