Si la conciencia hablara en voz alta
Qué suerte y beneficio sería para la patria y su destino, si la conciencia hablara en voz alta. En Panamá existe sectores de extrema pobreza que no se pueden ocultar ante la vista de la sociedad y ello se debe a la falta de trabajo y la indiferencia de los gobiernos, mientras existen grandes y fabulosas fortunas deshonestas adquirida en apariencia con la complicidad de algunos gobiernos.
Algunos lo presumen, pero no se atreven a mencionarlas por el temor de caer en la cárcel o terminar en el cementerio y por ello, se mantienen en completo hermetismo ante el resto de la sociedad. Es lamentable que la naturaleza no le haya dado facultad a la conciencia de hablar en voz alta cada vez que se comete un delito en contra de la patria y del semejante, algo así como lo que hace el hombre en contra de los animales por el sólo hecho de no poder hablar para defenderse y pedir clemencia de sus derechos y de la vida.
Por ese silencio de la conciencia, el hombre abusa en su vida personal, social, política, económica y gubernamental. Cuantos han hecho grandes fortunas con el latrocinio al tesoro y los bienes del Estado, los contrabandos, los negros y sucios negocios a base de las influencias políticas, los cobros de los aportes económicos en las contiendas políticas, cuantos han perjudicado al semejante por despechos personales y políticos, en las calumnias, querellas infundadas, basados en que la conciencia no les habla en voz alta.
Muchos panameños sabemos que existe una abultada deuda externa a nombre de la nación y que por ella abusan de la dignidad de la patria, los bancos acreedores con sus imposiciones en el sistema de vida, sus instituciones administrativas y en su destino, donde los panameños más humildes son los que sufres las consecuencias, sabemos también que para ello no es necesario ser un economista para saber que el monto de esa deuda no lo justifica en obras y bienes de la nación.
Muchos de esos capitales se esfumaron sin que la patria conozca oficialmente su destino, sólo la conciencia de cada cuál lo sabrá, pero lo mantienen en silencio por el temor a la justicia o bien, por la conveniencia y la vocación de sus pelechadores. Sabemos, además, que esos secretos van con ellos a la tumba, dejándoles a sus herederos esas fortunas deshonestas, pero a pesar de ello, siguen gozando del respeto y la estima de la sociedad. Lo que nos llama la atención, es que el gobierno a pesar de contar con todas las herramientas jurídicas, no se interesa de manera exhaustiva y patriótica en investigar el destino de esos capitales que le pertenecen al pueblo. Por eso se dice que el silencio de la conciencia se convierte en cómplice ante la sociedad, la patria y el Estado y por ello, cada vez surgen y se multiplican esas deshonestas operaciones bajo el mecanismo político, social y gubernamental.
Muchos de esos elementos se presumen ante la sociedad como distinguidos y ejemplares ciudadanos, mientras la mayoría de los panameños sufren de hambre y enfermedades. Sí la conciencia hablara en voz alta, los delitos sociales, políticos y gubernamentales no existieran.
Algunos lo presumen, pero no se atreven a mencionarlas por el temor de caer en la cárcel o terminar en el cementerio y por ello, se mantienen en completo hermetismo ante el resto de la sociedad. Es lamentable que la naturaleza no le haya dado facultad a la conciencia de hablar en voz alta cada vez que se comete un delito en contra de la patria y del semejante, algo así como lo que hace el hombre en contra de los animales por el sólo hecho de no poder hablar para defenderse y pedir clemencia de sus derechos y de la vida.
Por ese silencio de la conciencia, el hombre abusa en su vida personal, social, política, económica y gubernamental. Cuantos han hecho grandes fortunas con el latrocinio al tesoro y los bienes del Estado, los contrabandos, los negros y sucios negocios a base de las influencias políticas, los cobros de los aportes económicos en las contiendas políticas, cuantos han perjudicado al semejante por despechos personales y políticos, en las calumnias, querellas infundadas, basados en que la conciencia no les habla en voz alta.
Muchos panameños sabemos que existe una abultada deuda externa a nombre de la nación y que por ella abusan de la dignidad de la patria, los bancos acreedores con sus imposiciones en el sistema de vida, sus instituciones administrativas y en su destino, donde los panameños más humildes son los que sufres las consecuencias, sabemos también que para ello no es necesario ser un economista para saber que el monto de esa deuda no lo justifica en obras y bienes de la nación.
Muchos de esos capitales se esfumaron sin que la patria conozca oficialmente su destino, sólo la conciencia de cada cuál lo sabrá, pero lo mantienen en silencio por el temor a la justicia o bien, por la conveniencia y la vocación de sus pelechadores. Sabemos, además, que esos secretos van con ellos a la tumba, dejándoles a sus herederos esas fortunas deshonestas, pero a pesar de ello, siguen gozando del respeto y la estima de la sociedad. Lo que nos llama la atención, es que el gobierno a pesar de contar con todas las herramientas jurídicas, no se interesa de manera exhaustiva y patriótica en investigar el destino de esos capitales que le pertenecen al pueblo. Por eso se dice que el silencio de la conciencia se convierte en cómplice ante la sociedad, la patria y el Estado y por ello, cada vez surgen y se multiplican esas deshonestas operaciones bajo el mecanismo político, social y gubernamental.
Muchos de esos elementos se presumen ante la sociedad como distinguidos y ejemplares ciudadanos, mientras la mayoría de los panameños sufren de hambre y enfermedades. Sí la conciencia hablara en voz alta, los delitos sociales, políticos y gubernamentales no existieran.