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Sin temor alguno: Constituyente


"Tengo dudas sobre la convocatoria de una Asamblea Constituyente pues dicen que es como un golpe de Estado y que es mejor ni siquiera hablar de eso porque significa perpetuar al PRD, oficializar la permanencia por un año o dos del presidente Pérez Balladares" me comentó una joven señora de La Gloria en Bethania cuando la visité para presentarle mi folleto que recoge como parte de mi compromiso ciudadano, el impulsar los mecanismos necesarios para promover acciones e intercambios sociopolíticos que permitan la transformación del Estado panameño a través del cambio integral de la Constitución actual con la convocatoria a una Asamblea Constituyente.
Son muchas las dudas que continúan en la mente del ciudadano y provocan un mundo de temor cuando surge el tema de la Asamblea Constituyente. Descubro, de un lado, que las muy limitadas y cautelosas opiniones ciudadanas sobre este asunto, son consecuencia de la dificultad e inseguridad que produce el desconocimiento del tema al no comprender el tecnicismo o los conceptos constitucionales, tantas veces, planteados con elevado léxico jurídico por los abogados y constitucionalistas; y de otro lado, ese importante diálogo ciudadano se restringe por la falta de información básica que facilite la comprensión de tan fundamental tema y la interpretación de opiniones. Hay quienes se fascinan complicando algo tan sencillo: la Constitución no debería ser otra cosa que el conjunto de derechos y deberes fundamentales que garanticen al ciudadano, de forma clara y precisa, sus libertades inalienables y establezca de igual manera los límites del Estado. En otras palabras, como es el pacto social más importante, directo y claro entre gobernantes y gobernados en la redacción y firma del mismo deben participar, por igual, ambas partes. Por ello siempre recuerdo a Thomas Paine quien desde el siglo XVIII sentenciaba que la Constitución precede al gobierno y la misma no es el acto de ningún gobierno sino del pueblo.
Durante el proceso del pasado referéndum y después del 30 de agosto, centré muchas de mis entrevistas radiales en el tema constitucional y evaluando los comentarios recibidos observo que las dudas sobre la Constituyente se resumen en preguntas como las siguientes: 1. ¿Qué plantear: Reformas Constitucionales o Asamblea Constituyente?. 2. ¿En qué consiste la diferencia? 3.¿Cómo propiciar y ejecutar este proceso sin fomentar la inseguridad ni el rechazo ciudadano ni crear un sismo nacional ni político? 4. ¿Quién ordena una modificación, de qué depende la convocatoria? 5. ¿Pueden los que sean llamados a redactar la nueva Constitución quedarse en el cargo y sustituir a los legisladores? De igual forma, observo que al abordar el tema constitucional existe un inconfesable temor por el desconocimiento que se tiene sobre cuál es la función práctica que tiene nuestra Carta Magna, sobretodo, si la misma se incumple y viola permanentemente. Positivo ha sido que, el complejo tejido de criterios y conceptos que afloran cada vez que surge el tema de reformar o hacer una nueva Constitución ha contribuido a mantener el nivel de interés en el ciudadano sólo basta recordar cómo se interesó en conocer los pro y los contra de las reformas constitucionales sometidas a referéndum el pasado 30 de agosto.
Soy de las ciudadanas convencidas que la convocatoria a una Asamblea Constituyente es el medio político y el procedimiento democrático correcto y necesario para: 1. Estructurar y diseñar, con la soberanía absoluta del pueblo, el Estado, y 2. Permitir la participación real y efectiva de la ciudadanía en la elaboración del más importante pacto social que obligue por igual a gobernantes y gobernados. Por comprender que el problema actual que confrontamos como nación es, de un lado, la transformación integral de las instituciones del Estado (Sistema Judicial, Organo Legislativo y limitación de los excesivos poderes del Organo Ejecutivo) y de otro, garantizar el saludable equilibrio que debe existir entre gobernantes y gobernados es que abogo por la visible y palpable incorporación del pueblo en esta toma de decisión. Es el pueblo panameño quien debe convocar y elegir a las mujeres y hombres (de todos los sectores y organizaciones) quienes considere deben encargarse de confeccionar una nueva Constitución. Sólo así estaremos garantizando la igualdad democrática y representativa hasta hoy negada. Sólo así eliminaremos los excesos, acabaremos con la rigidez, el centralismo, la partidocracia y el estado omnipoderoso que contiene nuestra actual Constitución y, sobretodo, lavaremos el pecado original con que fue concebida en 1972. Para quienes argumentan que una Constituyente es crear inseguridad, fomentar un golpe de Estado, o que es un cheque en blanco, insisto en sugerir analicen los diferentes mensajes que envió el pueblo panameño el pasado 30 de agosto. En otras palabras, ese proceso enterró los vestigios del panameño "tonto" que se engañaba, chantajeaba y manipulaba, aquel víctima del clientelismo (antes del licor y la compra de votos y ahora de los sweaters, bloques, arena y partidas circuitales) y parió, para alegría de la patria, al panameño que comprende la importancia de su fuerza ciudadana, de su discernimiento político, de lo mucho que significa para el país su decisión voluntaria de participar en forma efectiva.
Estoy convencida del desafío que tenemos como nación, estas son las elecciones, más importantes de nuestra era republicana. El momento histórico requiere serenidad y sabiduría de las mujeres y hombres que dentro del nuevo gobierno asuman la responsabilidad de trazar avenidas de entendimiento nacional para gestar un nuevo orden institucional, político, jurídico, cultural y social que beneficie nuestro país.
Siempre como ciudadana y, ahora como candidata a legisladora, mis acciones han estado comprometidas con mi patria, por ello es, que sin temor alguno clamo por una Constituyente.

101 años de Panamá América

 
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