"Sin natura y sin Salamanca"
El ciudadano presidente de cualquier país, se considera una persona ejemplar, de elevado lenguaje, desprovisto de ofensas personales y respetuoso de todos los gobernados, porque su jerarquía pública lo ubica en lugar de privilegio frente a todos los nacionales.
Por eso es bueno recordar el mensaje de una universidad española que reza: "Lo que Natura no da, Salamanca no presta". Debe entenderse que las cualidades personales que no son inherentes a una persona, no puede ésta buscarla en aulas escolares. Si no es educado, sino ofensivo, si le falta cultura y es burdo, si carece de argumentos, los insultos no le elevan en sus ideas.
Hemos escuchados a varios aspirantes al solio presidencial expresarse en forma descortés de los adversarios, como si al atacar en lo personal a otro con igual derecho a competir, los coloca en ventaja. Craso error. Ignoran que el mayor número de votos se concentra en la juventud, que por razones obvias, piensa diferente, medita y analiza, lee y sabe diferenciar entre un mediocre y una persona equilibrada y sensata.
Es triste que precisamente quienes aspiran a ser presidentes de la República, ofrezcan al público un discurso cargado de un lenguaje de arrabal, huérfano de planteamientos serios sobre la problemática nacional, desafiantes en vez de conciliadores, procurando destacar su amargura y falta de cordura; exhibiendo una personalidad irreflexiva e impetuosa.
Los panameños nos merecemos mejores candidatos. Por eso es que la incertidumbre peina cada rincón del país. La concurrencia a los diferentes actos políticos que se realizan, no constituye un apoyo total a los convocantes, sino la oportunidad de encontrarse con amistades, figurar, hacer acto de presencia para negociarlo si el aspirante triunfa. Esa misma masa critica con severidad los discursos carentes de un lenguaje elevado, de exposiciones profesionales sobre los asuntos que interesan al votante. El desconocimiento profundo de la realidad nacional, les hace repetir el mismo discurso, con un contenido de críticas infundadas, pero que llaman la atención de un oyente fanático.
Panamá tiene problemas cuya discusión y solución quedarán en manos de quienes gobiernen el país. La diatriba y la hostilidad política no ayudarán en lo absoluto a su consideración, porque si quienes aspiran a gobernar están dotados de un lenguaje nutrido de ofensas, carente de elevación cultural identificado por la ausencia de conocimientos sobre lo nacional, inspirado en el sólo deseo de atacar para ganar notoriedad, entonces el votante debe asumir una posición de descarte, desechando esas candidaturas huérfanas de positivismo, porque todo lo ven negativo.
Es menester reconocer que seguiremos viviendo aquí, que nos corresponde hacer lo necesario para mejorar el sistema en lo que resulte ineficaz, que debemos todos aceptar que tenemos un país maravilloso, que no podemos destruir, so pretexto que deseamos ser presidentes.
Aspiramos a oír el lenguaje decente y docente, sobrio, lleno de buenas intenciones y de contenido patriótico sincero. Hay en los medios expresiones contra la administración actual, pero no se ofrece nada mejor a cambio. Tan sólo se habla de propuestas, de cuya naturaleza nada se sabe. Ya resulta odioso el repetitivo "esto anda mal". Los problemas del país no nacieron ahora, los tenemos desde que somos nación independiente. Es labor de todos buscar su solución, en vez de anunciarlos.
Seamos más exigentes al escoger el próximo mandatario, porque la responsabilidad sobre el futuro del país, no estará en su deseo de gobernar, sino en el acierto que tengamos al momento de elegir a quien gobernará.
Invito a los panameños a escuchar a los aspirantes presidenciales y a meditar sobre lo que dicen. Vean cuánto de su discurso está dirigido a exponer sobre la real situación del país, sin demagogia, y cuáles son las respuestas que ofrecen. Pareciera que no hay un contenido serio en su alaraca, no porque no quieran. Es porque no hay capacidad, no muestran sapiencia, carecen de preparación, son sombras de otras personas, porque como dice el mensaje, "lo que la naturaleza no me dio, Salamanca no me lo presta".
