Situación laboral
Cada día miles de panameños salimos a la calle a cumplir con nuestro compromiso laboral, unos bien remunerados, otros con lo suficiente para vivir, y otros no saben porqué siguen saliendo todos los día de sus casas.
Lo interesante de esta historia diaria es la odisea que cada uno vive con el deseo de regresar sanos y salvos. Algunos tienen trabajos cómodos, livianos y otros peligrosos como los policías, bomberos, rescatistas, mineros, por citar algunos.
Sin embargo, en los últimos años, un sector laboral es considerado más peligroso que desarmar bombas (porque eres consciente del peligro, llevas las medidas de protección al extremo), un empleo que tiene a cuestas el progreso y desarrollo de un país, que pone en vela todas la mañanas a muchas madres, esposas, hermanas y hermanos implorando por la esperanza de que su ser querido regrese a casa. Esta profesión, casi mortal, es la construcción y nuevamente cobra la vida de dos obreros en menos de 24 horas, que independientemente de reclamos y reproches salieron a trabajar con el deseo de llevar el pan a casa. Hagamos un alto aquí y revisemos qué ha pasado en los últimos meses: Huelgas, batallas campales, daños a la propiedad privada y pública, un muerto en un confuso incidente, imágenes de trabajadores reducidos por unidades policiales, policías heridos, pérdidas económicas valoradas en varios millones de dólares y como resultado un documento de 400 artículos con varios disparates técnicos, omisiones teóricas y decenas de “errores de dedo” para ser aplicadas por personas que desconocen totalmente el espíritu original del Código. Pero, al final de cuentas, qué más da.
No teníamos nada, ahora tenemos un reglamento de vitrina y la convicción de poder hacer algo más para evitar las perdidas innecesarias de vidas.
Si al igual que la familia, el recurso más importante de una empresa pública o privada son las personas, porqué no legislamos para protegerlas. El Decreto Ejecutivo No. 2 del 15 de febrero de 2008 es solamente la rama del árbol, debemos concentrar los esfuerzos del Ejecutivo y el Legislativo en crear políticas gubernamentales bien cimentadas y estructuradas para todos los sectores laborales del país. Una intención clara en este sentido sería la ratificación del Convenio 187:2006 sobre el marco promocional para la seguridad y salud en el trabajo y, en esa misma línea, llevar al debate al proyecto de ley No. 112 por el cual se crea el régimen de seguridad y salud ocupacional de Panamá, transportando la carreta como debe ser, detrás de los bueyes.
No hay recetas especiales, ni conjuros con varitas mágicas para resolver los problemas de la seguridad y salud ocupacional. Si verdaderamente se quiere hacer algo importante y marcar un hito, iniciemos creando una autoridad nacional en la materia con personal capacitado e idóneo que pueda aplicar las medidas coercitivas necesarias con moral y conocimiento de causa, para así respetar nuestra sagrada promesa de "regresarlos a casa, al final del día, en una sola pieza".