Sin castigo ejemplar, el crimen aumentará
Gracias a la apatía que le han dado los gobiernos políticos al problema del crimen en Panamá, los delincuentes se han adueñado de nuestras calles porque no le tienen miedo a nuestro Código Penal obsoleto. Nuestro Código Penal fue creado al comienzo del Siglo XX cuando Panamá sólo tenía 250,000 habitantes. Ahora vivimos en tiempos modernos donde nuestra población está llegando a los tres millones de habitantes.
La mala influencia de los gobiernos políticos, el despilfarro de los fondos del pueblo por parte de 21 años de dictadura militar, el tráfico de drogas y armas, y la mala influencia del crimen de nuestra hermana República de Colombia han dado para que en Panamá tengamos más de 300 asesinatos por año y 10,000 crímenes de toda índole.
La Fuerza de Policía y la PTJ hacen un buen trabajo, pero los delincuentes regresan siempre a nuestras calles porque nuestras leyes son muy benévolas con los culpables. Ni hablar de los menores de edad que asesinan, son capturados y a la semana están sueltos de nuevo planeando otro asesinato. ¿Cómo puede ser posible que todavía un asesino recibe sólo un máximo de 20 años de cárcel cuando la víctima queda muerta a perpetuidad? El que roba un auto que vale entre 30 a 60 mil balboas recibe el mismo castigo que el que roba cien balboas en un almacén. Los funcionarios públicos que reciben coimas y sobornos jamás son castigados.
Gran culpa de lo que está pasando se le puede atribuir a los sociólogos que abogan por un mejor trato para los delincuentes olvidándose del mal trato que recibieron sus víctimas. Los valores humanos se han perdido y el crimen está prosperando. De no cambiarse las reglas del juego, tendremos que vivir todos armados con guardaespaldas detrás de una cerca de concreto y alambre de púas para proteger a nuestras familias.
Cuando el Ferrocarril de Panamá inauguró el servicio de costa a costa en 1855, coincidió con el descubrimiento de oro en California. Por Panamá pasaban americanos del este rumbo a San Francisco y cuando lograban su riqueza, regresaban por Panamá de nuevo para regresar al Este. Durante esa época se desató una ola de crimen en Panamá, porque las autoridades colombianas no querían frenarla.
Los extranjeros en tránsito eran asaltados por bandidos cuando regresaban llenos de oro de California. Para frenar el crimen, el Jefe del ferrocarril, John L. Stephens, contrató los servicios de un alguacil de Texas llamado Randolf Runnels para acabar con los delincuentes. Este organizó "los Guardias del Istmo" y de pronto comenzaron a aparecer los bandidos ahorcados en los árboles a lo largo del ferrocarril con un letrero pegado a su cuerpo señalando su delito. Para la gran sorpresa de todos, el crimen en Panamá pronto desapareció de nuestro medio.
Yo no estoy abogando por un castigo tan drástico, sino por el aumento de las penas para que el delincuente tenga que pensar dos veces antes de cometer un crimen.
Los que asaltan con arma de fuego deben recibir un mínimo de 20 años en vez de 5. Los que secuestran o violan a las mujeres deben recibir 40 años en vez de 10. Los que asesinan deben recibir cadena perpetua en vez de 20. Los que roban deben recibir un mínimo de 10 años más un día de cárcel por cada dólar no devuelto. Aquí en Panamá se castiga a los ladrones, pero jamás se recupera lo robado. Además, los que van para la cárcel deben someterse a trabajos forzados. Hay que acondicionar nuestras cárceles para que el reo tenga que trabajar y así ayudar a pagar el costo que le representa al Estado su confinamiento.
Hay muchos trabajos que el reo puede realizar que ayudarían al Estado enormemente, como: fabricar las placas de los autos y las señales de tránsito. Se pueden elaborar los letreros señalando los nombres de nuestras calles. En la actualidad, la ciudad de Panamá carece por completo de los nombres en las esquinas, creando confusión y pérdida de tiempo. También los reos pueden fabricar las bancas y pupitres de los colegios públicos, así como lavar las sábanas y toallas de todos los hospitales del Ministerio de Salud.
Me acuerdo, cuando era niño en la década del "30, que veía en Bella Vista a los reos limpiando los lotes vacíos custodiados de un policía bien armado. No podían escapar, porque tenían una bola de hierro de 100 lbs. atadas con cadenas a sus pies. No había crimen en Panamá, porque los delincuentes sabían los que les esperaba si se portaban mal.
Hoy en día existen nuevos métodos para castigar a los delincuentes, no deben ir a la cárcel para sólo estar encerrados en una jaula, sino a trabajos forzados que los mantengan activos y a la vez ayuden al Estado a cubrir los gastos que ocasionan.
