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Sobre el Concurso Miró


HACE UN par de años, cuando se dio a conocer la nueva Ley reglamentaria del Concurso Miró, le dedicamos al tema nuestra atención periodística, y ahora, una experiencia de dos años en dicho certamen, que en verdad no es muy extensa, nos recomienda este artículo. Recordamos que el premio de ese concurso fue incrementado por la última Ley a la cantidad de quince mil balboas y en edición cubierta por el Estado. Desde un comienzo, nosotros opinamos que la cuantía anterior de B/. 5,000.00 era reducida, pero que el premio triplicado nos parecía excesivo, pues ese concurso, en Panamá, estaría bien estimulado con un premio de diez mil balboas, dado el nivel cultural del país, que no se caracteriza por una excelencia de primer orden, para las obras seleccionadas.
Consideramos que hubo y hay actualmente cierto exceso en la cuantía fijada legalmente, y ese mismo nivel nos pareció susceptible de generar actuaciones ambiciosas, dolosas y poco recomendables.
Estimamos entonces que las nuevas bases, con que se reglamentara el Concurso, podían prevenir las malas artes de prestanombres ocultos, que harían posible la participación de escritores extranjeros, mediante interpósita persona, ya que la sustancia pecuniaria podría hacer factibles maquinaciones como la que destacamos.
Sin embargo, no hemos encontrado que exista en las bases el necesario valladar para que pueda evitarse o siquiera rechazar principalmente la acción de prestanombre.
Creemos que no es difícil redactar, como reglamentación, esas normas precautorias del caso y de otros procedimientos parecidos.
Los dos años de premio aumentado nos han permitido ser testigos de dos extremos que son contradictorios.
En uno de esos años, los jurados declararon desiertos tres de los cinco premios existentes cada año, seguramente porque a juicio de los Jurados, las obras que concursaron para esos tres renglones no eran lo suficientemente valiosas del merecimiento.
Y en el otro año, se dio una situación diametralmente opuesta, pues ninguno de los cinco concursos fue declarado desierto, todos fueron otorgados.
Hemos leído dos de las obras últimamente premiadas en los concursos aludidos, y nos parecen poco acreedores para la recepción de una cantidad como la sabida.
Todavía, aparentemente, no se ha dado el caso grave de prestanombres y del autor verdadero, cuando este no aparece y el primero resulta beneficiario de alguna parte de la cuantía métalica.
En los primeros años del Concurso Miro se exigía que el autor guardara sus originales, incluso con las correcciones manuscritas, lo que era prueba de su autoría, aunque bien pueden incluirse en el reglamento pruebas más exigentes, como la de un diálogo de los funcionarios organizadores del concurso o de los jurados, para con los finalistas, a fin de disipar cualquier duda que hubiere sobre la identidad real de quien escribió la obra, o de la interpósita compareciente.
En un diálogo de concursante, funcionarios y/o Jurados, bien podría aclararse cualquier situación dudosa.
Nosotros sólo hemos concursado una vez, en la competencia de ensayo histórico, y tuvimos la suerte de que el Jurado premio nuestra obra denominada "Panamá en la Guerra de los Mil Días", en cuya edición nosotros mismos intervenimos, porque la insuficiencia de las arcas estatales ya estaba postergando la publicación.
Sólo citamos el caso para que no se tenga la sospecha de que, como autor, estamos resentidos. Y no lo estamos, porque no hemos repetido la experiencia del albur de concurrencias que se dan hasta en los más cuantiosos concursos universales.
Nosotros no nos arrepentimos de ser exigentes con nosotros mismos.
La poesía, la novela, el cuento, la pieza teatral y el ensayo han elevado, en la Literatura Panameña, sus niveles de mérito creador, gracias al Concurso Miró.
No contribuyamos, por acción u omisión, a que se desvirtúe este progreso intelectual, que tanto necesitamos mantener y hasta elevar lo más posible.

101 años de Panamá América

 
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