A siete años del 11 de Septiembre
Se cumplen siete años del fatídico 11 de septiembre de 2001, cuyos atentados terroristas acabaron con 3,000 vidas en Nueva York y en Washington, causando la consternación mundial y un sentimiento universal de solidaridad. Desafortunadamente, persisten dos frentes de guerra contra el terrorismo: donde la violencia sectaria no ha cesado. Afganistán, la acción punitiva más larga que la Segunda Guerra Mundial, legitimada por Naciones Unidas en la infructuosa búsqueda de Osama Bin Laden; y la guerra de Irak, cuyos costos humanitarios, financieros y en infraestructuras resultan incalculables, con el agravante de la falta de credibilidad, porque las armas de destrucción masiva nunca fueron halladas.
Mientras, persisten atentados suicidas y bombardeos indiscriminados que han ocasionado miles de víctimas civiles, acciones que pudieran configurar crímenes de guerra y de lesa humanidad. Al mismo tiempo, más de 300 mil soldados estadounidenses permanecen fuera de casa, con más de cinco mil muertos y miles de heridos. La guerra de Afganistán es una operación militar de 40 países que incluyen a 70,000 militares extranjeros, 130,000 soldados y policías afganos dotados de un arsenal tecnológico frente a la resistencia de 20,000 combatientes talibanes y milicias tribales.
Afganistán, desolado por la pobreza y el hambre, sólo cultiva el opio, hoy se perfila como un desafío de largo plazo en la estrategia de seguridad estadounidense que enfrenta la desconfianza de una opinión pública preocupada por la presencia indefinida de sus hijos en el frente de batalla. Ello proyecta un desgaste político y diplomático, el cual podría llevar a un fracaso colectivo contra el terrorismo. Como advirtiera Henry Kissinger: "el Ejército convencional pierde si no gana, en tanto que la guerrilla gana si no pierde". Precisamente, porque la victoria no puede medirse en términos militares por el número de soldados ni medios tecnológicos de guerra, pues el factor tiempo conspira contra las fuerzas ocupantes y favorece a la resistencia.
La crisis permanente en el Medio Oriente, las tensiones étnicas y religiosas, la contención nuclear de Irán, la inestabilidad del convulsionado Pakistán con arsenales con más de cincuenta ojivas nucleares; la estrategia del escudo defensivo de la OTAN involucrando a las ex repúblicas soviéticas ha generado tensiones en el mapa geopolítico del Cáucaso, donde las inmensas reservas de hidrocarburos y petroleros del Mar Caspio reviven la vieja teoría geopolítica de Halford John Mackinder, quien sentenciará en 1904 que: "La potencia que domine el espacio euroasiático dominará el mundo".
Los conflictos irresueltos son un detonante que causa la alerta en la agenda del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que debe abogar por soluciones pacíficas y la proscripción al uso de la fuerza como presupuesto para la paz.
La humanidad ha sufrido demasiado y la opinión pública internacional está urgida de un liderazgo responsable, comprometido con la diplomacia humanitaria. La contienda electoral de noviembre próximo en Estados Unidos puede ser una extraordinaria oportunidad para generar un discurso conciliador en favor de la paz y la seguridad internacional. El pueblo estadounidense tiene la palabra.