Significado de una huelga nacional
Hace aproximadamente tres meses le dedicamos un artículo, en este diario que nos ha brindado hospitalidad agradecida, a la crisis de la Caja de Seguro Social (CSS), en sus iniciales concreciones financieras, y titulamos ese escrito “Catástrofe en la CSS” Nuestra segunda colaboración en ese tema respondió a la denominación de “Caja de Seguro Social, S.O.S”. Ambos textos se propusieron llamar la atención relativamente al fondo del problema: el amenazante desplome económico de esa importante institución de seguridad social panameña. No hacemos incursiones semanales ante la opinión pública porque nos figuremos ser monopolizadores de la verdad o del acierto, sino con la intención de contribuir modestamente al análisis de la problemática nacional.
La transformación del tema de la crisis financiera del Seguro Social en un problema político de dimensiones nacionales ocurrió el jueves 11 de septiembre (coincidencia aparatosa con el acto terrorista neoyorquino). Algunos grupos de obreros habían declarado ya, pocos días antes, su apoyo a los empleados de la Caja, quienes se hicieron beligerantes en la suspensión de labores, medidas que comenzaron a colorear la situación hacia el ángulo político. El gobierno actual decidió responder con una fuerte represión policiva, que se escenificó, incluso, dentro de las oficinas centrales del Seguro y hasta dentro del cuarto de urgencias y otras salas del Hospital Metropolitano de la CSS. Esta acción policiva tuvo que caldear los ánimos y convirtió la acción de los empleados del Seguro de la capital en brusca reyerta de todos los empleados de la Caja.
En ese clima, la manifestación capitalina del viernes 12 de septiembre, pacífica y con simple custodia de la Policía, acto en el cual ya participaron delegaciones de trabajadores y empleados del interior, mostró la cara sintomática de una posición de reclamo generalizado.
Nos excusará el lector que expresemos algunos criterios en cuanto a la situación política general, en el sentido profundo de condiciones reales del país, porque tal es el caldo de cultivo que está propiciando el paso de la crisis del Seguro, que es de exclusivo carácter financiero, a planteamientos de posiciones de repercusión colectiva mucho más amplia.
La forma como se ha desarrollado la vida nacional, a todo lo largo del siglo XX, la consideramos como la más clara prueba de que no somos, colectivamente, una nación organizada, en lo más mínimo, sino que la Patria ha sido gobernada desde 1903 por una oligarquía en un principio aristocrática, de supuesta sangre azul, que con el paso de los años y su desarrollo presionado por el aumento vegetativo y constante de la población y del capital extranjero, se ha convertido en una oligarquía plutocrática, en la que sólo vale el poderoso caballero, don dinero. Esa oligarquía plutocrática pasó por la crisis política del Golpe de Cuartel del 11 de octubre de 1968, que luego degeneró en narcodictadura norieguista, que debido a la desorganización nacional, sufrió el trauma de la invasión norteamericana de 1989.
Todos sabemos que el sistema electoral panameño es únicamente el recurso viciado a través del cual la oligarquía plutocrática se turna en el mando gubernativo del país. Es la única forma “pacífica” de gobierno, con mucho dinero y con muchos fraudes recubiertos pobremente de legalidad, como ha sido el caso de las partidas circuitales que llegaron al extremo de ser consignadas en el Presupuesto Nacional, pese a su naturaleza de soborno, abierto y disimulado. En resumen, esta metodología gubernamental es lo que algunos llaman “democracia”.
En las últimas décadas hemos llegado al summum (colmo) de la ultradegradación institucional, porque ya no son las formas de negocios aparentemente legítimos las que prevalecen en la cosa pública, sino el delito económico impune y descarado, que desde los de arriba, ya ha contagiado a los de abajo. Los desfalcos últimos, al estilo del de la construcción de viviendas “de carácter social” (léase de pobres de solemnidad y programa Parvis); el desfalco último del Banco Nacional y ahora mismo el de la Lotería Nacional, sólo han señalado a los mandos medios, como si éstos pudieran actuar sin el ejemplo y la acción de los altos mandos, que algunos califican poéticamente de “monos gordos”.
