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Si yo fuera Presidente… un sueño nada más


En ocasiones uno tiene extraños y raros “sueños”. Para unos son recuerdos agradables que afloran del subconsciente, para mí éste que tuve esa noche fue una pesadilla. En mi largo “sueño” me encuentro en una situación que me dejó medio asustado y después, cuando me desperté sentí que había sudado. Me preguntaba en el “sueño”, por supuesto, qué haría si fuera Presidente de la República.

Dormido me dije: “Tamaña responsabilidad! Tengo ante todo que ser muy honesto, trabajador incansable, justo y cumplir siempre con mis principios. Esas cualidades tengo que exigírselas a todos los que conmigo colaboren. Dar ejemplos con mi conducta a todos mis conciudadanos, que me vean siempre como una fuente de inspiración. Pensar en todo momento que el gobierno es efímero; que el tiempo no camina, sino que corre; que nada es eterno y que así como hoy estoy en la cima mañana puedo estar en el valle.

Actuar siempre como estadista y con humildad; ver los problemas en sus exactas dimensiones y no como un político con escasa visión.

Lograr las reformas constitucionales para que no sean un freno para mis planes y cambiar el Código Electoral para evitar las ventajas que hoy tiene para unos (los grandes) en detrimento de los otros (los chicos).

Si tengo esas cualidades o intenciones y me las aplico a mí mismo, y también se las exijo a mis subalternos, continué en mi “sueño”, todos los muchos y muy graves problemas que el país tiene como el transporte, la falta de seguridad, el alto costo de la vida, la deficiente educación y los malos servicios médicos y otros más, se irán resolviendo, unos más tempranos y otros más tarde, pero todos ellos tienen solución si hay buena voluntad”.

Desperté de mi “sueño” todavía sudando, pues me agitaba mucho al haber pensado, aunque fuera dormido, de la gran responsabilidad que tenía de ser Presidente.

Ya despierto y acordándome del “sueño” pensé, con simpatía y a la vez lástima, lo difícil que resulta para una persona, un presidente, manejar este país. Todos quieren que los problemas que hay se les resuelvan, pero quieren también que sus “prebendas” les sean mantenidas. Sus intereses particulares -dicen- son sagrados y están por encima de los derechos de los demás. No hay gremio que esté dispuesto a discutir, siquiera, su situación. Los problemas tienen que ser resueltos, hay amplia conciencia de ello, pero “no a mi costa”, así habla la mayoría de los panameños.

101 años de Panamá América

 
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