default

Soberano, ¡ojo al tigre!


La historia universal, y dentro de esta la panameña, se llena de personajes llenos de ansia de poder, que no ven otra finalidad en su devenir que el de dominar a otros seres humanos. En el hemisferio occidental hemos concluido que la democracia, aunque no perfecta, es de las mejores para frenar ese afán de poder. Es esa donde se osa llamar al pueblo "soberano".
Me imagino la cara de los absolutistas europeos cuando comenzaron a rodar cabezas entonces "soberanas", bajo la sombra de la gran bandera que rezaba "Liberté, Egalité e Fraternité" y surgía la nueva soberanía popular. Tomaría aún algunas décadas, algunas dictaduras y guerras fratricidas para confirmar tal soberanía. Pero la hemos alcanzado.
Estamos acostumbrados a escuchar del soberano como un rey, como un ente superior que domina soberbiamente sobre el devenir de los pueblos, hasta por voluntad divina. Pero, en su moderna concepción, en su carácter democrático, es algo mucho más cercano. Ese soberano es el conjunto de personas que conforman una nación: el pueblo. Esto lo confirma nuestra Constitución Política en su segundo artículo: "El poder sólo emana del pueblo".
Como parte del soberano es mi deber, y el de cada uno de los ciudadanos que lo conforman, no dejar a la deriva a nuestro gobernante. Es nuestra responsabilidad hacerle saber cuáles son las condiciones para que ejerza satisfactoriamente.
Carta abierta al Jefe de Estado:
Usted debe tener en cuenta factores importantes para satisfacer al soberano:
  1. No ha recibido el cargo que ostenta por derecho propio o divino. Ha recibido "su poder" de mano del soberano, por ello debe ejercer funciones ejecutivas y representativas en nombre del pueblo.

  2. Como figura pública de primer orden afrontará el hecho de ser un objetivo predilecto para chistes, que en muchas ocasiones son realmente buenos -sea sincero, ¿nunca se ha reído de un chiste sobre otro jefe de Estado?

  3. Tiene el deber de poner por encima de sus sentimientos personales la libertad de conciencia y de expresión del soberano que lo eligió. Éste no tendrá misericordia cuando se vea en el peligro que usted esté actuando negativamente, sea en sus actividades públicas o privadas. Recuerde que la calidad de vida del soberano depende sustancialmente de sus acciones.

  4. Sentirse todopoderoso no sólo es un pecado para muchas religiones, igualmente no lo va a hacer popular ante su soberano. Y como si fuera poco, ese sentimiento casi invariablemente se basa en suposiciones erróneas.

  5. Mentiras blancas se perdonan, pero mentiras encubridoras, de esas sí que pueden hacerse buenos chistes y canciones ingeniosas. Asimismo corre el riesgo de insultar la inteligencia y buenas intenciones del soberano. Y siempre recuerde: "El que quiere que lo respeten, debe primero aprender a respetar".

  6. Debe estar abierto a opiniones objetivas, y actuar si es necesario en contra de grupos de intereses poderosos, considerando el bien general y las metas de la nación como fin supremo de su actuar. Eso no sólo es señal de un carácter fuerte y centrado, es el atributo intrínseco de un gran hombre de Estado.

  7. Usted siempre debe estar dispuesto a sacrificarse y arriesgarse. Sacrificar sueño, vida privada, tranquilidad, caprichos, tiempo, amistades y buenas relaciones familiares para garantizar un gobierno que el soberano pueda considerar como cristalino, falto de corrupción y nepotismo. Debe coger unas cuantas canas, ser objeto de burlas y críticas, arriesgar inclusive algunos años de vida por el estrés al que se va ver expuesto.


Aceptar ese trabajo significa -siempre y cuando lo haga con el espíritu democrático, republicano y patriótico de un buen ciudadano- que va a tener uno de los trabajos más mal agradecidos. Pero no se deje llevar por sentimientos de odio o de incomprensión. Como gran hombre de Estado, y persona humilde e inteligente, entiende esos caprichos, y tomará ese peso sobre sí por el gran amor que siente por su soberano y por su patria.
El mayor de los peligros con los que se va a encontrar reside en su propio interior. El enemigo que lo perseguirá, por el tiempo en el que ejerza el derecho de gobernar, es el dejarse vencer por el poder.
Por eso amigo jefe de Estado y gobierno: ojo al tigre y cuídese, sobre todo, de usted mismo.
psarasqueta@hotmail.com

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América