Sobre el cambio en las instituciones
El mundo cambia constantemente, y la sociedad en sí misma mantiene un prolongado proceso de cambio y ajuste a las nuevas circunstancias. Por eso, en determinado momento, las instituciones dejan de funcionar adecuadamente porque han cambiado la población, las costumbres, los patrones de conducta, ha avanzado la tecnología y se presentan nuevos problemas a los que hay que dar respuesta.
En ese contexto, no es fácil estar a la altura de las expectativas de la gente, que espera soluciones, y se hace necesario el cambio para que las instituciones se correspondan con las nuevas realidades.
El problema está en que el proceso de cambio tiene varias dimensiones. Una es técnica y se resuelve a través del conocimiento de los especialistas. Un segundo aspecto es político y se refiere a la decisión de las altas autoridades de proceder a movilizar los recursos humanos y financieros en una nueva dirección.
Lo técnico y lo político necesitan un complemento en la sociedad moderna, necesitan comunicación: si no hay una explicación adecuada de los cambios propuestos, las nuevas instituciones surgirán sin el respaldo de la gente, que no sabrá para qué sirven, ni cómo se usan.
Coordinar estos tres aspectos, requiere de una conducción política con cualidades gerenciales muy especiales, porque el proceso de cambio en una sociedad que aspira a ser democrática tiene que ser participativo.
El actual gobierno se ha propuesto hacer reformas importantes que, sin embargo, han adolecido de un déficit en alguno de los tres aspectos señalados. La creación de la Autoridad Nacional de Atención de Salud, o el nuevo proceso penal, o un nuevo sistema de transporte, son proyectos que requieren de una gerencia efectiva del cambio institucional. Al final, el éxito se basa no en lograr aprobar las reformas en la Asamblea Nacional, sino en obtener los resultados esperados por la sociedad. Y, ¿quién juzgará si los resultados se alcanzaron o no? Lo hará la gente.
Esperamos que las autoridades logren una conducción más equilibrada de los procesos de cambio porque de esto depende el bienestar y la prosperidad de la nación.
En ese contexto, no es fácil estar a la altura de las expectativas de la gente, que espera soluciones, y se hace necesario el cambio para que las instituciones se correspondan con las nuevas realidades.
El problema está en que el proceso de cambio tiene varias dimensiones. Una es técnica y se resuelve a través del conocimiento de los especialistas. Un segundo aspecto es político y se refiere a la decisión de las altas autoridades de proceder a movilizar los recursos humanos y financieros en una nueva dirección.
Lo técnico y lo político necesitan un complemento en la sociedad moderna, necesitan comunicación: si no hay una explicación adecuada de los cambios propuestos, las nuevas instituciones surgirán sin el respaldo de la gente, que no sabrá para qué sirven, ni cómo se usan.
Coordinar estos tres aspectos, requiere de una conducción política con cualidades gerenciales muy especiales, porque el proceso de cambio en una sociedad que aspira a ser democrática tiene que ser participativo.
El actual gobierno se ha propuesto hacer reformas importantes que, sin embargo, han adolecido de un déficit en alguno de los tres aspectos señalados. La creación de la Autoridad Nacional de Atención de Salud, o el nuevo proceso penal, o un nuevo sistema de transporte, son proyectos que requieren de una gerencia efectiva del cambio institucional. Al final, el éxito se basa no en lograr aprobar las reformas en la Asamblea Nacional, sino en obtener los resultados esperados por la sociedad. Y, ¿quién juzgará si los resultados se alcanzaron o no? Lo hará la gente.
Esperamos que las autoridades logren una conducción más equilibrada de los procesos de cambio porque de esto depende el bienestar y la prosperidad de la nación.