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Simeón Emilio González H.


La facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Panamá, recibió el miércoles en su seno, las cenizas del catedrático titular Simeón Emilio González Henríquez, quien desde 1974 impartió clases de Principios de Ciencia Política, Filosofía del Derecho y de Derecho Constitucional. En una sencilla y emotiva ceremonia, el claustro despedía a Simeón, quien tuvo el valor de educar ininterrumpidamente durante tres décadas, en una sociedad en la cual es mal visto por algunos "al que pone la luz de la vida en el alma de la juventud".
También el Paraninfo universitario, ante el cual tantas y tantas veces Simeón intervino en un sinnúmero de jornadas académicas o patrióticas, recibió a centenares de profesores y estudiantes universitarios y más para rendirle homenaje a quien, como decía José Enrique Rodó, "luchó por poner en circulación ideas".
Provenientes de distintos caminos en el andar nacional de las últimas décadas, nos encontramos -sin buscarnos- bajo el peso de una honda emoción, para acompañar a quien jamás dejó a un lado en su práxis política, su compromiso con las libertades democráticas y las clases populares de nuestro país y de tantos otros.
La ley natural nos ha arrebatado tempranamente a un intelectual valioso y comprometido como pocos, que supo siempre usar su capacidad imaginativa para ejercer el derecho a imaginar un mundo mejor, poseedor de un optimismo lejano de todo esquematismo y lleno de un profundo humanismo, resultado de una sólida formación teórica que le dió fuerzas hasta el último de sus días para no perder la esperanza de un mañana.
A Simeón fueron muchísimas las cosas que me unieron y me unen. Nuestras diferencias y divergencias supimos zanjarlas de raíz para rescatar aquella amistad que se forjó desde la vez en que el colega Ricardo Rangel, nos presentara en un día de abril de 1974, recién llegados al país, como estabamos los tres, luego de culminar nuestros estudios universitarios.
Hoy, al recordar tantos episodios que compartimos, le doy gracias a la vida por haberme dado la oportunidad de ser amigos y la alegría de haber vencido juntos obstáculos obtusos.
Simeón deja un legado de orientación de aquellos a los cuales nuestra sociedad no ha aprendido aún valorar a tiempo. Le correspondió combatir la amnesia principista y lo supo hacer con la sencillez, humildad y honestidad que le caracterizaron. No vaciló en agitar las conciencias, dentro y fuera del aula; pues su amor por las ideas jamás fue egoísta. Creo que cuando la razón triunfe en nuestra sociedad, será gracias a personas que, como Simeón, supieron darle sentimiento a las ideas.
Al despedir al compañero y amigo, sólo pido a quienes le conocimos, que el dolor no nos detenga sino que nos empuje a "seguir adelante con más fe que nunca" para alcanzar un mundo mejor, en el cual creyó y por el cual luchó.

101 años de Panamá América

 
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