Síndrome escapista agudizado
Para nada deben sorprender las últimas, las penúltimas o las antepenúltimas declaraciones del señor Torrijos sobre las protestas de los trabajadores de la construcción que reclaman, desde hace muchísimo tiempo, que el gobierno de turno, en cumplimiento de su deber garantice la seguridad laboral. Y si la cabeza del gobierno, vuelve a recurrir a sus consabidas tácticas escapistas, mucho menos deben sorprender las cantifladas salidas del Ministerio de Trabajo, coreadas por varios de los "voceros oficiales oficiosos", para intentar justificar su inexcusable inacción.
El actual gobierno lleva al frente de la administración pública tres años y medio; y hace mucho tiempo que debió haber tomados medidas concretas para garantizar la seguridad de los trabajadores de la construcción y en otras áreas del mundo laboral donde ésta es inexistente. El auge de la construcción comenzó hace varios años, pero, para el gobierno, tal parece que hubiera comenzado ayer. En los últimos años se ha producido un desproporcionado aumento de accidentes fatales y lesiones que pudieron evitarse. Sin embargo, ahora, cuando los obreros, con razón, demandan que el gobierno actúe, nuevamente somos testigos de acciones escapistas y represoras. Si la situación llegó a los extremos que llevaron a las confrontaciones que, por principio, lamentamos, la culpa es, principalmente del gobierno, por su incompetencia.
La inseguridad en el sector de la construcción, al igual que otros problemas en los cuales el gobierno del señor Torrijos ha sido incapaz de dar las respuestas que prometió, como es el caso del transporte, la salud o la educación, siguen demostrando el grave error que cometieron los que, animados de buena fe, en su momento y creyéndose sus cantos de sirena, le eligieron. Como se la mire y por donde se la mire, "la patria nueva" es un rotundo fracaso.
Hace algunos meses, escribí un artículo bajo el título "El síndrome de la irresponsabilidad escapista", en el que señale que el gobernante de turno, en lugar de enfrentar y resolver los problemas que prometió solucionar y que son de la responsabilidad del gobierno, siempre recurre a trasladar sus culpas a otros y cuando el agua le llega al cuello, invariablemente echa mano a la represión y, después, se disfraza de chico bueno apelando a la cordura de la ciudadanía o a la necesidad de preservar la paz social, de cuya alteración a él le cabe la primera responsabilidad. Los gobernantes están para prevenir y evitar que surjan los conflictos sociales. Eso lo consiguen demostrando visión para planificar y ofrecer, a tiempo, alternativas de solución. Esa, desde luego, no es la característica del gobernante de turno.
Pero cuando los conflictos, que todos vemos venir, menos el señor Torrijos, se agravan por su incapacidad para prevenirlos, entonces todos: los que protestan, los partidos de oposición y cualquiera que le critique es automáticamente calificado de oportunista político, de conspirar para desestabilizar el país, de enemigo del progreso y satanizado por la propaganda oficial y sus corifeos. Pero la cosa no queda allí. Además, se recurre a las bravatas y a la amenaza de represión, que creíamos eran cosa del pasado.
Afortunadamente, solamente faltan 14 meses para que volvamos a las urnas y podamos tener la oportunidad de sacudirnos de tanta incompetencia acumulada. ¿La aprovecharemos?