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SITRACHILCO, de trabajador a patrono


Buena noticia. El Sindicato de la Chiriquí Land Company (SITRACHILCO) acaba de acordar con la filial local de Chiquita Brands International, PAFCO, la compra de las explotaciones bananeras que opera en el área de Puerto Armuelles. El precio es de B/.20 millones, que es obvio resultado de arduas y dilatadas negociaciones, que se reflejan al contrastarlo con la propuesta de precio original de la empresa que fue de B/.30 millones.
El sindicato se encargará del negocio de producción y la Chiquita Brand de la comercialización del fruto por los próximos 10 años. Un vocero de la empresa manifestó que la transacción fue la más grande de su tipo. Se trata de un aguerrido sindicato que se convierte en empresa privada y de una curiosa asociación de dos antiguas contrapartes, por no llamarles fieros adversarios, que ahora se asocian en un negocio lucrativo.
¿Qué diría el viejo Karl Marx, con su concepción del sindicato arrebatando a los empresarios los medios de producción? Posiblemente se regocijaría, pero también renegaría de la forma poco ortodoxa, para sus estándares doctrinales, de toma del poder. Y lo más probable es que moriría en el acto, al ver a SITRACHILCO asociado con "la patronal" en la comercialización.
Es difícil no sonreír al ver al sindicato compartiendo réditos con la anterior propietaria, esforzándose por reducir gastos, buscar eficiencia, velar precios internacionales y valores en las bolsas internacionales y, sobre todo, pagar planillas. Ese es su nuevo papel que nos toca hoy destacar, cerrando para siempre la inevitable ironía histórica, para aplaudir y darle la bienvenida al mundo empresarial de los negocios y de la libre empresa.
¿Qué tipo de modelo seguirá SITRACHILCO con sus trabajadores? Seguramente, muchos serán socios, otros preferirán vender sus participaciones a terceros o a la propia nueva empresa sindical. ¿Será un modelo cooperativo? En fin, Panamá está al borde de un trascendental experimento. Nunca antes un negocio tan grande y complejo estuvo directamente en manos de trabajadores. Su experiencia, si es buena, puede ser recogida por otras áreas, incluso en otros países, como por ejemplo. Su fracaso, hundiría una esperanza. Y en nuestro caso, no podemos sino desearle suerte. Con el financiamiento hay que tener extremo cuidado. El 70% lo hará la banca local y el resto lo arreglará la empresa. La primera parte nos preocupa, la posibilidad de recargar aún más a los bancos estatales con operaciones "garantizadas" con sus propios activos (son tierras estatales) y frágiles bananales. Entiéndase, no nos oponemos al financiamiento, tan sólo aspiramos a un juicioso manejo y a la división del riesgo. Por lo demás, reservándonos otras sugerencias para futura ocasión, nos regocijamos por la conservación de la fuente de trabajo y de riqueza.
Necesidad de una mayor eficiencia administrativa y de mejor acción fiscalizadora de parte de la dirección de la entidad. Perjuicios económicos a la Caja por la atención en salud a personas no afiliadas ni cotizantes, cuyos costos deberían ser cubiertos totalmente por los beneficiados o por el Ministerio de Salud.
Exagerado número de beneficiarios, lo cual nunca se previó cuando se establecieron las cuotas a pagar por los cotizantes, realidad que lesiona injustamente la economía de la Caja.
Por lo anterior, y porque el nivel de cuotas actuales es muy inferior al vigente en todos o en la mayoría de los países que cuentan con este servicio social, es justo que se aumenten las cuotas, moderadamente, para fortalecer la institución.
Cuando se estableció la edad de jubilación, la esperanza de vida del panameño no pasaba de los 65 años. Hoy llega casi a los 75, mejoramiento que, en parte, se debe a la influencia de los programas de la Caja. Por ello, porque la vida útil del panameño ha aumentado sensiblemente y porque en la mayoría, si no en todos los países con Seguridad Social, la edad de jubilación es más alta que la nuestra, resulta justo y correcto que ésta se aumente. Con ello se aliviaría notablemente la economía de la Caja
Todos los enunciados anteriores constituyen apoyos sobre los cuales se puede apuntalar la situación financiera de la CSS. Desprendámonos de la codicia, egoísmo y el sectarismo y tomemos, armónicamente, las medidas perentorias para corregir todo lo indicado pues, si se hunde el Seguro Social, todos los que vivimos en este país, ricos y pobres (toda la Nación), sufriremos las consecuencias.

101 años de Panamá América

 
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