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Sobre correos y telégrafos


Los matojos de jazmín silvestre perfumaban el San Pablo, aquellas mañanas frías de veranos distantes. Navegábamos hacia el mar, sorteando la barra de arenas blancas y olas grandes que se da en la boca del majestuoso río, mientras arrastrábamos los señuelos mágicos para atrapar ilusiones y consumar así el sueño de conquistar el golfo.
Ya de tarde, y de vuelta en el embarcadero fluvial de Soná en Veraguas, limpiábamos la cosecha marinera mientras los leñadores acomodaban el mangle al borde del camino que conducía al poblado. Entonces los buhoneros cerraban sus carpas en la vetusta dársena para colocarse, apropiadamente, en el portal de la iglesia y así atajar la marea humana de la misa de seis.
En la esquina de la plaza -contigua a la sede municipal- operaba la oficina de correos. El lugar -hediondo a pegamento viejo, y que mantenían en un pote embarrado siempre junto a los esqueletos para redactar mensajes- era parada necesaria para saber y decir cosas a otra gente en otros sitios. El traqueteo indescifrable de un telégrafo ruinoso -operado por una dama taciturna harta de trasegar noticias tristes- completa ese recuerdo hermoso del ambiente que imperaba en el pueblo donde se crió mi madre.
222 Esta abierta confesión de ignorancia sobre qué es y cómo opera el Internet debiera ser motivo suficiente para invalidar, de inmediato, la resolución JD-3576 de 25 de octubre del presente año.
¡Qué tiempos esos! ¡Lástima que tan dulces memorias se estén diluyendo, poco a poco, en esa charca onírica donde guardo aquéllas y otras mil reminiscencias!
Sin embargo, una infausta sentencia del Ente Regulador de los Servicios Públicos (ERSP) bien pudiera retrotraernos a los arcaicos sistemas que operaban en esas épocas pretéritas. Alex Anel Arroyo, comisionado presidente del ERSP ordenó, recientemente, el bloqueo de 24 puertas de acceso al Internet, conocidas como User Datagram Protocols. Sin reparo alguno -y probablemente ajeno al impacto negativo que producirá tan infortunada medida- el personaje de marras aseguró, durante una citación que le efectuara la Asamblea Legislativa, que dicha resolución "se mantendrá en firme", agregando "que no se hicieron consultas al Ministerio de Educación, a la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e innovación ni a los proveedores de Internet para tomar esta decisión".
Para agravar más el asunto, Alex Anel Arroyo declaró que el bloqueo ordenado "no es un atentado contra la tecnología o la educación, ya que lo que se ha hecho es tratar de regular una actividad a la cual se dedican empresas que no tienen presencia física en Panamá, no pagan impuestos y no contratan mano de obra panameña, además que no tienen concesión para dedicarse a la actividades de la telecomunicaciones".
Esta abierta confesión de ignorancia sobre qué es y cómo opera el Internet debiera ser motivo suficiente para invalidar, de inmediato, la resolución JD-3576 de 25 de octubre del presente año. El Internet -en sus inicios instrumento militar norteamericano- es hoy día la herramienta más adecuada para hacer llegar la tecnología y la información a las grandes mayorías del planeta. Tal ha sido la magnitud de su impacto que infinidad de centros educativos, entidades gubernamentales y científicas en el ámbito mundial lo emplean diariamente, tanto para transmitir y recabar datos precisos, como método insuperable para seguir el acelerado paso que el sistema ha impuesto a la humanidad entera.
Seguro estoy que las instancias correspondientes fallarán en contra de tan absurda medida. De lo contrario, y frente al argumento empleado por el comisionado presidente del ERSP, irán apareciendo esos fantasmas de antaño y el ritmo de un Morse difunto -incomprensible y limitado como siempre fue- retumbará de nuevo en la plaza del viejo pueblo.
Entonces volverá el olor del lechoso pegamento, los formularios de mensajes y la venta de estampillas a dominar las comunicaciones entre marinos, buhoneros y parientes mientras más allá del imponente río -prendido otra vez con el aroma de un jazmín ausente- la civilización seguirá avanzando en pos de condiciones mejores para favorecer a la colectividad mundial.
(rbermudez@cableonda.net)

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