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“Sí se puede", pero no se quiere


EN UN PAÍS CUYA superficie alcanza los 77,326 km2 y con una población de apenas tres millones de habitantes, concurre simultáneamente una cantidad de problemas sociales, cuya complejidad y gravedad compiten con los de cualquier megápolis de nuestro continente.
Los niveles de pobreza y pobreza extrema que afectan a un considerable y creciente grupo de nuestros conciudadanos(as) no se compadece con los ingresos y grandes recursos derivados de nuestra economía, a pesar de su acentuado renglón terciario. De allí que tal como lo apuntalan organismos internacionales, Panamá ocupa dentro de la región parte de la pirámide de los países con mayor desigualdad en la distribución de la riqueza. Es así que, frente a los megapoyectos que dinamizan la actividad de la construcción, se alzan cinturones de miseria o de marginalidad como los enquistados en pleno corazón de la ciudad verb. Boca la Caja, San Sebastián, Curundú, Viejo Veranillo, El Chorrillo, algunos sectores de San Felipe y Bruklyncito. La marginalidad de la vivienda también la encontramos en las áreas periféricas y en otras suburbanas y rurales.
Un análisis consecuente de la problemática de la vivienda nos llevaría a reconocer que es compleja y difícil de resolver. De hecho, ocupa una constante en las asignaturas pendientes de los gobiernos de nuestros países y, aunque se impone reconocer que la titular de la cartera en nuestro medio, se muestra dinámica, pronta y activa en los asuntos que le conciernen, los recursos y los apoyos que se evidencian para una materia tan importante, parecen rezagados frente al esfuerzo que se realiza. Ello se manifiesta en las respuestas "apagafuegos" de los incendios intencional o accidentalmente desatados; a los desastres derivados de la fuerza de la naturaleza o del incumplimiento de normas urbanísticas, a propósito de lo cual hay un sector de Juan Díaz, clamando por la intervención gubernamental que prevenga un desastre.
La alimentación del panameño es un rubro que requeriría una intervención firme y decidida de las autoridades competentes, pero parece que las mismos han interpretado su papel como aliados incondicionales de los mercaderes que aumentan de manera progresiva el precio de los artículos de primera necesidad, como: arroz, frijoles, carnes, pan, leche, huevos, etc.; olvidando que la dieta del panameño es medular en estos artículos, y dicho aumento atenta contra la seguridad alimentaria, incrementando los niveles de pobreza y enfermedad. Recordemos que enfermedades que se habían abatido como la tuberculosis, han resurgido. A veces, para aparentar que se interesan por nuestro consumo, adoptan posturas declaratorias, cuya debilidad los retrata de cuerpo entero.
La corrupción y la seguridad son dos variables que no podemos dejar de resaltar en tanto representan ejes transversales de la maraña que corroe nuestra sociedad.
Pareciera inminente la necesidad de incorporar cursos acelerados de ética en nuestras estructuras en instituciones gubernamentales, pues pese lo mucho que se prometió en las lides de campaña, la realidad que nos agobia en esa tesitura le da un claro mentís a todas esas promesas, denotando así la falta de voluntad política para efectuar lo que se dijo que se iba a hacer.
El Organo Judicial, uno de los más cuestionados por la opinión pública, aún no ofrece suficientes evidencias de que su comportamiento se perfile más allá de majestuosas apariencias. Y qué decir del Legislativo, que continúa en su malsana práctica de aprobar a tambor batiente normas y leyes que riñen con la paz social y pública, tal como las recientes y muy cuestionadas reformas al Código Penal; no sólo por los artículos relativos a los delitos de violencia y contra el pudor sexual, sino además y, sobre todo, porque le dio un golpe mortal a la democracia al encarcelar la libertad de expresión, limitando el derecho a la información que tiene la ciudadanía y esposando el ejercicio de la profesión de los (as) periodistas.
La democracia en nuestro país está de duelo, pero no sólo porque nos aprueban normas y leyes que parecieran perseguir eliminar el disentimiento; es mayor su luto porque presos como estamos en nuestra inconsciencia, no fuimos capaces de hacer un frente común y organizados con quienes luchaban por resguardar aquellas conquistas que tanto costó a quienes bregaron por el respeto y cumplimiento de los Derechos Humanos, políticos y sociales.
Y es que reconocer el respeto de los derechos del hombre, de la mujer, y del ciudadano, cumplir con la democracia: "Sí se puede", pero no se quiere.
Los moradores consultados por Panamá América coincidieron con los agentes en que, aunque ellos quieran hacer el trabajo, no cuentan con los suficientes recursos para ello, lo que resulta preocupante.
En un paraje solitario fue encontrada Elisbeth.
¿Cree que hace falta más vigilancia policial en esta comunidad?
Dionisio Díaz: "En estos momentos estoy atemorizado por los delitos que se han cometido en esta comunidad que antes era tranquila. Yo tengo 30 años de vivir aquí y nunca habían ocurrido crímenes de este tipo".
Candelari a Sánchez: "Ahorita la seguridad está bien, pero antes se observaban pocos policías en el área. Pienso que los operativos se han incrementado debido a que recientemente encontraron muerta a una niña".
Gian Morales: "Tengo tres hermanas y considero que debe haber más agentes policiales en Cerro Azul. Ahora mis papás no envían a mis hermanas a la tienda, yo tengo que hacer las compras".
Oscar Navarro: "En esta comunidad necesitamos más vigilancia policial. Considero que los agentes necesitan más vehículos para poder hacer sus operativos".
Alfonso Arrocha: "Vivo en el sector de las Nubes; y en esta área no hay vigilancia policial. Considero que en la escuela Juan E. Jiménez también se deben intensificar los opertivos, pues aquí hay muchos niños y niñas que asisten a esta institución".

101 años de Panamá América

 
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