Sigue Bush cosechando
Cuando era notorio, poco tiempo atrás, que los Estados Unidos triunfarían, por su gran potencia bélica, en la guerra contra Saddam Hussein y su despótico gobierno, un artículo nuestro denominado "La Guerra-Destape" tuvo cabida en la generosidad que nos ha dispensado El Panamá América.
Aludíamos con la palabra destape a la situación social y religiosa que se desató en España, desde el día siguiente a la muerte del "inmortal" tirano Francisco Franco, situación que le dio un viraje redondo al fanatismo franquista y rápidamente el pueblo, como por encanto, se acogió a los moldes de moralidad prevalecientes en el mundo extranjero, aprovechando el fallecimiento del Inquisidor.
Decíamos en ese artículo que el "destape" que estaba muy próximo en Irak, "va camino de colocar a los Estados Unidos en un insospechado, sorpresivo, disparadero internacional", en el cual veíamos ya innegables síntomas de una guerra "indefensa y demoledora, saqueo generalizado por quiebra del orden público, restauración religiosa de las dos terceras partes de la población (chiítas) que en grandes masas salió del gheto musulmán a que las confinó Saddam por largos años, acompañadas de privación de alimentos, electricidad y agua potable, un verdadero caos".
Agregábamos que "los síntomas son extraordinariamente peligrosos, pues sectores sociales diversos y mayoritarios en Irak ya le agradecen de viva voz a Estados Unidos que los hubiera liberado del tiránico discípulo de Stalin, el del Archipiélago GULAG, pero al mismo tiempo han levantado el puño del anti-americanismo, con petición al Ojo del Filipo, para que abandone a Irak, y no se haga cada vez más hondo el desastre ya iniciado en cuanto a saqueo, destrucción y robo del patrimonio histórico nacional, anarquía, vandalaje, desgobierno, que será difícil convertir al "bien" de los buenos que es la democracia occidental, a tan paradójico y fraccionado conjunto de fanáticos, de terroristas, de secuestradores, de adictos al suicidio como instrumento de exterminio político, que puede ser un factor desencadenante, viendo en perspectiva, de una tercera guerra mundial, en la que se emplearían los instrumentos de destrucción militar quintaesenciada, situación abierta hacia un verdadero desastre de dimensiones universales, que quién sabe cuáles consecuencias traería semejante confrontación absurda, que tal vez podría ser la última aventura bélica de la humanidad, por mucho tiempo".
No somos profetas de nada, ni nos place tan adivina ejecutoria, pero se trataba de nuestros temores o de nuestros presagios, como quiera tomárselos. Si ese artículo hubiera sido publicado en Norteamérica en uno de sus grandes periódicos, o en la Europa occidental, estaríamos ya gozando de una fama muy mal ganada de "experto en asuntos internacionales", porque no lo somos, pero hasta podría ser que se nos abrieran las páginas que pagan mucho dinero por las colaboraciones que solicitan a ciertos fetiches del elenco propagandístico hecho en tales países. Panamá es otra cosa; un país sin peso alguno en la política internacional de las potencias bélicas y económicas de hoy; y a lo que se dice en Panamá, no hay que hacerle caso, ni siquiera puede ser conocido en aquellos altos medios universales.
Unicamente a personajes de gran valimiento mundial, como han sido los dos presidentes de la dinastía Bush, en Norteamérica, se les hace caso o pueden lograr que se les haga caso. El primero ordenó una innecesaria invasión a Panamá, de cerca de 30 mil soldados, con todos los armamentos y aparejos de la guerra moderna, para llevarse al narcodictador Noriega y aplastar a su pequeña elite de la Guardia Nacional (unos cinco mil aprendices de soldados, que la misma Norteamérica entrenó), con el pasivo de unos 500 panameños muertos, como máximo, y unos mil heridos, más los saqueos de un pueblo hambriento que se aprovechó de la quiebra del orden público nacional, por obra y gracia de la invasión. Lo que está haciendo el segundo Bush no necesita que se le reitere un artículo publicado por un panameño. Pero el mundo entero está presenciando sus hazañas en Afganistán y ahora en Kuwait y en Irak, cuando está comenzando un verdadero vía crucis de peligros y amenazas internacionales, de consecuencias bélicas que ojalá no lleven a nuestro planeta a una tercera guerra mundial, que sin duda alguna (y esto no es profecía, sino realidad predecible) traerá millones de muertos y gran destrucción, más otros males ya experimentados (hambre, dislocación económica, etc.). Este ejercicio de Casandra no es muy grato y pueda ser que no tengamos que volver al tema o a otro parecido.
Rogelio Caisamo se apoyó en la historia de terrenos “que nos pertenecen porque aquí hemos vivido desde siempre”. Su narración fue fluida y citaba con precisión años y nombres.
Emilio, el presidente de la Cultura, señaló que para 1968, la población era de apenas unas 40 ó 50 personas. Ahora son 475 en tres corregimientos y no dejaremos “que nos saquen de ti”.
Antes de concluir el congreso era necesario volver a danzar. Las mujeres lo hicieron en principio y lo repetirían con un número contagioso en el que la más pequeña, de unos cuatro años, se movía al ritmo del carrizo y la caja del conjunto de Emilio.
El baile, según nos explicó Yazury Teucamo, de la Fundación Dobo Yala y presidenta de la Asociación de Mujeres, se llama “danza del mono”.
Las bailarinas, unas 12, saltaban en hilera y recogían sus cuerpos de arriba abajo, tal como el nombre del número lo sugería. Se llevaban las manos a la cabeza y danzaban en círculo.
