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Si fuéramos ateos


Si fuéramos ateos, con sólo mirar hacia el firmamento cualquier noche despejada y viéramos el incontable número de puntitos brillantes que hay en él, tendríamos que convenir, en virtud de que nada nace de la nada, en que todo eso fue, y sigue siendo, la obra de un ser extraordinariamente superior, creativo y organizador. Cada uno de esos puntitos es una estrella y cada una de ellas es un sol como el nuestro. Y se hallan tan fabulosamente alejadas de nuestro planeta, que su distancia se mide por lo que se llama año luz.

En virtud de que la luz recorre 300,000 kilómetros por segundo, un año luz se obtiene multiplicando 300,000 x 60 que son los segundos de un minuto; luego hay que multiplicar ese resultado por 60 que son los minutos que tiene una hora; luego multiplicar esa suma por 24 para poder establecer el recorrido de la luz en un día, y por último, multiplicar ese resultado por 365, que son los días de un año.

Quedamos perplejos cuando nos enteramos de que para llegar a Alfa Centauro, que es la estrella más cercana a nuestro planeta Tierra del que dista apenas casi tres años, a un aparato a la más alta velocidad que ha logrado hasta ahora el hombre, le tomaría 37,000 años. ¡Y pensar que hay estrellas a millones de años luz de nosotros!

También quedamos perplejos cuando nos enteramos de que la Tierra cabe más de un centenar de veces en el sol y de que en Epsilón Auriga, que es el puntito más lejano a que alcanza a ver en el firmamento el ojo humano, cabe el sol 1,400,000 veces.

¿Quién pudo hacer eso? Un ser superior, desconocido, intangible, inmensamente sabio y poderoso a quien los creyentes llamamos Dios. ¿Y qué nos convence de que hay un Dios? Sencillamente en que su enviado al mundo, Jesucristo, ha sido en la historia de la humanidad y de las religiones el único ser que con unos pocos panes y peces pudo dar de comer a cinco mil personas y sobró lo suficiente para llenar 12 canastos.

Y como si eso no bastara, fue él el único ser de quien se sepa que haya sido capaz de resucitar a un muerto.

101 años de Panamá América

 
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