Sin antaño no hay hogaño
La sociedad se ha visto estremecida y ha colmado su capacidad de asombro por la desaparición del conjunto escultórico representativo de los juegos infantiles. Calificativos los hay de toda clase: Que si pillaje, arbitrariedad en la toma de decisiones; además del descomedimiento informativo. Hay de todo. Pero nos preocupa buscar la comprensión de este tipo de actitudes que pudieran tener sus raíces en la forma como comprendemos las relaciones entre la base y la cúspide social. Pereciera que se asume que el rol directivo consiste en administrar la contingencia del proceso gubernamental, el cual se vivencia magnificando la importancia del hoy, que es por sí solo, el único momento que importa, y lo que se haga ahora tiene su explicación y legitimidad en el presente, que se vive sin mirar hacia atrás ni hacia el futuro.
Tenemos una sociedad que prescinde de la acumulación integral. Expliquemos que hablamos de la suma de bienestar y cultura. Los pueblos que se desarrollan acumulan cultura, conocimientos y normas. En cambio, aquí se desestiman manifestaciones artísticas, programas de trabajo; se cambian organigramas, se desechan experiencias, se archivan proyectos; se ignoran procedimientos; es decir, se ignora la historia de las cosas, el porqué de los logros y de las dificultades, y se reitera la exposición al fracaso.
En todas las administraciones se prescinde del trabajo acumulado en cada departamento, dirección, y se archivan planes y planos, normas y gentes, en un incesante e insensato proceso de reinventar el agua tibia, bajo la consigna "los de antes no estaban en nada".
En cada ciclo los nuevos actores administrativos portan el mal del hedonismo de lo presente, del déjame ser que ahora me toca a mí, del ser sin merecer.
Parece que lo nuevo es que se pretenda ahora des-acumular cultura, menospreciando lo que se hereda de anteriores administraciones. En realidad no es tan nuevo; lo cualitativamente distinto es que pasamos del desprecio cultural por omisión al desprecio cultural por comisión. Lo característico en la omisión contracultural es la falta de mantenimiento, el abandono del legado cultural y la falta de interés en la promoción cultural. En cambio en la comisión contracultural lo nuevo es la descalificación, el pasar los bienes de activos a pasivos y luego desguazarlos como buques viejos. El destino final de la chatarrería producida por el desguace es materia delincuencial común. Pero la acción anticultural para des-acumular, y destruir ciencia y arte, es decir, cultura en todo los campos de la vida administrativa y social, es el delito intelectual mayor.