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Sobre el crimen organizado


Del ensayo: “América Latina ante la pax mafiosa: Entre la confusión y la indiferencia”, escrito por Juan Gabriel Tokatlian, profesor de Relaciones Internacionales, Universidad de San Andrés, Argentina, hemos llegado a las siguientes conclusiones: Existe una multiplicidad de términos para definir a la criminalidad organizada. Hay concepciones disciplinarias sobre el tema. Son diversas las aproximaciones a su naturaleza. También resultan variados los enfoques para hacerle frente. No obstante esta pluralidad, hoy prevalece un relativo consenso entre estudiosos y expertos sobre ciertas características básicas del crimen organizado.

Se pudiera decir que en la actualidad el crimen organizado alcanza una dimensión integral, opera en un contexto que es funcional a su crecimiento, tiene como objeto prioritario proyectar su dominación, actúa con medios preferentes pero no exclusivamente violentos, se apoya en códigos pragmáticos y es portador de una orientación esencialmente reaccionaria. Estos componentes están todos presentes en el caso del crimen organizado que se despliega en Latinoamérica.

Dos notas principales identifican la evolución y el ejercicio del poder del crimen organizado. Por una parte, éste evoluciona en tres estadios. Tiene una fase “predatoria” inicial que se distingue por la afirmación territorial de grupos criminales que garantizan su poderío por medio de la violencia, y con ello logran defender su empresa ilícita, eliminar rivales, ganar influencia local y asegurar el monopolio privado de la fuerza. Tiene una fase “parasitaria” posterior que implica una sustancial influencia política y económica, combinada con una evidente aptitud corrupta. Y tiene un último nivel “simbiótico” cuando para lograr su afianzamiento el sistema político y económico se vuelve tan dependiente del “parásito” --esto es, del crimen organizado-- como este de la estructura establecida.

Por otra parte, la modalidad de poder que practica es un asunto precariamente investigado por especialistas y funcionarios. El “poder disgregativo” usado por el crimen organizado se manifiesta en una capacidad relativamente difusa pero efectiva de erosionar y derrumbar las instituciones sociales, políticas y económicas establecidas, mediante acciones desafiantes y violentas que ponen en evidencia las deficiencias e injusticias del Estado de derecho. En muchas regiones y localizaciones de Latinoamérica, en el ámbito rural y el urbano, en zonas ricas y marginales, resulta cada vez más evidente que avanza la fase simbiótica del crimen organizado utilizando su poder disgregativo.

El enorme poder alcanzado por el crimen organizado en Colombia, México, Brasil, Centroamérica, el Caribe insular, y últimamente en Panamá; el poderío desplegado por pandillas de narcotraficantes y el relativamente fácil lavado de activos en el área muestran que toda Latinoamérica está seriamente aquejada por el auge de la criminalidad organizada. En Panamá, pareciera haber disposición de actuar con “mano fuerte” frente al crimen organizado: lo reiteran el ministro de Gobierno y el Director de la Policía Nacional.

101 años de Panamá América

 
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