Situación Ambigua
Una de las características preocupantes del actual proceso electoral es el desborde de las organizaciones religiosas hacia la política.
Mons. McGrath buscó mantener una Iglesia independiente pero no indiferente, que desde su independencia no dejara de esclarecer la significación moral de los acontecimientos y tendencias de la realidad nacional y ofreciera orientación sobre cómo actuar en tales circunstancias, pero que no se subordinara a ningún dirigente o instancia política ni intentara suplantarlos inmiscuyéndose en sus ámbitos propios.
Con la jubilación de Mons. McGrath en 1994 se marcó el fin de una época. La responsabilidad por la conducción de la Iglesia pasó a manos de Mons. José Dimas Cedeño. Como es natural la orientación del nuevo Arzobispo en cuanto a la relación entre la Iglesia y la política ha tomado algún tiempo en manifestarse. Durante un primer tiempo la prudencia y la sensatez que son virtudes tanto naturales como cultivadas por parte del Arzobispo, le sirvieron para que guiara a la Iglesia en su relación con la política sin problemas mayores.
Pero más recientemente el Arzobispo ha tenido actuaciones que dejan perplejo. A principios del año 2003 el Arzobispo se dejó atraer por un Encuentro Nacional por la Fe y la Esperanza organizado por el Presidente del MOLIRENA, donde la Iglesia, representada por dos destacados sacerdotes, compartió el papel fundamental con dos grupos evangélicos, el Tabernáculo de la Fe del pastor Manuel Ruiz y Hosanna del pastor Edwin Alvarez, que parecen tener un vínculo político especial con el Presidente del MOLIRENA, pues dicho partido habría postulado al primero para legislador y se rumoró que podría postular al segundo para alcalde de Panamá.
En ese entonces escribí el siguiente comentario: "El evento sorprendió porque representó una ruptura [de la Iglesia] con su propia praxis teológica en Panamá. En efecto, por primera vez la Iglesia Católica aceptaba ser convocada para un tema de su magisterio moral ordinario por un solo partido político, en vez de ser ella quien convocara a todos los partidos. Y de hecho, el programa no preveía la participación de ningún otro representante de otro partido y el texto propuesto no había sido acordado con los otros colectivos políticos del país... Al Arzobispo no se le podía escapar que, si aceptaba la invitación, permitía que se diera en la opinión pública una ambigua asociación de la Iglesia Católica con un partido específico...". Cabe añadir que la exclusión de las iglesias cristianas históricas, con las cuales la Iglesia Católica forma parte del Comité Ecuménico, la situaba en una posición difícil de explicar.
Además, las autoridades de la Iglesia Católica se vuelven a colocar en una situación ambigua a propósito del tema del cambio constitucional. El Comité Ecuménico, con un sacerdote presidiéndolo, inició una campaña por un cambio total de la Constitución. Se dio a entender que el mismo estaba apoyado por el conjunto de la Iglesia Católica, cuando en realidad la Conferencia Episcopal Panameña no se ha pronunciado aún.
En realidad lo que la Conferencia hubiera podido decir es que los creyentes tienen plena libertad en preferir que no se hagan cambios constitucionales actualmente, o que se hagan cambios limitados o que se cambie la constitución en su totalidad.
No parece que se pueda justificar una intervención episcopal que sobrepase estas orientaciones, porque la actual Constitución puede ser perfeccionada pero no incluye elementos intrínsecamente inmorales.
Mons. McGrath buscó mantener una Iglesia independiente pero no indiferente, que desde su independencia no dejara de esclarecer la significación moral de los acontecimientos y tendencias de la realidad nacional y ofreciera orientación sobre cómo actuar en tales circunstancias, pero que no se subordinara a ningún dirigente o instancia política ni intentara suplantarlos inmiscuyéndose en sus ámbitos propios.
Con la jubilación de Mons. McGrath en 1994 se marcó el fin de una época. La responsabilidad por la conducción de la Iglesia pasó a manos de Mons. José Dimas Cedeño. Como es natural la orientación del nuevo Arzobispo en cuanto a la relación entre la Iglesia y la política ha tomado algún tiempo en manifestarse. Durante un primer tiempo la prudencia y la sensatez que son virtudes tanto naturales como cultivadas por parte del Arzobispo, le sirvieron para que guiara a la Iglesia en su relación con la política sin problemas mayores.
Pero más recientemente el Arzobispo ha tenido actuaciones que dejan perplejo. A principios del año 2003 el Arzobispo se dejó atraer por un Encuentro Nacional por la Fe y la Esperanza organizado por el Presidente del MOLIRENA, donde la Iglesia, representada por dos destacados sacerdotes, compartió el papel fundamental con dos grupos evangélicos, el Tabernáculo de la Fe del pastor Manuel Ruiz y Hosanna del pastor Edwin Alvarez, que parecen tener un vínculo político especial con el Presidente del MOLIRENA, pues dicho partido habría postulado al primero para legislador y se rumoró que podría postular al segundo para alcalde de Panamá.
En ese entonces escribí el siguiente comentario: "El evento sorprendió porque representó una ruptura [de la Iglesia] con su propia praxis teológica en Panamá. En efecto, por primera vez la Iglesia Católica aceptaba ser convocada para un tema de su magisterio moral ordinario por un solo partido político, en vez de ser ella quien convocara a todos los partidos. Y de hecho, el programa no preveía la participación de ningún otro representante de otro partido y el texto propuesto no había sido acordado con los otros colectivos políticos del país... Al Arzobispo no se le podía escapar que, si aceptaba la invitación, permitía que se diera en la opinión pública una ambigua asociación de la Iglesia Católica con un partido específico...". Cabe añadir que la exclusión de las iglesias cristianas históricas, con las cuales la Iglesia Católica forma parte del Comité Ecuménico, la situaba en una posición difícil de explicar.
Además, las autoridades de la Iglesia Católica se vuelven a colocar en una situación ambigua a propósito del tema del cambio constitucional. El Comité Ecuménico, con un sacerdote presidiéndolo, inició una campaña por un cambio total de la Constitución. Se dio a entender que el mismo estaba apoyado por el conjunto de la Iglesia Católica, cuando en realidad la Conferencia Episcopal Panameña no se ha pronunciado aún.
En realidad lo que la Conferencia hubiera podido decir es que los creyentes tienen plena libertad en preferir que no se hagan cambios constitucionales actualmente, o que se hagan cambios limitados o que se cambie la constitución en su totalidad.
No parece que se pueda justificar una intervención episcopal que sobrepase estas orientaciones, porque la actual Constitución puede ser perfeccionada pero no incluye elementos intrínsecamente inmorales.