Siguen las ruinas morales
Las autoridades públicas, a través del tiempo, han dictado y adoptado normas nacionales e internacionales relacionadas con la salud sexual y reproductiva. Sin embargo, la obra magistral que actualmente gravita en la Asamblea Nacional, ha puesto de manifiesto el descontento que existe, porque en gran medida se atenta contra creencias, valores y principios muy enraizados en los corazones y las mentes de muchas personas.
Los humanistas prepotentes, mimetizados y reciclados, los distribuidores de preservativos, anticonceptivos y abortivos, los políticos coimeros y corruptos de siempre, y los denominados "nuevos y nuevas", actúan en total desafío de las Leyes Divinas y Leyes Naturales. Demuestran todo el tiempo, y de distintas maneras, su irritación y rechazo cuando se habla de valores, principios y Sagradas Escrituras. Esa actitud no es de sorprendernos, pues las olas de depravación moral y destrucción de la familia no son nuevas, ni exclusivas de Panamá.
Son repetidas las veces que esos personajes siniestros han dicho que los que se oponen al proyecto de ley de salud sexual y reproductiva son unos fanáticos religiosos. En este sentido, nos están diciendo que la Iglesia católica romana, las Iglesias evangélicas y la sociedad civil organizada son esos fanáticos. ¡Qué irrespeto y poca altura! Si esos personajes siniestros mantienen tales argumentos, lo único que están diciendo es que el Código Penal y toda norma punitiva deben ser flexibilizadas o derogadas por una sencilla razón, y es que todas estas normas están basadas en los Diez Mandamientos de Moisés y en otros preceptos religiosos.
Es una lástima que los voceros de la iniciativa legislativa, algunos en otrora santones e íconos de valores, desconozcan que toda ley, antes de ser promulgada, se nutre de distintas fuentes, entre ellas, las religiosas y morales. Aunque las leyes humanas no tengan la capacidad de cambiar el corazón y la mente, capacidad que sólo está en la Palabra de Dios, que rechazan los enemigos de la verdad, me opongo rotundamente al relajamiento que pretenden imponer con la mal llamada ley de salud sexual y reproductiva. Este proyecto más bien debe ser concordante con una política de Estado sexual y reproductiva en la que se priorice la educación y la salud de forma integral, con énfasis en la abstinencia, responsabilidad, madurez sicológica, y en que todo tiene su tiempo, y no mediante el énfasis en las sensaciones corporales, que es como la quieren imponer.