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Si yo fuera fiscal electoral


Años atrás, el genial Cantinflas nos deleitó con la farsa política: "Si yo fuera diputado". ¿Por qué, entonces, no hacerle una parodia al ex notario personal de Martín Torrijos, hoy convertido en Fiscal Electoral, y que enfrentará una de las elecciones más movidas que recuerde nuestra historia nacional? ¿Podrá ejercer ese cargo con la suficiente independencia y coraje para impedir que se usen los recursos del Estado en asuntos políticos, tal como ha sucedido en las dos últimas administraciones y se prevé puede ocurrir ahora?

Lo primero que yo haría en ese politizado cargo sería indagar a Balbina Herrera por esa trespatinesca propaganda que deja boquiabiertos a quienes la ven: "Mi compromiso es con Panamá". ¿Por qué nos dice eso? ¿Será qué tiene que demostrar que ella no responde a intereses extranjeros? ¿Será que intenta sugerirnos que otros candidatos están comprometidos fuera de Panamá? Una propaganda así supera el epíteto de surrealista.

Si yo fuera Fiscal Electoral no me bastaría que me indiquen que las donaciones recibidas son aquellas que el candidato enseña a los medios muy ordenadita: Mediante acción exhibitoria con auditores independientes, revisaría los libros de cada uno para ver qué es lo que de verdad reciben y cómo se pagan las cuentas. Las donaciones preferidas de todo candidato son las ecológicas, las verdes. Como las que Chávez enviaba a Cristina Kirchner en Argentina y de las cuales se pudieron detectar cinco millones de dólares. Son las mismas que desde el país del Sur se han enviado a candidatos en Nicaragua, México, Perú, Ecuador... Un balance entre lo que dicen recibir y lo que de verdad gastan podría darle una idea a la Fiscalía de lo que se recibe debajo de la mesa.

Una forma de evitar estas donaciones sería establecer como delito electoral: recibir efectivo, con un doble de pena para donante y receptor, si se comprueba vino del exterior; y hasta el triple si fue parte de un gobierno extranjero o de personas a él. Por lo menos se asustarían un poco.

Con la globalización los delitos se han sofisticado, lo que motiva su multiplicación; porque no pensar que también los electorales entran en esa categoría, sobre todo cuando un loco en Venezuela, creyendo que está llamado a ser un nuevo Bolívar, se siente con derecho a meter sus narices en procesos electorales de otros países.

Aunque nunca a Torrijos, por no poder controlarme, se le hubiera ocurrido nombrarme en ese delicado cargo, creo que Boris Barrios, que tanto le gusta usar la palabra "independiente" para definir sus vinculaciones políticas, debería tomar el toro por los cachos e innovar en esto de las contribuciones. No podemos aceptar que nadie intervenga en nuestros procesos electorales; menos quien ni siquiera maneja los suyos con transparencia.

gcochez@cableonda.net

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