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Sobre cosas polticas olvidadas


PANAMÁ nace con dolores de partos intensos. Nos ayudan a zafarnos de los colombianos, pero nos desarman, nos quitan toda posibilidad de soberanía, ingresan en nuestras calles, por iniciativas de la potencia o a pedido nuestro, cuando convenía a intereses internos. Nuestros fraudes y contra fraudes comenzaron bien temprano (no en 1984, por favor), al punto que un cónsul francés hizo un informe, escandalizado por una elección municipal que demoró meses en escrutarse. Belisario Porras, en medio de un mar de contradicciones y de un enclave militar arrogante ante sus propios ojos, un poco mirando hacia Bogotá, pone los cimientos de esa "primera república". Los maestros distinguidos de los fraudes fueron liberales. Las primeras muestras que presencié fueron en la mismísima Presidencia de la República, cuando en 1968, ellos, no satisfechos con el triunfo del Doctor Arnulfo Arias, nos ordenaron a los oficiales y tropas, avalados por la Comandancia, meter votos de su partido en las urnas a favor del Ingeniero Samudio. Mucha agua ha corrido desde entonces.
Con el Golpe de 1968 cambió el escenario. En primer lugar, como axioma, ocurre un gran trauma constitucional, y nace el régimen militar con un pecado original severo. Omar Torrijos fue un dictador. Punto. Lo reconoció públicamente, y Felipe González en un editorial conceptual, ante las críticas sobre las razones de su amistad íntima con el General, respondió a nuestra prensa: "Sí, Torrijos era un dictador, confeso y converso, pero un fenómeno irrepetible en América Latina". Parece que igual criterio, para flagelación de Betty Brannan Jaén y de varios otros, tenían López Michelsen, Carlos Andrés Pérez, Daniel Oduber, Jimmy Carter, todos mandatarios democráticos, que igualmente intimaron con Omar. El inicia sus primeros pasos, para los muchos que nada recuerden de tales días, en medio de una contraofensiva de las víctimas directas del golpe, los arnulfistas, que con toda razón y derecho, protestan con todos sus medios, incluyendo las armas. Muertos de ambos lados, con mayor potencia de fuego y poder de matar de la Guardia Nacional. Noriega, justamente, por sus cualidades, es enviado a la misión más difícil, las guerrillas de Chiriquí, donde saca a relucir su capacidad de guerra y seguramente de crueldad con "el enemigo". Omar tenía otro escenario, el desafío por permanecer arriba, crear una base popular, impedir además que los norteamericanos se metan, como lo hacían siempre, a decidir. Izquierdas y derechas lo hostilizaban, los primeros por considerarlo "un militar de derecha, un bonapartista burgués", los segundos porque rompía el monopolio de décadas con gobiernos oligárquicos turnándose; el doctor Arias representó, aunque vinculado a las élites, una posición equidistante, diferente. Los militares, tenemos que reconocerlo, no teníamos conocimiento político para gobernar. Torrijos tuvo que buscar, con gran dificultad, los militares más capaces y los primeros cuadros civiles y aprender el mismo. Demostró su capacidad de hacerlo rodeándose de heterogéneos talentos. ¿Cómo podrá saber un joven entre 18 y 35, los nombres de los primeros ministros del general Torrijos?... El Dr. Alfredo López Guevara, canciller, el Dr. Eduardo Morgan, ministro de Gobierno y Justicia, incluso se extrañaran de que el difunto y gran panameño Alberto Conte llegó a ser viceministro de Hacienda y Tesoro del primer gabinete militar. ¡Tantos otros!... Se empieza a hablar pronto de un partido político, y allí surgen los Juan Materno Vásquez, los Gerardo González, los Rómulo Escobar, y se atraen personalidades de la talla de Edwin Fábrega, luego gente del nivel intelectual inobjetable de Hernán Porras; en el campo del servicio exterior, Jorge Illueca, Aquilino Boyd (a propósito, ¿Podemos imaginarnos a ese tipo de panameños aceptándole ministerios a Noriega?) Yo que conocí a los dos supe como eran de distintos y distantes.
El primer cuadro del PRD ya no está, los de ahora tienen que mostrar su calidad. Igualito pasa en el deporte; no podríamos depender ahora en el basketball de Rolando Blackman ó Junior Peralta, ó en el baseball de Rod Carew. Todo es mutable. Lo cierto es que la primera semilla del Torrijismo, (todavía no se había inventado el PRD), la conformamos (si señor) un grupo bien heterogéneo, donde algunos militares hicimos política (estoy entre ellos) aunque muchos otros no pudieron entenderlo. Omar lo comprendía, humilde. "Agrio es nuestro vino, pero es nuestro vino, Roberto", me dijo varias veces ante el problema de no poder politizar, adecuadamente, a los altos oficiales, que tenían un uso muy limitado políticamente, que no lograban entender a Omar, formados por ejemplo de las escuelas de los Somoza. Asumir el gobierno del país y la búsqueda de objetivos nacionales superiores, no eran materias comprensibles para quienes aprendieron de "la doctrina de seguridad nacional", embarrada del peor