Siglo XX, Panamá y EE.UU. (I)
Dudo que el siglo XX tenga paralelo con algún otro de los siglos antes o después de Cristo (o quizás la suma de todos juntos). Jamás se había visto tanta tecnología evolucionar en un período tan corto y de una manera tan dramática. Jamás se erradicaron tantas enfermedades, ni tampoco hubo tantos esfuerzos por hacer que la información y educación académica estuviesen disponibles a todas las clases sociales del globo terráqueo. Nunca antes se vieron tantas tiranías e ideologías acéfalas defenestrarse a lo ridículo durante un mismo siglo por su propio peso o por medio de la fuerza de elementos más equitativos y nobles ajenos a esas nefastas ópticas.
Sin embargo, aproximadamente el 50% de los decesos por efectos bélicos desde el molesto Caín hasta el último de los conflictos en Kosovo, han sido durante nuestro siglo XX. Finalmente, dudo si en algún siglo se vieron tantos poderes intervencionistas e imperialistas mundiales desaparecer o reducirse a espectadores. Los conocedores de política exterior nos recuerdan que ser una potencia mundial e intentar ser "buena gente" no es muy fácil, debido a la triste realidad que existen múltiples e intrincadas influencias dentro de su maquinaria gubernamental y su economía. No todo lo que escuchamos desde el púlpito es irrefutable, ni tampoco el cuervo tiene patente sobre su estridente graznar. El bolígrafo y el cincel, al igual que la verdad, pueden ser lancerantes dependiendo del norte de cada uno.
Panamá tuvo, en parte, la fortuna de ser considerada útil para los EE.UU. durante ese siglo y por consiguiente, ambas naciones lucraron mutuamente de esta relación "senior/junior partners". Existen argumentos muy sólidos por parte de ambos socios sobre quién se benefició más y quién fue el que actuó" en mejor fe, mientras que el otro fue algo vejado. Lo que es irrefutable es que de todas las potencias e imperios mundiales que pintaban en ese entonces, tuvimos los panameños la suerte de que el "menos malo" de todos esos colosos nos considerara la ruta de tránsito marítimo más viable para sus planes expansionistas. También es irrefutable que EU cometió múltiples errores e imprudencias con nosotros, en gran parte por su juventud como poder y por su miopía política en el ámbito internacional; era como un novillo suelto y desbocado en una pequeña sala llena de fina vajilla. Esta última flaqueza ha continuado siendo la mayor debilidad gubernamental de los EE.UU., muy especialmente con su vecindario (Latinoamérica y las Antillas), aunque es obvio que existen sinceros esfuerzos por parte del coloso de aminorar este evidente abismo evitando, a su vez, sacrificar algo de su control e influencia sobre esa área geográfica.
En 1900, los Estados Unidos entra al siglo XX como el emergente infante terrible, frente a los demás poderíos mundiales después de haber culminado en 1898 la agenda iniciada por Napoleón ochenta años antes, terminaba de balcanizar el ya moribundo Imperio Español. Los EE.UU. no podían quedarse atrás de la evidente carrera armamentista e imperialista que había estallado entre el selecto grupo de Big Boys (Inglaterra, Francia, Rusia, Japón, Austria, y la recién formada federación de principados germánicos que se llamó Alemania). Mientras estos otros imperios imprudentemente manifestaban sus deseos de formar alianzas y entrar en conflictos bélicos entre ellos mismos, EE.UU. todavía mostraba grandes heridas (600,000 muertos) aún sin sanar de su dantesca guerra civil 40 años antes y por consiguiente, haciéndole imposible al "establishment" gringo motivar a su ahora colchado electorado embarcarse en conflictos donde no era fácil obtener una súbita y barata victoria. Lo extenso de la relación España, EE.UU. y Panamá es extensa, así que continuaremos próximamente.
Sin embargo, aproximadamente el 50% de los decesos por efectos bélicos desde el molesto Caín hasta el último de los conflictos en Kosovo, han sido durante nuestro siglo XX. Finalmente, dudo si en algún siglo se vieron tantos poderes intervencionistas e imperialistas mundiales desaparecer o reducirse a espectadores. Los conocedores de política exterior nos recuerdan que ser una potencia mundial e intentar ser "buena gente" no es muy fácil, debido a la triste realidad que existen múltiples e intrincadas influencias dentro de su maquinaria gubernamental y su economía. No todo lo que escuchamos desde el púlpito es irrefutable, ni tampoco el cuervo tiene patente sobre su estridente graznar. El bolígrafo y el cincel, al igual que la verdad, pueden ser lancerantes dependiendo del norte de cada uno.
Panamá tuvo, en parte, la fortuna de ser considerada útil para los EE.UU. durante ese siglo y por consiguiente, ambas naciones lucraron mutuamente de esta relación "senior/junior partners". Existen argumentos muy sólidos por parte de ambos socios sobre quién se benefició más y quién fue el que actuó" en mejor fe, mientras que el otro fue algo vejado. Lo que es irrefutable es que de todas las potencias e imperios mundiales que pintaban en ese entonces, tuvimos los panameños la suerte de que el "menos malo" de todos esos colosos nos considerara la ruta de tránsito marítimo más viable para sus planes expansionistas. También es irrefutable que EU cometió múltiples errores e imprudencias con nosotros, en gran parte por su juventud como poder y por su miopía política en el ámbito internacional; era como un novillo suelto y desbocado en una pequeña sala llena de fina vajilla. Esta última flaqueza ha continuado siendo la mayor debilidad gubernamental de los EE.UU., muy especialmente con su vecindario (Latinoamérica y las Antillas), aunque es obvio que existen sinceros esfuerzos por parte del coloso de aminorar este evidente abismo evitando, a su vez, sacrificar algo de su control e influencia sobre esa área geográfica.
En 1900, los Estados Unidos entra al siglo XX como el emergente infante terrible, frente a los demás poderíos mundiales después de haber culminado en 1898 la agenda iniciada por Napoleón ochenta años antes, terminaba de balcanizar el ya moribundo Imperio Español. Los EE.UU. no podían quedarse atrás de la evidente carrera armamentista e imperialista que había estallado entre el selecto grupo de Big Boys (Inglaterra, Francia, Rusia, Japón, Austria, y la recién formada federación de principados germánicos que se llamó Alemania). Mientras estos otros imperios imprudentemente manifestaban sus deseos de formar alianzas y entrar en conflictos bélicos entre ellos mismos, EE.UU. todavía mostraba grandes heridas (600,000 muertos) aún sin sanar de su dantesca guerra civil 40 años antes y por consiguiente, haciéndole imposible al "establishment" gringo motivar a su ahora colchado electorado embarcarse en conflictos donde no era fácil obtener una súbita y barata victoria. Lo extenso de la relación España, EE.UU. y Panamá es extensa, así que continuaremos próximamente.