Sin bases no hay bases
El gobierno pretende frenar el tráfico de estupefacientes mediante dos o tres bases navales en el litoral pacífico. Antes del viaje a Nueva York el tema era insólito, ahí la gran casualidad de que se trate de un “pedido especial” de los norteamericanos para frenar la entrada de droga a su territorio. Dicho lo anterior, esta idea no puede ser más abstracta, pues una infraestructura de esta naturaleza requiere, entre algunas cosas; recurso humano, equipo técnico, lanchas rápidas, armas, personal especializado y un buen presupuesto inicial y anual. Es decir, las necesidades de esta infraestructura parecen rebasar las capacidades económicas y humanas de lo que Panamá está preparada para ofrecer. Lo principal todavía no se dice; ¿cuánto van a costar estas bases navales? ¿De dónde sacaremos el dinero y cómo las mantendremos? ¿Cómo reemplazaremos el dinero para cubrir las necesidades sociales básicas de la población?
Nadie nos ha aclarado aún esta y otras incógnitas. De igual forma, como la idea surge mancomunada de una reunión con la secretaria de Estado del hermano país, a la opinión pública le cuesta creer que se trate de bases netamente panameñas, que la idea se haya originado en la mente de nuestras autoridades y que beneficie directamente a Panamá. Pues más bien lo que corre en los pasillos es que se busca firmar un convenio internacional que permita instalar bases navales en territorio panameño para la lucha antinarcóticos.
Una lucha que aún no logramos “controlar” desde dentro, no contamos con una estrategia de seguridad nacional de trazos largos, nos falta una política criminológica integral para frenar la delincuencia, y nos falta una política preventiva eficaz que repare las capas del tejido social más afectadas. Eso aún no lo tenemos.
Más bien, esto de las bases pareciera una iniciativa que se propone frenar el paso de droga a los Estados Unidos. La pregunta clara para nuestras autoridades es: ¿Qué va primero en la agenda gubernamental?
¿Estamos haciendo bien nuestra labor interna en la lucha antinarcóticos? ¿Hemos sido capaces de depurar las instituciones que facilitan las actividades a estos grupos criminales? ¿Cuál es la reflexión? Si respondemos con sinceridad a estas interrogantes tal vez podríamos lograr un diagnóstico de nuestra situación y encontrar el camino a seguir.