Sin sorpresas políticas
El panorama electoral a este tiempo no es de sorpresa, la última encuesta presuntamente seria mantiene encabezando en la intención de voto a la campaña presidencial de Cambio Democrático; el colectivo Partido Revolucionario Democrático (PRD) parece ver impávido el despunte de su adversario más próximo. Por otra parte, el Panameñismo, que se perfilaba como candidato opositor en números electorales, no logra salir del congelamiento perceptivo. Los demás son sólo cifras dispersas.
Al parecer el PRD, a pesar de ser el colectivo con mayor cantidad de miembros, no ha logrado capitalizar esa membresía, y es que sería presuntuoso pensar que un minúsculo grupo de personas lidere y responda a tan magna masa de miembros de todas las clases sociales, y menos frente a estrategias que visibilizan la tradicionalidad de una dirigencia desgastada por el tiempo, y que peor aún, la proyectan como adquirentes de nuevos estatus pecuniarios a raíz de sus vínculos, puestos y trayectorias de las que han gozado por tantos años garantizadas por el partido cuando está en gobierno.
Un punto neurálgico lo fue la agria campaña interna, que muy a pesar de ser ahora la gran mancuerna presidencial, el electorado interno y externo lo traga amargamente y sin sed que justifique la estrategia, por lo que ha resultado difícil venderla, aceptarla, y demás decir extemporánea.
Es que, a ciencia cierta, el propio colectivo ha salido a destiempo a plantearse una campaña presidencial, proyectando falta de unidad, recursos y propuestas. Esos vacíos, aún siendo el más grande y teniendo la candidatura más social, le ha restado efectividad, aprovechada por quien sí tiene recursos para gastar, y habiendo probado el impacto de su estrategia, no dudará en invertir muchos millones más.
Escuche al admirado Pedro Miguel González, en Debate Abierto el pasado martes, aceptando las cifras de las encuestas; lógico, no se puede tapar el sol con un dedo, y más aún visualizando la victoria de Cambio Democrático, pero condicionando que gobernaría con una Asamblea en contra. Con todo respeto, error craso, pues abre la puerta a alguna estrategia que tienda deslegitimizar la representatividad de los diputados, y recordemos que una de las instituciones que goza de poca credibilidad es la Asamblea Nacional, por lo que una locura del "loco" sería vendida y aceptada por la población cansada de demagogias y expectante de acciones concretas, sin ignorar que las voluntades políticas en este ?"rgano pueden valer hasta más que un Cartier, y de eso bastante sabe el comerciante.