Macartismo. Omar probó con creces tener la razón, aunque lo miraran como comunista los coroneles que le dan un golpe de 24 horas, afiliados a la CIA y a sectores de CONEP. El PRD formal vino años después, y empezó a debatirse entre los Torrijistas y los Torrijeros, como ironizaba el propio Omar. Luego del 81, los Comandantes que llegan, buscan su sello, quieren brillo propio, se alejan del rumbo, no por culpa realmente, sino porque no eran capaces de subir a la altura de un Concorde, cuando sus motores eran de un Cesna 180. Comprensible. Vinculado estrechamente a Omar, desde la juventud militar, por casi veinte años seguidos, pude apreciar perfectamente, algo muy comprensible: No se puede ser estadista por sucesión cronológica. Ninguno de los militares que seguíamos luego de que lo murieron en 1981, tenía su visión; obviamente ningún otro Comandante fue gobernante. Noriega, en su turno, hipoteca el PRD, lo engaña, se hace pasar por nacionalista, siendo un burdo espía subalterno de la CIA, un socio táctico de Pablo Escobar Gaviria. Martín Torrijos refleja otro tipo de relevo, dentro de sus propias circunstancias, con el desafío de ser hijo de su padre. Mientras recibe ataques, lógicos, de sus opositores que le mezquinan algún mérito, de afuera le reconocen méritos a nivel de la apreciación continental. En todo caso, Torrijos y Noriega eran las antípodas. Martín está escribiendo su destino histórico, es su reto.
La autoestima es lo que la persona piensa de ella misma. Si un niño escucha constantemente que es malo actuará como tal. Si le dicen que no sirve, en su mente no habrá lugar para planes de vida. Si se le insulta sistemáticamente, se lo creerá. Esta idea queda marcada indefinidamente en la mente de un ser, que aunado a esto, recibió muy poco cariño; un abrazo o un beso materno o paterno.
En esa misma entrevista, el criminólogo me contó que en uno de los estudios que realizaba con menores abandonados, le llamó la atención como cada sábado los chicos asistían al barbero. ¿Por qué se preguntaba el doctor, si su cabello apenas alcanzaba unos centímetros? Cuando preguntó al estilista éste respondió: "Cada vez que ellos vienen a cortarse el cabello yo aprovecho para brindarles algunas caricias en su cabecita".
El gobierno ha intentado reducir la delincuencia a través de programas de armas por comida o la habilitación de lugares deportivos, pero con poco resultado. En vez de redoblar uniformados, debería masificar programas de prevención que corten de raíz el problema. Un ejemplo tan sencillo y claro lo detallo a continuación producto de una conversación que sostuve con una psiquiatra. Los niños que tienen trastornos de aprendizaje como dislexia o problemas para leer, empiezan a ser aislados por sus compañeritos y estigmatizados por sus maestros. Entonces el pequeño, que aún no tiene formada la personalidad, convierte el problema en algo emocional.
Si se hace una intervención es muy probable que el pequeño salga adelante, de lo contrario se asocia con gente que se encuentra en su mismo problema de rechazo.
Irónicamente los programas de psiquiatría de la Caja del Seguro Social están en crisis. Al servicio le faltan especialistas. De cinco funcionarios solo hay dos, el resto no ha sido nombrado.
Anécdota que ilustra la frase de Neuman, la cárcel es para la gente que no tiene chance de recibir una calidad de vida digna. Intervenir psicológicamente en familias y chicos resulta más efectivo que un policía parado en el portal de donde se escuchan gritos.
Es decir, donde hay que intervenir es precisamente en conductas pre-delictivas. Desaprender modelos de comportamiento es difícil, pero más grave es no contar con la orientación adecuada.
Faltan escuelas para padres. No sabemos como imponer disciplina sin golpes y por ende, repetimos patrones aprendidos. Carecemos de herramientas para poder "manejar" la conducta del menor.
Se debe profundizar en el sector social; empleo, vivienda, salud, educación, recreación etc.
Enfatizar en la prevención primaria, antes de que se emita la conducta, es donde radica la posibilidad de disminución del delito; pues, desde la óptica de represión secundaria, los recursos y esfuerzos resultan insuficientes, y no constituye una verdadera respuesta a la seguridad y bienestar de la sociedad.
Debemos idear programas que tengan paradigmas concretos. El Instituto de Criminología de la Universidad de Panamá ha diseñado una política criminológica integral que el gobierno aún no echa en marcha. Entre sus aportes señala que la prevención antisocial se ha acentuado en la Policía, con resultados poco efectivos. Por lo que el incremento del delito, con el consiguiente sentimiento de inseguridad ha llevado a aumentar el número de unidades policiales en respuesta a una política represiva, en contraposición con la preventiva. En una Política Criminológica, se debe incluir el sistema de control social general.

101 años de Panamá América

 
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