Los hombres se les unieron luego. El acto se extendió por casi tres horas y los emberás, que es la única etnia radicada en Mogue, se esmeraron porque todo saliera bien y así fue.
Aludíamos con la palabra destape a la situación social y religiosa que se desató en España, desde el día siguiente a la muerte del "inmortal" tirano Francisco Franco, situación que le dio un viraje redondo al fanatismo franquista y rápidamente el pueblo, como por encanto, se acogió a los moldes de moralidad prevalecientes en el mundo extranjero, aprovechando el fallecimiento del Inquisidor.
Decíamos en ese artículo que el "destape" que estaba muy próximo en Irak, "va camino de colocar a los Estados Unidos en un insospechado, sorpresivo, disparadero internacional", en el cual veíamos ya innegables síntomas de una guerra "indefensa y demoledora, saqueo generalizado por quiebra del orden público, restauración religiosa de las dos terceras partes de la población (chiítas) que en grandes masas salió del gheto musulmán a que las confinó Saddam por largos años, acompañadas de privación de alimentos, electricidad y agua potable, un verdadero caos".
Agregábamos que "los síntomas son extraordinariamente peligrosos, pues sectores sociales diversos y mayoritarios en Irak ya le agradecen de viva voz a Estados Unidos que los hubiera liberado del tiránico discípulo de Stalin, el del Archipiélago GULAG, pero al mismo tiempo han levantado el puño del anti-americanismo, con petición al Ojo del Filipo, para que abandone a Irak, y no se haga cada vez más hondo el desastre ya iniciado en cuanto a saqueo, destrucción y robo del patrimonio histórico nacional, anarquía, vandalaje, desgobierno, que será difícil convertir al "bien" de los buenos que es la democracia occidental, a tan paradójico y fraccionado conjunto de fanáticos, de terroristas, de secuestradores, de adictos al suicidio como instrumento de exterminio político, que puede ser un factor desencadenante, viendo en perspectiva, de una tercera guerra mundial, en la que se emplearían los instrumentos de destrucción militar quintaesenciada, situación abierta hacia un verdadero desastre de dimensiones universales, que quién sabe cuáles consecuencias traería semejante confrontación absurda, que tal vez podría ser la última aventura bélica de la humanidad, por mucho tiempo".
No somos profetas de nada, ni nos place tan adivina ejecutoria, pero se trataba de nuestros temores o de nuestros presagios, como quiera tomárselos. Si ese artículo hubiera sido publicado en Norteamérica en uno de sus grandes periódicos, o en la Europa occidental, estaríamos ya gozando de una fama muy mal ganada de "experto en asuntos internacionales", porque no lo somos, pero hasta podría ser que se nos abrieran las páginas que pagan mucho dinero por las colaboraciones que solicitan a ciertos fetiches del elenco propagandístico hecho en tales países. Panamá es otra cosa; un país sin peso alguno en la política internacional de las potencias bélicas y económicas de hoy; y a lo que se dice en Panamá, no hay que hacerle caso, ni siquiera puede ser conocido en aquellos altos medios universales.
Unicamente a personajes de gran valimiento mundial, como han sido los dos presidentes de la dinastía Bush, en Norteamérica, se les hace caso o pueden lograr que se les haga caso. El primero ordenó una innecesaria invasión a Panamá, de cerca de 30 mil soldados, con todos los armamentos y aparejos de la guerra moderna, para llevarse al narcodictador Noriega y aplastar a su pequeña elite de la Guardia Nacional (unos cinco mil aprendices de soldados, que la misma Norteamérica entrenó), con el pasivo de unos 500 panameños muertos, como máximo, y unos mil heridos, más los saqueos de un pueblo hambriento que se aprovechó de la quiebra del orden público nacional, por obra y gracia de la invasión. Lo que está haciendo el segundo Bush no necesita que se le reitere un artículo publicado por un panameño. Pero el mundo entero está presenciando sus hazañas en Afganistán y ahora en Kuwait y en Irak, cuando está comenzando un verdadero vía crucis de peligros y amenazas internacionales, de consecuencias bélicas que ojalá no lleven a nuestro planeta a una tercera guerra mundial, que sin duda alguna (y esto no es profecía, sino realidad predecible) traerá millones de muertos y gran destrucción, más otros males ya experimentados (hambre, dislocación económica, etc.). Este ejercicio de Casandra no es muy grato y pueda ser que no tengamos que volver al tema o a otro parecido.
Rogelio Caisamo se apoyó en la historia de terrenos “que nos pertenecen porque aquí hemos vivido desde siempre”. Su narración fue fluida y citaba con precisión años y nombres.
Emilio, el presidente de la Cultura, señaló que para 1968, la población era de apenas unas 40 ó 50 personas. Ahora son 475 en tres corregimientos y no dejaremos “que nos saquen de ti”.
Antes de concluir el congreso era necesario volver a danzar. Las mujeres lo hicieron en principio y lo repetirían con un número contagioso en el que la más pequeña, de unos cuatro años, se movía al ritmo del carrizo y la caja del conjunto de Emilio.
El baile, según nos explicó Yazury Teucamo, de la Fundación Dobo Yala y presidenta de la Asociación de Mujeres, se llama “danza del mono”.
Las bailarinas, unas 12, saltaban en hilera y recogían sus cuerpos de arriba abajo, tal como el nombre del número lo sugería. Se llevaban las manos a la cabeza y danzaban en círculo.
Los hombres se les unieron luego. El acto se extendió por casi tres horas y los emberás, que es la única etnia radicada en Mogue, se esmeraron porque todo saliera bien y así fue.