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Situación carcelaria


El número de presos rebasa la capacidad de cada penal, lo que indica que las condenas por diferentes delitos siguen aumentando, sin considerar los que deben estar detenidos pero no lo están por componendas, influencias y negligencias de algunos funcionarios. Eso es lamentable  para la imagen de la justicia y   la nación, y representa alto costo  para el Fisco.

Hay detenidos que los mantienen más tiempo que lo que la condena establece sin hacerles las audiencias respectivas debido al sistema burocrático en cada despacho. La justicia y los derechos humanos se contradicen en su aplicación cuando un adulto delincuente o un menor de edad asalta, asesina o secuestra. Si acaso la justicia lo llega a apresar, de inmediato salen los grupos de derechos humanos reclamando  consideración para el detenido. Sin embargo, no se considera a las víctimas y a sus familiares.

Al delincuente o detenido, como ser humano que es, se le deben respetar sus derechos y su dignidad sin castigos físicos fuera de la ley, pero sí hacerle sentir la sanción por su delito haciéndolo trabajar en un oficio de utilidad para la nación, una continua orientación; hay que enseñarle consejos morales y positivos, para que cuando termine su condena sienta arrepentimiento. Ello sería una forma de mermar la delincuencia y el hacinamiento en cárceles.

Por la débil aplicación de la justicia, es por lo que muchos detenidos vuelven a caer en la delincuencia. Algo que aún mantiene a la sociedad ofendida es el nombramiento, en posiciones relevantes y representativas con altos salarios, a elementos que tanto daño hicieron a la patria, a pesar de contar con jugosas jubilaciones, cuando hay tantos panameños sin un trabajo honesto.

101 años de Panamá América

 
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