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Si los políticos quisieran ayudar a las mujeres


Edith es peruana. Trabaja desde hace años como empleada doméstica en la Argentina. Su vida no ha sido fácil y venirse a la Argentina fue particularmente difícil: cinco días de ómnibus, pasando por el desértico norte chileno, luego el cruce de la cordillera de los Andes y largas horas de viaje por la Pampa argentina. Finalmente consiguió un trabajo aquí y al poco tiempo pudo enviar dinero para que viniera su hijo.
El hecho que se quedara y que además vinieran sus hermanos y su madre demuestra que el esfuerzo de emigrar valió la pena.
Para Edith, como para muchas otras mujeres inmigrantes, nada es más importante que su trabajo. No le importa un mayor o menor acceso a los servicios "sociales" ni la posibilidad o no de votar; simplemente vino a buscar trabajo sabiendo que eso le permitiría mejorar su situación y la de su familia. Sin embargo, los políticos argentinos no parecen entenderla.
Por un lado dedican horas de su tiempo y chorros de tinta para promover supuestos "derechos" de las mujeres, como el que actualmente obliga a los partidos políticos a presentar un tercio de mujeres en sus listas de candidatos. Edith no vota por ser extranjera, pero a las mujeres argentinas tampoco les importa mucho eso. Y si les importa, no tanto como la manera de ganarse la vida y que sus hijos coman completo.
Y ahora el Congreso argentino considera la aprobación de una nueva legislación que haría más difícil el ingreso de inmigrantes.
Eso es algo curioso en un país donde los "locales" son pocos, empezando por el presidente Menem mismo. De hecho, si este no hubiera sido un país abierto a los inmigrantes, muchos de nosotros no estaríamos aquí. El argumento para favorecer una medida de este tipo es que las extranjeras supuestamente quitan puestos de trabajo a las mujeres locales. El precandidato presidencial peronista, Eduardo Duhalde, ha dicho que "cada día hay menos trabajo y es necesario repartirlo entre los argentinos". Pero eso no es cierto. Datos del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos muestran que la población extranjera en la Argentina no ha aumentado en los últimos años. Serían ahora 915.927 personas, lo cual significa apenas 6,30% de la población activa. Es más, al mantenerse el número de extranjeros constante, el porcentaje sobre la población activa local es ahora menor; alcanzaba 9,46% en 1994.
Y respecto a la competencia de la mano de obra extranjera, los problemas no son generados por los inmigrantes sino por las pesadas cargas fiscales que el gobierno impone. Un trabajador argentino que cumple con todas las normas vigentes significa un costo total para su empleador del 160% del salario que efectivamente se le paga. No es de extrañar, entonces, que frente a esa gran carga impositiva sobre las nóminas sea tan difícil lograr reducir el desempleo.
Muchas de las mujeres inmigrantes compiten exitosamente contra las locales porque trabajan en el mercado informal: no les preocupa no recibir beneficios del gobierno ni tampoco pagar impuestos. Muchas argentinas también hacen lo mismo, pero sobre ellas existe mayor grado de control.
En definitiva, si fueran ciertas y honestas las palabras de quienes quieren hacer tanto por las mujeres, lo primero que deberían hacer es quitarle las trabas para conseguir un buen trabajo. Y eso favorece a todas las mujeres, tanto nacionales como extranjeras.

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