El Gobierno Nacional continúa en su plan de acción, pues puso la primera piedra con la Resolución que decretó la “remoción provisional” (frase jurídicamente incomprensible, pues no se ha publicado esa resolución, sino que algunos diarios han informado al respecto) del Sr. Jované, y al día siguiente se le dio posesión al sub-director general, parece que como encargado, quien declaró que pronto habría un nuevo proyecto de presupuesto para la Caja. Entonces, los gremios (CONATO, CONUSI, enfermeras, empleados públicos, etc., etc.) que se reunieron el domingo último en el Paraninfo de la Universidad de Panamá, brindado galantemente por su todavía rector Vallarino, han decidido que este martes, ayer, se iniciaría una Huelga Nacional, y según la prensa diaria (no hemos leído ninguna resolución formal) los objetivos “fundamentales” de la misma son los siguientes: el reintegro de Juan Jované como director de la CSS, que se apruebe el presupuesto original presentado por el supradicho y que no se privatice la institución (La Prensa, del lunes 15 de septiembre). “Los trabajadores también exigieron la separación de Roberto Valencia y de su suplente Eduardo Castañedas y de Erasmo Muñoz, representante de los obreros y presidente de la Junta Directiva de la Caja, por considerarlos traidores a la clase obrera”, al apoyar la remoción de Jované, y también exigieron la separación inmediata del recién nombrado subdirector de la Caja, señor Rodrigo Esquivel, pero no se informa quién lo nombró, pues se acababa de designar al subdirector conocido, como encargado.
No puede olvidarse que en los llamados Diálogos Nacionales, que se vinieron reuniendo hace dos años, a los que asistió el gobierno actual, se buscaba alcanzar acuerdos que presentaran resultado “de consenso” sobre la Reforma Tributaria, el Seguro Social y otros problemas. Esos Diálogos se celebraron y terminaron sin pena ni gloria, incluso el del Seguro Social, porque de lo que se trataba realmente era de que el tiempo pasara, y que el próximo gobierno, ya a la vista, se encargara de la factura y del muerto.
Volviendo a los objetivos de la Huelga Nacional, advertimos que el verdadero y real problema de la Caja de Seguro Social, el de su desastre financiero actual acumulado durante largos años, y el de su desplome económico inminente, parece que ni siquiera han sido mencionados como objetivos. Nosotros los jubilados y nos parece también que los asegurados, cada cual como persona, deseábamos que se nos tomara en cuenta, como los verdaderos perjudicados inmediatos del caos financiero de la Caja y de su desplome económico, resultados del absurdo manejo de la misma desde hace muchos años.
Creemos que no se puede decir más, por ahora, puesto que no sabemos qué ocurrirá en “My Name is Panamá”, un país que desde noviembre de 1903 no ha tenido gobiernos que se interesen por sus problemas generales, con una, dos o tres excepciones como máximo, y país que tampoco ha podido generar fuerzas sociales de rectificación de los desastres gubernamentales.
Se nos olvidaba que estos días parecen ser los de la celebración del Centenario; y también parece que para algunos, y no para otros.
La transformación del tema de la crisis financiera del Seguro Social en un problema político de dimensiones nacionales ocurrió el jueves 11 de septiembre (coincidencia aparatosa con el acto terrorista neoyorquino). Algunos grupos de obreros habían declarado ya, pocos días antes, su apoyo a los empleados de la Caja, quienes se hicieron beligerantes en la suspensión de labores, medidas que comenzaron a colorear la situación hacia el ángulo político. El gobierno actual decidió responder con una fuerte represión policiva, que se escenificó, incluso, dentro de las oficinas centrales del Seguro y hasta dentro del cuarto de urgencias y otras salas del Hospital Metropolitano de la CSS. Esta acción policiva tuvo que caldear los ánimos y convirtió la acción de los empleados del Seguro de la capital en brusca reyerta de todos los empleados de la Caja.
En ese clima, la manifestación capitalina del viernes 12 de septiembre, pacífica y con simple custodia de la Policía, acto en el cual ya participaron delegaciones de trabajadores y empleados del interior, mostró la cara sintomática de una posición de reclamo generalizado.
Nos excusará el lector que expresemos algunos criterios en cuanto a la situación política general, en el sentido profundo de condiciones reales del país, porque tal es el caldo de cultivo que está propiciando el paso de la crisis del Seguro, que es de exclusivo carácter financiero, a planteamientos de posiciones de repercusión colectiva mucho más amplia.
La forma como se ha desarrollado la vida nacional, a todo lo largo del siglo XX, la consideramos como la más clara prueba de que no somos, colectivamente, una nación organizada, en lo más mínimo, sino que la Patria ha sido gobernada desde 1903 por una oligarquía en un principio aristocrática, de supuesta sangre azul, que con el paso de los años y su desarrollo presionado por el aumento vegetativo y constante de la población y del capital extranjero, se ha convertido en una oligarquía plutocrática, en la que sólo vale el poderoso caballero, don dinero. Esa oligarquía plutocrática pasó por la crisis política del Golpe de Cuartel del 11 de octubre de 1968, que luego degeneró en narcodictadura norieguista, que debido a la desorganización nacional, sufrió el trauma de la invasión norteamericana de 1989.
