Si Montesquieu leyera de la revocatoria de mandato
Tengo un amigo que cuando quiere hacer descripción patética de una situación o anécdota que esté narrando, y a ese efecto "se ve precisado" a utilizar una palabra no publicable, suele decir, "perdónenme el francés...". Montesquieu, el padre de la doctrina de la división de poderes del Estado, aunque era francés, también hubiese tenido que pedir perdón, ya que si hubiese leído acerca de la revocatoria de mandato, no hubiera podido reprimir un vocablo no audible.
El genial francés concibió fórmulas de peso y contrapeso para las actuaciones del Ejecutivo, del Judicial y el Legislativo, lo que nunca se le ocurrió es que con respecto a los legisladores, integrantes del más heterogéneo y diversificante de los tres poderes, algunos se les ocurrirían como "dueños" de partidos políticos, controlarlos y para ello, vestirlos, legalmente hablando, con camisa de fuerza y casco con forzet en la cabeza, mediante la creación de una fórmula conocida como "revocatoria de mandato", que más bien suena a tratamiento de "usurpadores de los sumisos", y que es para impedir cualquier movimiento pensante. Según investigaciones realizadas por políticos acuciosos, a nivel mundial sólo tres países, uno africano, otro asiático y para vergüenza nuestra, Panamá, tienen esta norma en sus leyes electorales con las cuales se desvirtúa por completo el espíritu y letra del concepto universal de que los legisladores son representantes del pueblo y tienen el deber de actuar de acuerdo a su pensamiento y conciencia.
En el caso de Panamá, sólo dos partidos políticos tienen en sus reglamentaciones internas estas normas inmorales y desvirtuantes de la capacidad pensante de los legisladores y de su libertad de conciencia. Adicionalmente con esta norma interna en sus reglamentos, ambos demuestran su escasa raigambre democrática y sus instintos dictatoriales y tiránicos, evidentes en un caso y ocultos en otro, aunque ya clarificados con el mutuo cariño que recientemente se han tomado y el criterio dadivoso con que comparten prebendas y posiciones, y es que una cosa es ver a dos juega vivo y otra es verlos juntos.
La revocatoria de mandato es el más descarado abuso del poder partidista y que desnivela el equilibrio que deben tener y mantener los órganos del Estado, ya que otorga a los dueños de partidos la capacidad decisoria ante cualquier conflicto, y una burla para el electorado, quien cree que está eligiendo a sus legisladores y sin embargo, en realidad ésta, en el caso de los dos partidos dictatoriales, seleccionando mandaderos (el Tribunal Electoral los cría y el META los junta). El pueblo debe exigir, antes del próximo proceso electoral, la anulación de dicha norma, y en caso que no se produzca, no votar por estos dos partidos, ni para sus legisladores, ya que en realidad estaría escogiendo personas con un bozal en la boca y una daga en el cuello.
Adicional a cualquier otra consideración, es evidente que la calidad del debate político está mermando. Así vemos que hay sujetos, en algunos casos muy doctos y llenos de títulos, que con total revocatoria de caballerosidad en sus escritos, lanzan indirectas e insinuaciones con respecto a la vida privada de las damas que integran y colaboran con el Poder Ejecutivo e, incluso, el Legislativo.
El genial francés concibió fórmulas de peso y contrapeso para las actuaciones del Ejecutivo, del Judicial y el Legislativo, lo que nunca se le ocurrió es que con respecto a los legisladores, integrantes del más heterogéneo y diversificante de los tres poderes, algunos se les ocurrirían como "dueños" de partidos políticos, controlarlos y para ello, vestirlos, legalmente hablando, con camisa de fuerza y casco con forzet en la cabeza, mediante la creación de una fórmula conocida como "revocatoria de mandato", que más bien suena a tratamiento de "usurpadores de los sumisos", y que es para impedir cualquier movimiento pensante. Según investigaciones realizadas por políticos acuciosos, a nivel mundial sólo tres países, uno africano, otro asiático y para vergüenza nuestra, Panamá, tienen esta norma en sus leyes electorales con las cuales se desvirtúa por completo el espíritu y letra del concepto universal de que los legisladores son representantes del pueblo y tienen el deber de actuar de acuerdo a su pensamiento y conciencia.
En el caso de Panamá, sólo dos partidos políticos tienen en sus reglamentaciones internas estas normas inmorales y desvirtuantes de la capacidad pensante de los legisladores y de su libertad de conciencia. Adicionalmente con esta norma interna en sus reglamentos, ambos demuestran su escasa raigambre democrática y sus instintos dictatoriales y tiránicos, evidentes en un caso y ocultos en otro, aunque ya clarificados con el mutuo cariño que recientemente se han tomado y el criterio dadivoso con que comparten prebendas y posiciones, y es que una cosa es ver a dos juega vivo y otra es verlos juntos.
La revocatoria de mandato es el más descarado abuso del poder partidista y que desnivela el equilibrio que deben tener y mantener los órganos del Estado, ya que otorga a los dueños de partidos la capacidad decisoria ante cualquier conflicto, y una burla para el electorado, quien cree que está eligiendo a sus legisladores y sin embargo, en realidad ésta, en el caso de los dos partidos dictatoriales, seleccionando mandaderos (el Tribunal Electoral los cría y el META los junta). El pueblo debe exigir, antes del próximo proceso electoral, la anulación de dicha norma, y en caso que no se produzca, no votar por estos dos partidos, ni para sus legisladores, ya que en realidad estaría escogiendo personas con un bozal en la boca y una daga en el cuello.
Adicional a cualquier otra consideración, es evidente que la calidad del debate político está mermando. Así vemos que hay sujetos, en algunos casos muy doctos y llenos de títulos, que con total revocatoria de caballerosidad en sus escritos, lanzan indirectas e insinuaciones con respecto a la vida privada de las damas que integran y colaboran con el Poder Ejecutivo e, incluso, el Legislativo.