Existe un movimiento dentro de la Asamblea para aumentar las penas y castigar severamente a los menores de edad. Nuestro pueblo quiere vivir en paz y tranquilidad. Ojalá que los Padres de la Patria puedan darles ese beneficio.
La mala influencia de los gobiernos políticos, el despilfarro de los fondos del pueblo por parte de 21 años de dictadura militar, el tráfico de drogas y armas, y la mala influencia del crimen de nuestra hermana República de Colombia han dado para que en Panamá tengamos más de 300 asesinatos por año y 10,000 crímenes de toda índole.
La Fuerza de Policía y la PTJ hacen un buen trabajo, pero los delincuentes regresan siempre a nuestras calles porque nuestras leyes son muy benévolas con los culpables. Ni hablar de los menores de edad que asesinan, son capturados y a la semana están sueltos de nuevo planeando otro asesinato. ¿Cómo puede ser posible que todavía un asesino recibe sólo un máximo de 20 años de cárcel cuando la víctima queda muerta a perpetuidad? El que roba un auto que vale entre 30 a 60 mil balboas recibe el mismo castigo que el que roba cien balboas en un almacén. Los funcionarios públicos que reciben coimas y sobornos jamás son castigados.
Gran culpa de lo que está pasando se le puede atribuir a los sociólogos que abogan por un mejor trato para los delincuentes olvidándose del mal trato que recibieron sus víctimas. Los valores humanos se han perdido y el crimen está prosperando. De no cambiarse las reglas del juego, tendremos que vivir todos armados con guardaespaldas detrás de una cerca de concreto y alambre de púas para proteger a nuestras familias.
Cuando el Ferrocarril de Panamá inauguró el servicio de costa a costa en 1855, coincidió con el descubrimiento de oro en California. Por Panamá pasaban americanos del este rumbo a San Francisco y cuando lograban su riqueza, regresaban por Panamá de nuevo para regresar al Este. Durante esa época se desató una ola de crimen en Panamá, porque las autoridades colombianas no querían frenarla.
Los extranjeros en tránsito eran asaltados por bandidos cuando regresaban llenos de oro de California. Para frenar el crimen, el Jefe del ferrocarril, John L. Stephens, contrató los servicios de un alguacil de Texas llamado Randolf Runnels para acabar con los delincuentes. Este organizó "los Guardias del Istmo" y de pronto comenzaron a aparecer los bandidos ahorcados en los árboles a lo largo del ferrocarril con un letrero pegado a su cuerpo señalando su delito. Para la gran sorpresa de todos, el crimen en Panamá pronto desapareció de nuestro medio.
Yo no estoy abogando por un castigo tan drástico, sino por el aumento de las penas para que el delincuente tenga que pensar dos veces antes de cometer un crimen.
Los que asaltan con arma de fuego deben recibir un mínimo de 20 años en vez de 5. Los que secuestran o violan a las mujeres deben recibir 40 años en vez de 10. Los que asesinan deben recibir cadena perpetua en vez de 20. Los que roban deben recibir un mínimo de 10 años más un día de cárcel por cada dólar no devuelto. Aquí en Panamá se castiga a los ladrones, pero jamás se recupera lo robado. Además, los que van para la cárcel deben someterse a trabajos forzados. Hay que acondicionar nuestras cárceles para que el reo tenga que trabajar y así ayudar a pagar el costo que le representa al Estado su confinamiento.
Hay muchos trabajos que el reo puede realizar que ayudarían al Estado enormemente, como: fabricar las placas de los autos y las señales de tránsito. Se pueden elaborar los letreros señalando los nombres de nuestras calles. En la actualidad, la ciudad de Panamá carece por completo de los nombres en las esquinas, creando confusión y pérdida de tiempo. También los reos pueden fabricar las bancas y pupitres de los colegios públicos, así como lavar las sábanas y toallas de todos los hospitales del Ministerio de Salud.
Me acuerdo, cuando era niño en la década del "30, que veía en Bella Vista a los reos limpiando los lotes vacíos custodiados de un policía bien armado. No podían escapar, porque tenían una bola de hierro de 100 lbs. atadas con cadenas a sus pies. No había crimen en Panamá, porque los delincuentes sabían los que les esperaba si se portaban mal.
Hoy en día existen nuevos métodos para castigar a los delincuentes, no deben ir a la cárcel para sólo estar encerrados en una jaula, sino a trabajos forzados que los mantengan activos y a la vez ayuden al Estado a cubrir los gastos que ocasionan.
Existe un movimiento dentro de la Asamblea para aumentar las penas y castigar severamente a los menores de edad. Nuestro pueblo quiere vivir en paz y tranquilidad. Ojalá que los Padres de la Patria puedan darles ese beneficio.