Todos sabemos que el sistema electoral panameño es únicamente el recurso viciado a través del cual la oligarquía plutocrática se turna en el mando gubernativo del país. Es la única forma “pacífica” de gobierno, con mucho dinero y con muchos fraudes recubiertos pobremente de legalidad, como ha sido el caso de las partidas circuitales que llegaron al extremo de ser consignadas en el Presupuesto Nacional, pese a su naturaleza de soborno, abierto y disimulado. En resumen, esta metodología gubernamental es lo que algunos llaman “democracia”.
En las últimas décadas hemos llegado al summum (colmo) de la ultradegradación institucional, porque ya no son las formas de negocios aparentemente legítimos las que prevalecen en la cosa pública, sino el delito económico impune y descarado, que desde los de arriba, ya ha contagiado a los de abajo. Los desfalcos últimos, al estilo del de la construcción de viviendas “de carácter social” (léase de pobres de solemnidad y programa Parvis); el desfalco último del Banco Nacional y ahora mismo el de la Lotería Nacional, sólo han señalado a los mandos medios, como si éstos pudieran actuar sin el ejemplo y la acción de los altos mandos, que algunos califican poéticamente de “monos gordos”.
El Gobierno Nacional continúa en su plan de acción, pues puso la primera piedra con la Resolución que decretó la “remoción provisional” (frase jurídicamente incomprensible, pues no se ha publicado esa resolución, sino que algunos diarios han informado al respecto) del Sr. Jované, y al día siguiente se le dio posesión al sub-director general, parece que como encargado, quien declaró que pronto habría un nuevo proyecto de presupuesto para la Caja. Entonces, los gremios (CONATO, CONUSI, enfermeras, empleados públicos, etc., etc.) que se reunieron el domingo último en el Paraninfo de la Universidad de Panamá, brindado galantemente por su todavía rector Vallarino, han decidido que este martes, ayer, se iniciaría una Huelga Nacional, y según la prensa diaria (no hemos leído ninguna resolución formal) los objetivos “fundamentales” de la misma son los siguientes: el reintegro de Juan Jované como director de la CSS, que se apruebe el presupuesto original presentado por el supradicho y que no se privatice la institución (La Prensa, del lunes 15 de septiembre). “Los trabajadores también exigieron la separación de Roberto Valencia y de su suplente Eduardo Castañedas y de Erasmo Muñoz, representante de los obreros y presidente de la Junta Directiva de la Caja, por considerarlos traidores a la clase obrera”, al apoyar la remoción de Jované, y también exigieron la separación inmediata del recién nombrado subdirector de la Caja, señor Rodrigo Esquivel, pero no se informa quién lo nombró, pues se acababa de designar al subdirector conocido, como encargado.
No puede olvidarse que en los llamados Diálogos Nacionales, que se vinieron reuniendo hace dos años, a los que asistió el gobierno actual, se buscaba alcanzar acuerdos que presentaran resultado “de consenso” sobre la Reforma Tributaria, el Seguro Social y otros problemas. Esos Diálogos se celebraron y terminaron sin pena ni gloria, incluso el del Seguro Social, porque de lo que se trataba realmente era de que el tiempo pasara, y que el próximo gobierno, ya a la vista, se encargara de la factura y del muerto.
Volviendo a los objetivos de la Huelga Nacional, advertimos que el verdadero y real problema de la Caja de Seguro Social, el de su desastre financiero actual acumulado durante largos años, y el de su desplome económico inminente, parece que ni siquiera han sido mencionados como objetivos. Nosotros los jubilados y nos parece también que los asegurados, cada cual como persona, deseábamos que se nos tomara en cuenta, como los verdaderos perjudicados inmediatos del caos financiero de la Caja y de su desplome económico, resultados del absurdo manejo de la misma desde hace muchos años.
Creemos que no se puede decir más, por ahora, puesto que no sabemos qué ocurrirá en “My Name is Panamá”, un país que desde noviembre de 1903 no ha tenido gobiernos que se interesen por sus problemas generales, con una, dos o tres excepciones como máximo, y país que tampoco ha podido generar fuerzas sociales de rectificación de los desastres gubernamentales.
Se nos olvidaba que estos días parecen ser los de la celebración del Centenario; y también parece que para algunos, y no para otros.