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Siria y el Medio Oriente


La muerte del veterano dictador sirio Hafez-el-Assad y su rápido reemplazo por su hijo Bashar, oftalmólogo de 34 años, completa el terceto de gobernantes de la nueva generación del Medio Oriente. Antes el príncipe Abdala sucedió a su padre Hussein de Jordania y Mohamed a Hassan de Marruecos. Pero ninguno de los monarcas desaparecidos tuvo el protagonismo belicista de Hafez-el-Assad de Siria desde que el estado de Israel se incrustó en las arenas del desierto bíblico, provocando una polvareda más asfixiante que la del peor simún.
Hafez-el- Assad murió sin bajar la guardia. En sus últimas fotografías era perceptible que estaba demacrado, pero aunque su talante físico no era ya el mismo de la guerra de los seis días, sus pasiones no habían amainado. Bajo la persistente intervención de Madeleine Albright accedió a iniciar las conversaciones de paz con el gobierno de Barak. Sin embargo, no condujeron a nada concreto porque el legendario líder que gobernó treinta años como un monarca laico, sin opositores ni rivales, puso la devolución de las alturas del Golán, histórico emplazamiento sirio, como condición previa a las tratativas.
Tiempo después, Israel retiró sus tropas de la frontera con el Líbano, mas Hafez-el- Assad se fue al otro mundo, sin aceptar que esta vieja exigencia de su ajedrez geopolítico iba a significar la suspensión del apoyo sirio a las huestes fundamentalista que jaqueaban desde muchos años atrás al ejército israelita. Este movimiento a favor de la estabilidad de una frontera incendiada por varias décadas será una de las primeras encrucijadas que afrontará su joven heredero.
Bashar toma la rienda por circunstancias especiales. Su hermano mayor Rifaat no dio la talla en 1983 cuando pudo reemplazar al padre por dolencias cardíacas y luego el otro hermano Bassel murió en un accidente en 1994. La Constitución se cambió de un día para otro para allanarle la sucesión. Mientras en Jordania Abdala se aproxima más a Occidente y Mahomed de Marruecos se libró del aparato de represión, Bashar tiene por delante decisiones sobre la inserción de Siria en un Medio Oriente ya menos ideologizado y más pragmático que el que sumergió a su progenitor hasta el último aliento.


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