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Sobre el cambio educativo


Reforma educativa, modernización del sistema educativo y transformación de la educación, han sido los grandes nombres que ha utilizado el Estado para entregarnos una educación deficiente y atrasada. Todos los planes que se han hecho hasta ahora se han estrellado con una realidad resistente a las mejores intenciones.
El cambio educativo que el país requiere no es un punto más en una larga agenda gubernamental, sino una prioridad del Estado y la sociedad.
Las dificultades provienen, quizás, de la acción combinada de tres mundos; pues los números, las ideas y las personas necesitan alinearse y lograr la sinergia capaz de hacer avanzar el sistema. Los números: el gasto en educación no es poco, pero hay despilfarro, pues la plena cobertura del sistema educativo no se ha logrado aún; hay una larga lista de escuelas que esperan desde hace mucho, una reparación urgente a sus infraestructuras, sin las cuales no es posible enseñar ni es viable aprender; los salarios de los educadores no han alcanzado aún un nivel decoroso y de las inversiones en nuevos proyectos mejor no hablemos. El sistema educativo necesita más inversión sí, pero también una administración profesional, pues un educador, por bueno que sea, no es necesariamente un buen gerente y la gerencia, como toda ciencia, requiere de una formación. Las ideas: revitalizar la educación es inyectarle nuevas ideas, revisar la currícula y abrirla a las necesidades de la sociedad, ya que la creación de nuevos perfiles es la apertura de nuevas oportunidades para nuestros jóvenes. No debe haber ninguna duda de que la visión del sistema debe estar encaminada a formar los hombres y mujeres del siglo XXI, pues no hay tiempo ni espacio para contemplaciones nostálgicas sobre las virtudes de la educación del siglo pasado. La gente: por muy buena administración que haya, por muy avanzados que sean los planes y programas educativos, no se habrá conseguido mucho si no se cuenta con los educadores que son los que finalmente son, quiérase o no, el ejemplo viviente de la sociedad ante los rostros anhelantes de la niñez y la juventud panameñas. El ser humano aprende más por lo que ve, que por lo que oye, y le es más fácil imitar un comportamiento que seguir una instrucción escrita. Pero he aquí el gran problema y es que los educadores no son un producto importado de otro planeta, pues ellos mismos son el resultado del sistema educativo atrasado y deficiente que tienen que transformar.
Por eso hay que hacer un esfuerzo especial en la formación de los recursos humanos para el cambio educativo, pues lo que es cada maestro y cada maestra repercute cien, mil, cien mil veces en la sociedad, ya que nuestros niños y jóvenes llevarán la marca indeleble de su educación durante toda su vida.

101 años de Panamá América

 
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