Sicopatología y delincuencia
Centraremos en este artículo la conceptualización del criminal como el sujeto que, bajo circunstancias sociales especiales y rasgos de personalidad determinados, es antes de llegar al acto, acting out, un delincuente.
De esa concepción se desprende que para que un sujeto sea peligroso para la sociedad no tiene por qué haber infringido la ley previamente, sino que éste puede ser en una estado anterior y permanecer latente.
Significa que el delito (ya sea por desequilibrios psíquicos o no) es definido en su estado anterior. En este aspecto en criminología se proponen dos denominaciones: "Peligrosos sociales" (potencialmente peligrosos y no han delinquido) y los peligrosos criminales (los que ya han cometido un delito).
Por otra parte, la psiquiatría identifica a los potencialmente peligrosos dentro de la categoría de patologías de la personalidad, donde se ubican las sociopatías y las psicopatías. Estos individuos se caracterizan por ser impulsivos, agresivos, antisociales, ego sintónicos, con tendencia a la repetición.
También podemos ubicar otros diagnósticos que dentro de la psiquiatría nos permiten visualizar grados de peligrosidad, sobre todo si el sujeto no está bajo tratamiento profesional, estos son los casos de psicosis paranoica, el sujeto con delirios de persecución, que se siente engañado, ultrajado, sin razones reales.
Y, por el otro lado, el de las celopatías, muy comunes en nuestra sociedad, en los cuales por lo general el individuo termina matando a su pareja y a la vez suicidándose.
A inicios del siglo pasado Sigmund Freud , había propuesto la posibilidad de ver ciertos perfiles delincuenciales con un trasfondo neurótico.
Desde esa perspectiva, el sujeto actúa lo reprimido; es decir, lo que no puede ser rememorado se repite en la conducta. Por ello, las estadísticas lo ratifican: "el que delinque una vez, generalmente reincide".
Claro que factores ambientales como la eficacia en la aplicación y consecución de penas son determinantes, pero factores subjetivos no deben ser obviados. Lo que queremos plantear es que un delincuente bajo un trasfondo neurótico, es un individuo compulsivo, repite una y otra vez la misma conducta, y por más veces que se castigue, reincidirá porque para él el castigo no opera igual que para un sujeto normal. Lo mismo ocurre con los casos de sicopatología de la personalidad. Por ello el enfoque sociológico de la resocialización no es cien por ciento efectivo, ya que plantea una normatividad que no es aplicativa para casos especiales.
Con respecto al sistema policíaco y judicial, su función paliativa se debe dar de forma constante y no temporal.
El crecimiento de la población, la migración de áreas rurales a urbanas, etc., son factores que inducen a una mayor inversión del Estado en recursos, lo cual incluye equipos y material para combatir el crimen de forma eficiente.
En parte, ese crecimiento demográfico, va ligado al crecimiento de la criminalidad, porque la simple y progresiva transformación de una sociedad rural a urbana implica el surgimiento de estrés colectivo.
Ahora bien, la función del Estado es la de brindar seguridad y a la vez sacar de circulación al sujeto que delinque, disminuyendo el peligro en las calles, evitando de por sí la reincidencia. Pero "ojo", el problema es que mientras se retira del medio un porcentaje habitual de criminales, otro porcentaje se está incubando en una sociedad que crea las condiciones para que nuevos delincuentes se formen.
El ambiente social, caracterizado por una autoridad política descalificada por el discurso común y corriente, cierta flexibilidad moral, impunidad, desequilibrio socioeconómico, desintegración familiar, son factores que combinados brindan una perspectiva obscura sobre las posibilidades de una real disminución de este problema.
Por eso hemos situado el problema desde dos perspectivas: Una que implica la intervención paliativa de el sistema policíaco, que tiene que ver con el peligroso criminal; y la otra que tiene que ver con la intervención primaria, es decir la relacionada con el peligroso social (el que no a delinquido), y en esta última el profesional de la salud mental tiene un papel fundamental.
De esa concepción se desprende que para que un sujeto sea peligroso para la sociedad no tiene por qué haber infringido la ley previamente, sino que éste puede ser en una estado anterior y permanecer latente.
Significa que el delito (ya sea por desequilibrios psíquicos o no) es definido en su estado anterior. En este aspecto en criminología se proponen dos denominaciones: "Peligrosos sociales" (potencialmente peligrosos y no han delinquido) y los peligrosos criminales (los que ya han cometido un delito).
Por otra parte, la psiquiatría identifica a los potencialmente peligrosos dentro de la categoría de patologías de la personalidad, donde se ubican las sociopatías y las psicopatías. Estos individuos se caracterizan por ser impulsivos, agresivos, antisociales, ego sintónicos, con tendencia a la repetición.
También podemos ubicar otros diagnósticos que dentro de la psiquiatría nos permiten visualizar grados de peligrosidad, sobre todo si el sujeto no está bajo tratamiento profesional, estos son los casos de psicosis paranoica, el sujeto con delirios de persecución, que se siente engañado, ultrajado, sin razones reales.
Y, por el otro lado, el de las celopatías, muy comunes en nuestra sociedad, en los cuales por lo general el individuo termina matando a su pareja y a la vez suicidándose.
A inicios del siglo pasado Sigmund Freud , había propuesto la posibilidad de ver ciertos perfiles delincuenciales con un trasfondo neurótico.
Desde esa perspectiva, el sujeto actúa lo reprimido; es decir, lo que no puede ser rememorado se repite en la conducta. Por ello, las estadísticas lo ratifican: "el que delinque una vez, generalmente reincide".
Claro que factores ambientales como la eficacia en la aplicación y consecución de penas son determinantes, pero factores subjetivos no deben ser obviados. Lo que queremos plantear es que un delincuente bajo un trasfondo neurótico, es un individuo compulsivo, repite una y otra vez la misma conducta, y por más veces que se castigue, reincidirá porque para él el castigo no opera igual que para un sujeto normal. Lo mismo ocurre con los casos de sicopatología de la personalidad. Por ello el enfoque sociológico de la resocialización no es cien por ciento efectivo, ya que plantea una normatividad que no es aplicativa para casos especiales.
Con respecto al sistema policíaco y judicial, su función paliativa se debe dar de forma constante y no temporal.
El crecimiento de la población, la migración de áreas rurales a urbanas, etc., son factores que inducen a una mayor inversión del Estado en recursos, lo cual incluye equipos y material para combatir el crimen de forma eficiente.
En parte, ese crecimiento demográfico, va ligado al crecimiento de la criminalidad, porque la simple y progresiva transformación de una sociedad rural a urbana implica el surgimiento de estrés colectivo.
Ahora bien, la función del Estado es la de brindar seguridad y a la vez sacar de circulación al sujeto que delinque, disminuyendo el peligro en las calles, evitando de por sí la reincidencia. Pero "ojo", el problema es que mientras se retira del medio un porcentaje habitual de criminales, otro porcentaje se está incubando en una sociedad que crea las condiciones para que nuevos delincuentes se formen.
El ambiente social, caracterizado por una autoridad política descalificada por el discurso común y corriente, cierta flexibilidad moral, impunidad, desequilibrio socioeconómico, desintegración familiar, son factores que combinados brindan una perspectiva obscura sobre las posibilidades de una real disminución de este problema.
Por eso hemos situado el problema desde dos perspectivas: Una que implica la intervención paliativa de el sistema policíaco, que tiene que ver con el peligroso criminal; y la otra que tiene que ver con la intervención primaria, es decir la relacionada con el peligroso social (el que no a delinquido), y en esta última el profesional de la salud mental tiene un papel fundamental.