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Símbolos políticos, hipocresía y parcialidad


Mireya continúa actuando como punta de lanza de la campaña presidencial de Josemigue. Este en algún momento debe haber pensado: "No me defienda comadre". Es tan evidente. No obstante, el proselitismo de la comadre no amaina sino que arrecia. Sus declaraciones reclamando que Pichulo está usando los símbolos del arnulfismo ha sido muy punzante, hasta el punto que le ha sugerido que use a su esposa y no los símbolos del arnulfismo. Hasta ella debe haber notado que hace rato que poco se habla de arnulfismo porque ha impuesto una nueva "filosofía" denominada mireyismo.
Opino que en este caso Mireya está cometiendo el mismo error que cuando sostuvo que el nepotismo tenía nada de malo. Como no soy leguleyo, pienso que Endara tiene todo el derecho de referirse a sus actividades políticas del pasado y tengo mis dudas acerca de la actitud que al respecto ha adoptado el Tribunal Electoral (TE). Más aún, según dice Mireya, esta entidad ha sostenido que ella puede hacer campaña a favor de Josemigue en todo tiempo. Esto sucede a pesar de que ya yo me preguntaba quién le advertiría a Mireya que está destruyendo su credibilidad, su imparcialidad en unos comicios que ella debe garantizar como puros y democráticos, particularmente cuando usa en su proselitismo nada menos que el solio presidencial. Tremenda hipocresía.
Bueno, si el TE mira hacia el otro lado, creo que la ciudadanía no hará igual. Mientras tanto, el lastre que arrastra Josemigue es de espanto y Cuchungo no puede hacer uso de su historia política.
Lo que acabo de describir tiene desesperados a muchos. Una respetada ciudadana que no concibe que el PRD vuelva al poder exclamó que pareciera que tendremos que votar por Josemigue para impedir este desastre. Otra me contó que oyó a Rubén Arosemena, antes de que lo postularan a la segunda vicepresidencia, pedir votos como legislador aunque se opusieran a Martín para presidente. Esto no sorprende, ha sucedido desde siempre. Además, el Partido Popular (PP) sigue en su objetivo de sobrevivir a como dé lugar.
Discrepo con la primera ciudadana citada. El objetivo esencial para refinar nuestra democracia es aniquilar a los dos partidos que controlan la caricatura de democracia que vivimos, es decir, el perredismo y el mireyismo. Ambos han hecho nada para siquiera reducir un poco la corrupción rampante. Han permitido, por ejemplo, que se aumente a 78 el número de legisladores y nada hacen para rebajar los salarios abultados de muchos funcionarios y sus "beneficios" adicionales: gastos de representación, carro, gasolina, enriquecimiento ilícito, y así sucesivamente. Y creo que no me equivoco al aseverar que las grandes mayorías saben que la erradicación de la corrupción es el primer paso para mejorar la economía del país, lo cual es necesarísimo para reducir el desempleo.
El candidato que ha probado con hechos su vocación de honestidad es Endara. Su experiencia en este campo y la de sus asesores, como Chinchorro y Chen Barría, ya pasó la prueba de fuego después de una invasión cruenta que dejó al país en las latas. Considero que la prueba más gráfica de esta vocación es su insistencia en convocar una constituyente tan pronto suba al poder y lo ha enfatizado declarando que perseguirá este objetivo con o sin quinta papeleta. La Constituyente será el instrumento más efectivo para iniciar la guerra sin tregua contra la corrupción.
Las ternas que enfrenta Cuchungo están plagadas de nepotismo (un hijo del primer narcodictador, un yerno de su suegro), un "torito", niños "Ye Yé", caciquismo, cómplices en los escándalos del CEMIS, nombramientos tortuosos en la Corte Suprema, PECC y Panama Ports, sin olvidar otros muy pintorescos como los del HP-1430, los "durodólares", ICA y PYCSA, las privatizaciones y sus "beneficiarios", Punta Mala...
Confío que por lo expuesto y muchas razones más que el espacio no permite enumerar, la gran mayoría de los ciudadanos independientes votarán en contra del statu quo: bipartidismo corrupto que impide a los ciudadanos más probos y honestos ocupar los más altos cargos del país. Y, reitero, dentro de los partidos impuestos por nuestra caricatura de democracia, existen miembros con independencia de criterio que no quieren participar no con base a slogans, como "Patria Nueva", que me recuerda de "Todo por la Patria", sino con el vehemente deseo de construir un Panamá que es inmortal.
Sobre las alternativas financieras hay quienes sostienen que los usuarios del Canal están renuentes a invertir en la expansión. Un distinguido profesional ha dicho que el Presidente de la "American President Line" le manifestó a sus clientes que no toleraría peajes más altos en el Canal de Panamá. La pregunta que muchos se hacen es si el Gobierno de Panamá estaría dispuesto a desechar el beneficio de $300 millones de dólares por 60 años, para amortizar el tercer juego de esclusas y si el pueblo panameño aceptaría que esa suma dejara de usarla el Gobierno para proveer servicios sociales por cada año durante ese período.
También se han producido otras reacciones muy respetables como la expresada por el licenciado Fernando Manfredo, ex administrador del Canal, quien sostiene que tiene que comprobarse cuál es la mejor alternativa financiera y al mismo tiempo contar con un estudio severo sobre el impacto social, económico, ecológico y político que tendría esta obra sobre nuestro país.
No puedo dejar de reconocer que el artículo del periodista King publicado por el Wall Street Journal resulta un aporte positivo por cuanto pone en el tapete cuestiones fundamentales sobre el presente y el futuro del Canal de Panamá, lo cual nos induce a insistir en la conveniencia de que se promueva un diálogo nacional sobre los problemas de la modernización del Canal de Panamá, singularmente en lo que se refiere a su financiamiento.

101 años de Panamá América

 
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