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Soberanía: pérdida de su protección


Bajo tan inepto liderazgo, Estados Unidos y sus aliados de la OTAN no sólo dan traspiés hacia la utilización de infantería en Serbia sino que establecen precedentes legales, sin examinar sus implicaciones.
La administración Clinton hizo que la OTAN interviniera en una guerra civil en los Balcanes que tiene muy antiguas raíces. No hay fundamento legal para tal intervención. Ni Estados Unidos ni sus aliados han sido atacados. Los intereses nacionales de Estados Unidos no están en juego. El Congreso no ha declarado la guerra.
Sin embargo, Estados Unidos bombardea a Serbia, seleccionando objetivos tanto civiles como militares y matando tanto a civiles como a militares.
Como quiera que se mire, somos el agresor.
Al no contar con un fundamento legal para el ataque, la administración Clinton ha disfrazado su agresión culpando a Serbia y a su dirigencia política de hacer en Kosovo lo que el ejército de Abraham Lincoln hizo en el sur el siglo pasado. Esta campaña de presentar a los serbios como demonios tiene tanto que ver con las atrocidades cometidas como con los débiles fundamentos políticos y legales de nuestra intervención militar.
El ataque por parte de Estados Unidos y la OTAN significa un verdadero conflicto potencial para los funcionarios tanto estadounidenses como europeos en la Corte Criminal Internacional.
El 17 de julio del año pasado, una conferencia diplomática de la ONU en Roma decidió establecer un tribunal criminal internacional y permanente en Holanda, para ocuparse de crímenes gubernamentales contra la humanidad.
El intento de Estados Unidos de evitar que tuviese jurisdicción sobre tropas "pacificadoras" estadounidenses fue rechazado por una votación de 113 contra 17. Para diciembre, ya unas 70 naciones habían firmado el tratado estableciendo el tribunal. Una vez que sea ratificado por 60 países, el tribunal tendrá jurisdicción sobre los ciudadanos de cualquier nación, haya ésta aceptado o no formar parte.
Entre los cargos que pueden ser presentados se incluyen las operaciones militares que a sabiendas ponen en peligro la vida de civiles. Parte de las bajas civiles ocurridas en Yugoslavia podrían ser consideradas accidentales más que intencionales, pero el bombardeo de la estación de televisión en Belgrado, que se sabía causaría la muerte de civiles, es un crimen sujeto a la jurisdicción de la Corte Internacional.
Es el mismo caso de las muertes en los bombardeos anunciados por la OTAN de plantas eléctricas y de acueductos en Serbia.
Es posible que el nuevo tribunal internacional no logre la ratificación y, de lograrlo, que no cuente con los medios para hacer cumplir su autoridad contra poderosas naciones de la OTAN. Antes que veamos a un presidente de Estados Unidos extraditado a Holanda para ser enjuiciado, Estados Unidos tiene que perder mucho de su poder o ese presidente su popularidad.
Pero no hay duda que las acciones de militares estadounidenses contra civiles serbios juegan a favor de quienes impulsan el tratado.
Para contrarrestar esta amenaza, la administración Clinton está tratando de crear un precedente legal para el uso de las fuerzas de la OTAN contra Serbia. De hecho se habla de "un nuevo orden mundial" bajo la tutela de la OTAN, interpretando la agresión contra un país independiente como una acción policial en contra de un miembro del "nuevo orden mundial" que se comporta mal.
De la misma manera como el Mercado Común Europeo se ha convertido en una unión política, la rápida expansión de la globalización está siendo utilizada por los defensores del llamado orden político mundial. Claro que los funcionarios de la OTAN prefieren que sus ataques contra Serbia sean considerados como acciones policiales, en vez de como hechos criminales.
La Corte Criminal Internacional sería un freno en la arrogancia de Estados Unidos, mientras que nuestra declaración acerca de un nuevo orden mundial es una expresión de esta misma arrogancia. ¿Cuál de las dos opciones prevalecerá? Eso depende de si Estados Unidos es temido o despreciado.
Ambas opciones apuntan directamente contra la soberanía, tanto la nuestra como la de Serbia. Al insistir en nuestro derecho de entrometernos en
Serbia por razones humanitarias, estamos implícitamente reconociendo el derecho de otros a intervenir en los asuntos de Estados Unidos, a través de un tribunal internacional.
Puede que soberanía parezca un concepto pasado de moda, pero continúa siendo el fundamento del orden internacional. Los actos que violan la soberanía debilitan el orden mundial.
Sea cual sea el resultado militar en Serbia, la administración Clinton estúpidamente ha creado un precedente que erosiona la protección de nuestra soberanía.

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