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Sobre catálogos y normas de calidad


Estuve tratando de localizar jugueterías panameñas incansablemente en buscadores de Internet, en páginas amarillas y otras similares, que de por sí aparecen  en estas épocas; sin embargo, no logré hallar nada,  en lo absoluto,  en cuanto a información sobre estos comercios que se especializan en juguetes. Eso es algo que me inquieta.

Lo más alentador que encontré  en Internet fue el artículo de otro periódico nacional, el cual trataba sobre el futuro de las jugueterías en nuestro país; sin embargo, tanto ese artículo como los sitios de Internet fueron lanzados en 1999, y actualmente las direcciones allí mencionadas ni siquiera  pertenecen a estas empresas.

Ante esa situación, yo me pregunto porqué estas jugueterías no publican sus catálogos en línea al menos, y cómo es posible que entre tantas ninguna continúe con la iniciativa de muchas en el mundo entero que  tienen años vendiendo a través de Internet.

¿Será tan grande el negociado que tiene este mercado? ¿Tendrá algo que ver con las grandes diferencias entre los precios de Estados Unidos y de Panamá?

No quisiera pensar que estas empresas sienten tanto temor que no se atreven a publicar sus precios en Internet por la facilidad que tendría el consumidor de comparar, y la facilidad que tendría la competencia de hacer contra ofertas a estos precios.

Considero que, por medio de la Internet, se  incentivaría la libre oferta y demanda que, posiblemente, aplacaría la codicia de aquellos comercios que se aprovechan de los consumidores en el frenesí de estas fiestas de fin de año, que ya bastante comercializadas están; no obstante, esto es otro asunto por tratar.

Los padres solamente quieren lo mejor para sus niños, y podría seguir así, o mejor si los juguetes no fueran sobre-explotados.

Otra cosa que me llamó la atención está relacionada con las normas de calidad que se toman para con estos juguetes. Con los recientes escándalos que involucran a grandes empresas jugueteras en la venta y distribución de juguetes, generalmente fabricados en China, con altos niveles de toxicidad que pueden ser un peligro para los infantes, me preguntaba: ¿Quién se pone a ver eso aquí en este chiquito país donde la ley del más vivo prevalece?

Son nuestros niños los que pueden sufrir las consecuencias de ese tipo de negligencias si en nuestros comercios de clase económica lo que se vende son juguetes chinos de dudosa procedencia y calidad.

Quién me puede asegurar que estos juguetes de marcas brujas no tienen altos niveles de toxicidad, si en los de marcas más finas y caras se descubrieron estos defectos. La diferencia es que allá sí les importa y sacan los juguetes del mercado a coste de millonarias sumas de dinero, y cosa que me apena decir; pero no tengo la más mínima confianza en mis autoridades competentes (precedido de "in").

Bueno creo que me fui inspirando, y eso que todavía no paso de ser tío y padrino; no obstante, es una alerta que me llegó mientras navegaba los confines del cyber-espacio.

101 años de Panamá América

 
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