Sin vuelta atrás
La crisis en el vecino pueblo hondureño se encrudece. Si alguien tenía esperanza de que los golpistas reconsideraran lo actuado, hoy ya no la hay. José M. Insulza, secretario de la OEA, regresó con las manos vacías después de alertar a Roberto Micheletti que Honduras sería expulsada de la organización de no restituir a Zelaya. “Mi conclusión es que la ruptura del orden constitucional persiste y que los que hicieron esto no tienen por el momento ninguna intención de revertir la situación. He recibido una cantidad de documentos mostrando de qué manera habría cargos pendientes contra el presidente Zelaya...”, indicó Insulza.
El esfuerzo no sólo fue infructuoso; Micheletti acusó a la OEA de interferir en su país, retiró a Honduras de la organización y denunció que se teje una conspiración desde el exterior contra su gobierno instituido tras ser depuesto el presidente Manuel Zelaya. Y advirtió que no permitirá imposiciones.
Zelaya, presidente sin país, responsabilizó a las potencias del mundo del destino democrático de Honduras. Una frase que entre líneas pareciera que hay una sombra poderosa detrás de Micheletti que lo está apoyando. En una forma sin precedentes, los países del mundo concordaron en que se debía restituir la voluntad del pueblo hondureño y reprocharon la acción del ejército que hoy tiene a la gente en la calle.
Sin embargo, el mayor pecado de Zelaya, al menos ante la opinión pública, pudo haber sido dejar que el presidente de Venezuela Hugo Chávez le arrebatara su propia lucha.
Las declaraciones del presidente venezolano en nada contribuyen a su homólogo; constantemente arremeten contra el presidente estadounidense Barack Obama, e instan a una “revolución” en Honduras si no se restituye a Zelaya.
La complicada situación no parece dar paso a una solución pacífica, por lo menos a corto plazo. Ante la advertencia de Zelaya de regresar a su tierra, y la negativa de Micheletti de abandonar el cargo y encarcelar a su rival, la democracia se ve una más a prueba, no sólo por el mismo pueblo hondureño, el ejército y la institucionalidad del país, sino por la reacción de la ONU, la OEA y SICA, cuya esencia se basa en preservar la paz democrática en la región.