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Sobre comisiones, Sossa, y caricaturas


Al regresar de un viaje a un frío y lluvioso San Francisco, he tratado de ponerme al día leyendo las noticias de mi tierra natal. Los descubrimientos de las osamentas en Tocumen, con gran razón, acapararon los titulares del mes de diciembre y de lo que va de enero. Los periódicos parecen haber hecho un buen trabajo. Hay que aplaudir la valiente actitud de los reporteros, quienes sin mayor contemplación se lanzaron a cumplir su primordial misión de informar. El buen periodista dice la verdad, caiga quien caiga. Es una lástima que con tanto buen periodista todavía existan medios amañados y tendenciosos.
Una de las noticias que más me impresionó fue el descubrimiento de la placa de identificación del teniente Villamil. Esa es una prueba incontrovertible de la participación directa de los militares en esas torturas y asesinatos. Es algo así como la firma del último soldado que vio a esas víctimas con vida. Lo más espeluznante, sin embargo, es que ese Villamil era escolta personal del dictador de turno Omar Torrijos. Y aún así hay gente que cacarea que "Torrijos no sabía nada". ¿Cómo pueden ser tan ciegos?
La Comisión de La Verdad es una absoluta necesidad. Nadie cree en la objetividad del procurador Sossa, o su deseo de descubrir los hechos. Sossa, además de ser cerrado de mollera, es amigo personal de Pérez Balladares. ¿Y vieron las últimas declaraciones de Sossa? Que no va a indagar a los militares que estaban en el Cuartel de los Pumas durante las torturas y crímenes hasta que - oigan esto - "no se identifiquen completamente las osamentas"? Yo no soy siquiatra, pero si me preguntan, creo que a Sossa le falta un tornillo. No entiendo cómo a estas alturas no lo han separado de su cargo.
No es de sorprender que con Sossa, como procurador y Perez Balladares como presidente, jamás se hizo nada por esclarecer las desapariciones de las víctimas de la dictadura. A esos tipos del PRD sólo les interesa su propio pellejo. No están interesados en la verdad. Ahora están desesperados lanzando a diestra y siniestra declaraciones absurdas y tratando de desviar la atención del público del tema de las osamentas. Por ahora nada les ha funcionado.
Volviendo a la Comisión de la Verdad, su integración me parece buena. Carmen Miró es una profesora universitaria internacionalmente reconocida; Otilia Tejeira de Koster es similarmente respetada en el campo de los derechos humanos, además de ser la esposa del famoso escritor R. M. Koster; Rafael Pérez Jaramillo, está comenzando a destacarse en el campo de las letras y el periodismo investigativo y ha demostrado un gran vigor en descubrir los abusos del período golpista (1968-1971); Julio Murray, es un obispo anglicano dedicado a la ideología cristiana y por ende, interesado en la justicia. De los otros miembros no sé mucho, pero no tengo por qué dudar de su integridad. Por supuesto, a esa comisión le falta una experta en antropología histórica, como la Dra. Brittmarie Janson Pérez, quien posee un PhD de la Universidad de Texas y ha escrito extensamente sobre la dictadura.
Estoy de acuerdo con el obispo Murray de que la Comisión de la Verdad no debe caer en el revanchismo. Pero por otro lado, tampoco debe caer en el proteccionismo. Aquí se trata de descubrir la verdad, no de proteger a nadie. Si el militar X fue culpable de asesinato, eso se debe decir. Si el militar Y fue cómplice, eso se debe saber. Si el dictador T estaba al tanto de los crímenes, eso se debe difundir. La verdad ante todo, obispo Murray, caiga quien caiga.
Por último, me tomó de sorpresa la demanda de Ricardo Arias Calderón por calumnia e injuria en contra de un caricaturista de La Prensa. Los panameños debemos abandonar esa tonta y risible costumbre de correr a los tribunales como niños llorones cada vez que en los medios aparece algo que no nos gusta. Por el amor de Dios, hay muchas cosas más importantes que hacer en Panamá que atarle las manos a los tribunales con esas demandas ridículas. A mí me han insultado un montón de veces en la radio y los periódicos y jamás se me ha ocurrido demandar a nadie.
Leí las fuertes réplicas de Arias Calderón respecto a la susodicha caricatura, y me fui a buscarla en los archivos cibernéticos a ver cuál era la bulla. No es para tanto, Dr. Arias Calderón. El caricaturista RAC claramente expresa en su dibujo que Arias Calderón debe sentirse consternado por haber firmado un pacto recientemente con un partido que está siendo increíblemente desprestigiado por los descubrimientos de Tocumen. Eso es todo. En ningún momento el caricaturista sugiere que el respetado Arias Calderón participó en esos macabros sucesos.

101 años de Panamá América

 
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