Por eso es bueno recordar el mensaje de una universidad española que reza: "Lo que Natura no da, Salamanca no presta". Debe entenderse que las cualidades personales que no son inherentes a una persona, no puede ésta buscarla en aulas escolares. Si no es educado, sino ofensivo, si le falta cultura y es burdo, si carece de argumentos, los insultos no le elevan en sus ideas.
Hemos escuchados a varios aspirantes al solio presidencial expresarse en forma descortés de los adversarios, como si al atacar en lo personal a otro con igual derecho a competir, los coloca en ventaja. Craso error. Ignoran que el mayor número de votos se concentra en la juventud, que por razones obvias, piensa diferente, medita y analiza, lee y sabe diferenciar entre un mediocre y una persona equilibrada y sensata.
Es triste que precisamente quienes aspiran a ser presidentes de la República, ofrezcan al público un discurso cargado de un lenguaje de arrabal, huérfano de planteamientos serios sobre la problemática nacional, desafiantes en vez de conciliadores, procurando destacar su amargura y falta de cordura; exhibiendo una personalidad irreflexiva e impetuosa.
Los panameños nos merecemos mejores candidatos. Por eso es que la incertidumbre peina cada rincón del país. La concurrencia a los diferentes actos políticos que se realizan, no constituye un apoyo total a los convocantes, sino la oportunidad de encontrarse con amistades, figurar, hacer acto de presencia para negociarlo si el aspirante triunfa. Esa misma masa critica con severidad los discursos carentes de un lenguaje elevado, de exposiciones profesionales sobre los asuntos que interesan al votante. El desconocimiento profundo de la realidad nacional, les hace repetir el mismo discurso, con un contenido de críticas infundadas, pero que llaman la atención de un oyente fanático.
Panamá tiene problemas cuya discusión y solución quedarán en manos de quienes gobiernen el país. La diatriba y la hostilidad política no ayudarán en lo absoluto a su consideración, porque si quienes aspiran a gobernar están dotados de un lenguaje nutrido de ofensas, carente de elevación cultural identificado por la ausencia de conocimientos sobre lo nacional, inspirado en el sólo deseo de atacar para ganar notoriedad, entonces el votante debe asumir una posición de descarte, desechando esas candidaturas huérfanas de positivismo, porque todo lo ven negativo.
Es menester reconocer que seguiremos viviendo aquí, que nos corresponde hacer lo necesario para mejorar el sistema en lo que resulte ineficaz, que debemos todos aceptar que tenemos un país maravilloso, que no podemos destruir, so pretexto que deseamos ser presidentes.
Aspiramos a oír el lenguaje decente y docente, sobrio, lleno de buenas intenciones y de contenido patriótico sincero. Hay en los medios expresiones contra la administración actual, pero no se ofrece nada mejor a cambio. Tan sólo se habla de propuestas, de cuya naturaleza nada se sabe. Ya resulta odioso el repetitivo "esto anda mal". Los problemas del país no nacieron ahora, los tenemos desde que somos nación independiente. Es labor de todos buscar su solución, en vez de anunciarlos.
Seamos más exigentes al escoger el próximo mandatario, porque la responsabilidad sobre el futuro del país, no estará en su deseo de gobernar, sino en el acierto que tengamos al momento de elegir a quien gobernará.
Invito a los panameños a escuchar a los aspirantes presidenciales y a meditar sobre lo que dicen. Vean cuánto de su discurso está dirigido a exponer sobre la real situación del país, sin demagogia, y cuáles son las respuestas que ofrecen. Pareciera que no hay un contenido serio en su alaraca, no porque no quieran. Es porque no hay capacidad, no muestran sapiencia, carecen de preparación, son sombras de otras personas, porque como dice el mensaje, "lo que la naturaleza no me dio, Salamanca no me lo presta".