Sin ley, sin moral, sin Dios
La ciudad de Panamá y algunos puntos del interior, en una noche de viernes. La mecha se prende a altas temperaturas de perdición y pecado.
La mayor parte de la juventud del país, se encuentra en un peligro inminente. Expuesta a la pornografía, la música estridente y dañina, películas y todo tipo de mensajes inmorales y destructivos.
Todo ello viene de diversas fuentes, como lo son: algunos medios de comunicación y el Internet, que alcanzan niveles altísimos en tecnología para facilitar montañas de basura a la mente de la niñez y la juventud, dejando ganancias multimillonarias a sus grandes empresas.
Dentro de las modas y géneros musicales, están: los tatuajes, los piercing, las llamadas mancuernas y la ropa con signos satánicos; la música de rock pesada o metálica, y el reggaeton. Toda esta gama de modernismos que imparten a la juventud, son sellos diabólicos, que son permisibles ante algunos grupos de la sociedad, porque los ven como la moda de los adolescentes, que no tiene mucho de malo y que pronto pasará. Y que “gocen” la vida en su plenitud, porque sólo se vive una vez. Sin saber que van camino al despeñadero.
El adolescente en su falta de conocimiento de Dios, se expone a maltratos corporales, para decirle al mundo. “Soy libre”. Yo me mando. Puedo hacer con mi cuerpo lo que yo quiero. No obstante, esos gritos que lanzan de soberbia y rebeldía son pasajeros.
Porque las modas pasan, los cuerpos se envejecen, los gritos se desvanecen.
No pueden tener por siempre la juventud en sus manos, ella es tan efímera, que en un abrir y cerrar de ojos se apaga.
¿Y quién podrá echar el tiempo atrás?... Nadie. Sólo Dios que es el dueño del tiempo y de la eternidad. Su tiempo no tiene fin y su eternidad no se envejece.
Dios es claro en su palabra y a él, le interesa el cuerpo de cada ser humano, por lo que en el vientre de nuestra madre nos visita a todos. “No fue encubierto de ti mi cuerpo. Bien que en lo oculto fui formado. Y entretejido en lo más profundo de la tierra.
Mi embrión vieron tus ojos. Y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas.
Que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas”. Salmo 139: 15-16.
Dios creo al hombre a imagen suya, tuvo tanto cuidado, es su obra maestra, porque aunque lo hizo del polvo de la tierra, le agrego espíritu y alma.
Por lo tanto, todos tenemos que darle cuenta al creador de nuestra vida, y solo hay dos opciones que nos ganamos en esta tierra: el cielo o el infierno, y los dos son eternos.
La buena noticia es que El Señor Jesús ya pagó todas nuestras pecados en la cruz, hasta los más sanguinarios y crueles, si nos arrepentimos de verdad, él nos toma en sus brazos, nos limpia con su sangre, de todas nuestras inmundicias y nos regala bendiciones aquí en la tierra y en la vida eterna.