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Situaciones que sirven de ejemplo


Cuando leí la noticia referente a la presión que los indígenas en Ecuador para deponer o dar un golpe de Estado al Presidente electo, pensé en que ya se estaba convirtiendo en una costumbre y que no les gusta ninguno de los que ellos mismos eligen. Luego escuché a un comentarista de radio decirle a la Sra. Presidenta que esto podría ser la ley del dominó y que se cuidara. Esto me disgustó porque, a pesar de que nuestro país tiene grandes problemas, difiere mucho del Ecuador.
El factor económico no es igual; el factor étnico dista de parecerse siquiera; en madurez política, Panamá está por encima de otros países. Pero, no debe ser esto lo único que nos preocupe, porque dudo que aquí repitamos lo del Ecuador, ya que los panameños estamos dispuestos a defender la democracia y a que la Presidenta termine el período para el cual fue electa.
Por otro lado, sería bueno tomar en cuenta el fenómeno que viene sucediendo desde hace varios años en diferentes países. Notamos cómo los pueblos han invertido su papel y aquella masa amorfa que era conducida por los políticos sin protestar, y sin cuenta habida de a dónde las llevaban, hoy son pueblos no políticos dispuestos a imponer la fuerza que le da el número superior a las agrupaciones políticas.
Fujimori era una figura desconocida políticamente y logró un triunfo inesperado para la mayoría. Vargas Llosa representaba la oligarquía gobernante hasta el momento, de la que estaba cansado el pueblo peruano, en su mayoría indígena y que buscó una nueva opción en la desesperada necesidad de respuesta a sus problemas. Luego de uno o varios escándalos políticos en Venezuela, con una masa sin esperanzas, la vida encarecida, con tanto petróleo y cuyo producto iba a pocos bolsillos, la masa venezolana se volcó a un candidato que tal vez no sea el mejor, pero era una nueva alternativa a su desesperación.
Cuando el Presidente Pérez Balladares quiso cambiar la Constitución Política, con el fin de copiar lo que veía de moda en otros países, no fue la clase política quien decidió a favor o en contra de esa figura reeleccionista; fue el gran porcentaje de independientes que votó, a conciencia unos, en contra otros. Lo cierto es que fueron esos independientes quienes le dijeron a esos políticos: basta, ahora nosotros decidimos porque somos mayoría.
En Ecuador no ha sido diferente y esa masa mayoritaria marchó y presionó hasta lograr la renuncia del Presidente.
Preguntemos qué sucedió en Guatemala, donde fue derrotado el grupo tradicional político, aun a sabiendas de quiénes son los del otro bando. Tampoco los políticos decidieron quién gobernaría ese país; fue la masa que sentía que el proceso de paz no había sido completo, que sus tortillas y frijoles no le llegan, que los secuestros y muertes no terminan.
En fin, en ese espejo deben mirarse nuestros gobernantes. Ese comportamiento refleja el peligro de que aparezcan nuevos dirigentes sin formación política para ello, y cuyo resultado no sería el mejor, ya que se busca, principalmente, intereses propios, se convierten en gobiernos unipersonales y dictatoriales por la inseguridad de afrontar una democracia y sólo piensan en el populismo y el paternalismo para complacer a esa masa que le dio el apoyo.
Miremos, pues, lo que sucede alrededor de nuestro país e imprimamos un verdadero gobierno de estadistas para llenar las necesidades de la mayoría. Pensemos seriamente que a los políticos nos corresponde la responsabilidad de gobernar, de arreglar los países, de mandar y saber mandar, antes de que las masas sobrepasen a las dirigencias con la consecuencia funesta de una revolución social que trae violencia interminable y estúpida.

101 años de Panamá América

 
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