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Silencio europeo en Sudán


Sudán, el enorme país africano de 6.7 millones de habitantes, sufre además de los esporádicos embates de la naturaleza (sequías extremas) los efectos de desgarradores conflictos internos.
Hace 17 meses, grupos rebeldes de la región de Darfur, en la parte occidental, se levantaron en armas contra el gobierno central. El levantamiento se produjo en respuesta a la discriminación padecida por la población negra y al reclamo por un mayor control sobre sus tierras y recursos naturales. A la insurgencia, siguió una campaña de represión brutal orquestada desde la capital que ha diezmado la población civil.
La violencia desatada en Darfur incluye la violación sistemática de mujeres y niñas, asesinatos masivos, desplazamiento forzado de pobladores, destrucción de aldeas completas, envenenamientos de pozos de agua y el incendio de las cosechas de las que depende la población para su supervivencia. Según observaciones de varias organizaciones humanitarias, existen vínculos entre las milicias irregulares que ejecutan estas atrocidades y las mismas autoridades sudanesas. De hecho, en distintos informes se señala que el gobierno de Sudán estaría canalizando la represión por medio de esas fuerzas militarizadas. Sin embargo, ante las denuncias internacionales, opta por disociarse de las milicias negando todo tipo de responsabilidad.
Claramente, Sudán vive una verdadera catástrofe humanitaria. El número de víctimas ya alcanza niveles escalofriantes: 35,000 personas masacradas y más de un millón de civiles forzados a abandonar sus hogares. A ello se suman 200,000 personas obligadas a cruzar la frontera con Chad, donde viven hacinadas en campos de refugiados improvisados como respuesta a la crisis. El cuadro se completa con dos millones de personas que carecen de alimentos y de los elementos mínimos de supervivencia. Según la Agencia para el Desarrollo Internacional de Estados Unidos, entre 300,000 y un millón de personas estarían en peligro de vida al no llegar asistencia inmediata a las zonas más necesitadas.
El presidente de Sudán, Omar Hassan al-Bashir, detenta el poder desde 1989, cuando se alzó con el mismo por la fuerza. Desde entonces, el país ha atravesado varias crisis y revueltas regionales, constituyendo la violencia y el desconocimiento de los derechos humanos su principal legado político. Hasta aquí, el régimen de al-Bashir ha logrado desafiar las amenazas de sanciones consideradas en el ámbito internacional, descalificando los reclamos sobre Darfur como una mera "conspiración internacional." Mientras tanto, la ausencia de un frente común de naciones decididas a condenar las acciones genocidas permite al gobierno sudanés navegar la crisis. Aunque sin demasiado éxito, EU ha tratado de generar una posición consensuada con sus aliados europeos. Sin embargo, la inadmisible falta de liderazgo e indecisión política de parte de Francia, Alemania, Italia y España impiden enviar señales categóricas a las autoridades de Sudán. De igual forma, Rusia y China han obstaculizado las propuestas de sanciones discutidas alegando que es necesario dar más tiempo al gobierno para que "tome efectivo control de la situación." Mientras tanto, las condiciones empeoran.
A menos que se produzca un cambio drástico en la actitud de algunos estados europeos, en consenso con Estados Unidos (EU) y otros estados claves del Consejo de Seguridad, asistiremos a una tragedia humanitaria de enormes proporciones pasible de ser evitada.
Quizás la respuesta que nos pueden dar es que no se encuentran documentos ilegales. Pues claro, si estos papeles se pueden maquillar; sin embargo, es su deber quitar este maquillaje y hacer justicia.
Nos falta mucho por evolucionar, pero el pueblo ya no es el mismo de hace 20 años, que votaba por los colores de un partido político, y eso se los demostraron en las elecciones, en donde lo único que obtuvo el partido de gobierno fueron pérdidas y descrédito .
Las preguntas anteriores no sólo las deben analizar las personas que detentan el poder actualmente, sino también los del período entrante; pues ellos deben recordar que los votos que obtuvieron fue por la necesidad de una mejor propuesta anticorrupción, y ahora tienen la oportunidad de demostrarnos de lo que son capaces; y espero que esa capacidad que se les confió acabe con los despiadado delincuentes encorbatados, que no piensan que cada centavo que roban, debería ir a una cuenta para quitar el hambre, dar salud y educación a todos los panameños.
En la justa medida que logremos igualad de oportuniades, solamente así podremos alcanzar niveles de desarrollo óptimo que redunden en beneficio de todos, en una nación con estándares de crecimiento sostenido y donde existan más riquezas, mejor distribuidas.Señores del Gobierno, ¿cuándo van a capturar a los criminales que usan corbata, los famosos delincuentes de "cuello blanco"?

101 años de Panamá América

 
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